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No es un problema de recaudación, es de gasto

17 de Octubre de 2018
  • Bernardo Aguilera Sánchez-Garrido

"Incrementar la recaudación aumentando los impuestos sobre las empresas es un error que afectaría a la competitividad de la economía".

Bernardo Aguilera Sánchez-Garrido

Bernardo Aguilera Sánchez-Garrido, director de Asuntos Económicos y Europeos de CEOE
Impuesto a las tecnológicas; impuesto sobre transacciones financieras; gravamen específico sobre beneficios de las entidades financieras; impuesto al gasóleo; incremento del Impuesto sobre Sociedades; tributación sobre beneficios obtenidos en el extranjero; etc. son las medidas fiscales que el Gobierno ha ido lanzando a la opinión pública desde la moción de censura.

Unas y otras, lo que pretenden y en resumen, es aumentar, principalmente, la recaudación incrementando los impuestos a las empresas y así aumentar el gasto, en lugar de controlarlo.

Y ello porque según los informes publicados por el Ministerio de Hacienda, en España no existe un problema de recaudación tributaria. La recaudación de 2017 se ha situado prácticamente en los mismos niveles de 2007, máximo de la serie histórica, y la prevista para 2018 la supera.

Lo que sí existe es un problema de gasto y de gestión de las cuentas públicas que se pretende sufragar subiendo la fiscalidad, en un momento en el que lo que se precisa es consolidación y recuperación de empresas e inversión. No globos sonda para crear incertidumbre e inseguridad. El motivo de la lenta recuperación de la recaudación por el Impuesto sobre Sociedades es consecuencia del desplome de beneficios empresariales durante la crisis.

Del total de empresas activas en 2014, un 63,09% presentaban bases imponibles negativas y tan solo un 36,91% bases imponibles positivas. Para recuperar la recaudación no basta con que las empresas entren en beneficios, es necesario que absorban las pérdidas que han acumulado durante la crisis. En cuanto al tipo impositivo efectivo que pagan las empresas, no podemos compartir la cifra lanzada por la ministra de Hacienda del 12%.

Según el último informe anual de recaudación tributaria (datos del año 2016), el tipo efectivo de gravamen total (pequeñas y grandes empresas) era de un 22,5% sobre base imponible. Para las empresas de grupos consolidados, el tipo efectivo fue de 19,8% sobre base imponible y para las empresas individuales fue de un 24,2%, también sobre base imponible.

Además, si hacemos comparativa con países de nuestro entorno, en España (2016) las empresas soportaron una carga tributaria con un tipo real del 46,9% sobre beneficios, frente a una media de la Unión Europea del 40,9%. De este 46,9%, la mayor carga fiscal (35,6%) deriva de las cotizaciones sociales, pero no se pueden ignorar los efectos de otros tributos tanto en el ámbito estatal, como en el autonómico o local. Enfocar la tributación empresarial exclusivamente en el análisis del Impuesto sobre Sociedades no es coherente con la realidad de la tributación empresarial.
 
"Incrementar la recaudación aumentando los impuestos sobre las empresas es un error que afectaría a la competitividad de la economía"

Abundando, muchas de nuestras empresas no solo tributan por sus beneficios en España, sino también en el resto de países donde tienen presencia. Si realizamos la comparativa entre los beneficios mundiales antes de impuestos y el total de impuestos pagados sobre dichos beneficios, tanto en España como en el extranjero, podemos comprobar que el tipo real pagado por las empresas del IBEX está por encima del 20% y existen casos en los que el tipo excede del 30%.

Cualquier medida que limite o dificulte la exención de beneficios cuando éstos hayan tributado en el extranjero incidirá directamente en la internacionalización de nuestras empresas y llevará a supuestos de doble imposición.

Por lo tanto, la presión fiscal empresarial española supera la media europea. Incrementar la recaudación aumentando los impuestos sobre las empresas es un error que afectaría a la competitividad de nuestra economía en un mundo cada vez más globalizado y supondría una pérdida de recaudación a medio y largo plazo.
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