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La desaceleración que llegó con el verano

17 de Octubre de 2018
  • Concepción Sanz

"Los indicadores dan muestras de una moderaciónen varios ámbitos, pese a que el crecimiento sigue superando la media de la Eurozona"

Concepción Sanz

Concepción Sanz, economista del Servicio de Estudios del Banco Santander
Nos fuimos de vacaciones con la impresión de que la economía española estaba resistiendo mejor que la Eurozona ante el aumento de las incertidumbres en el entorno exterior. Y así era a la vista de que el crecimiento del PIB en el primer semestre se mantenía cercano al 3% interanual, similar al que se registró a finales de 2017, mientras que en Alemania y Francia el PIB se ralentizó hasta tasas inferiores al 2% (2T18) desde ritmos del 2,8% (4T17).

En el último mes, sin embargo, los indicadores publicados dan muestras de una moderación más acusada en varios ámbitos de la economía española, pese a que su crecimiento sigue superando la media de la Eurozona.

El turismo es el sector donde más se ha notado el cambio de tendencia, algo perceptible desde la primavera pero que ha sido más evidente en los últimos meses, sobre todo con la caída en las entradas de visitantes extranjeros en agosto.

Aunque en este caso confluyen factores específicos, como son la mayor estabilidad de destinos turísticos competidores en el Mediterráneo o la dificultad que por sí sola entrañaba el mantener las cifras récord del pasado año, tenemos un elemento adicional de preocupación debido a las incertidumbres que derivan del Brexit.
 
"Los indicadores dan muestras de una moderaciónen varios ámbitos, pese a que el crecimiento sigue superando la media de la Eurozona"

También la actividad industrial se desacelera en el tercer trimestre. La producción industrial moderó sus tasas de crecimiento en julio (0,5% interanual tras 1,1% de media mensual en el 2T18), una tendencia que posiblemente se mantenga, ya que es compartida por los principales países del área euro y por indicadores cualitativos de la encuesta industrial en agosto, en la que se observó un retroceso en las carteras de pedidos y el aumento de los stocks.

Tanto uno como otro apuntan hacia una pérdida de impulso de las ventas al exterior, que pone de manifiesto que el sector exterior está frenando su capacidad de impulso a la economía. Además, en el mercado laboral la afiliación a la Seguridad Social se debilitó en julio y se contrajo en agosto (corregida de estacionalidad), unos datos que contrastan con la fortaleza de la afiliación hasta el segundo trimestre.

Aunque la volatilidad de este indicador en los meses de verano invita a ser prudente respecto a la intensidad de la desaceleración (al menos antes de tener cifras de septiembre), estos datos dejan pocas dudas respecto su dirección, que muestra un menor dinamismo en la economía.

La confianza se mantiene en niveles elevados, si bien los índices han tendido a bajar en comparación con los registros de la primera mitad de año, probablemente afectados por una mezcla de incertidumbre en torno al comercio internacional unido en el ámbito nacional, noticias contrapuestas en materia fiscal que dificultan valorar el impacto final que podría tener en la economía.

Con todo, la demanda interna mantiene elementos de solidez. Estos son especialmente visibles en la construcción residencial, pues la buena marcha en los visados de dirección de obra, en las ventas de viviendas y en la concesión de hipotecas son evidencia de que confluye una recuperación de la demanda y de la oferta.

Todo ello en un contexto en el que las condiciones de acceso al crédito favorables, el aumento del empleo y la mejora en las perspectivas salariales apoyan una expansión de la inversión en vivienda. La construcción no residencial también se ha reactivado en los últimos trimestres, y además el ciclo electoral favorece que tenga un comportamiento expansivo en los próximos meses.

La inversión en bienes de equipo, que fue especialmente dinámica en el segundo trimestre, continúa bien soportada por la facilidad de acceso a la financiación y una saneada situación financiera de las empresas (generan autofinanciación y han reducido su deuda).

El consumo de las familias puede ser foco de algunas dudas, debido a que su comportamiento expansivo en estos años ha ido acompañado de un descenso en la tasa de ahorro, lo cual supondría una vulnerabilidad si se produjera un brusco cambio en la confianza de los consumidores.

Pero no es ese nuestro escenario. Al contrario, a corto plazo nuestras perspectivas son positivas, pues la creación de empleo, la mejora previsible en la renta de las familias (por la subida de las pensiones y en los salarios) y la disponibilidad de crédito seguirán impulsando el consumo privado, aun a costa de mayores descensos en la tasa de ahorro.

En resumen, la economía española está moderando su ritmo de crecimiento desde el entorno del 3% hacia el 2,5% en la parte final de este año, tasas que en todo caso seguirán superando con claridad la media de la Eurozona (que se dirige hacia el 2%).

Esta desaceleración es resultado de una pérdida de impulso del sector exterior y cierta moderación en el consumo de las familias, posiblemente ligado a un factor puntual como ha sido la subida del precio del petróleo.

Con todo, la demanda interna mantiene un impulso destacado y la política monetaria seguirá siendo relajada, lo que permitirá a la economía seguir en fase expansiva y dirigiéndose hacia su nivel potencial en los próximos trimestres.
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