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Eduardo de Lecea, director general de SIGAUS

“Ha llegado a su fin el modelo económico de usar y tirar”

17 de Octubre de 2018
Eduardo de Lecea, director general de SIGAUS

Eduardo de Lecea, director general de SIGAUS

David Mudarra
SIGAUS lleva más de una década siendo una empresa referente en la gestión del aceite industrial en España, bajo el paraguas de la economía circular, un término que ahora comienza a ser tendencia en el mundo empresarial. Eduardo de Lecea, su director general, lleva gestionando el día a día de la compañía desde septiembre de 2006. Estudió Derecho en la Universidad de Navarra y cuenta con un MBA de la Madrid Business School y de la Universidad de Houston.
Su empresa lleva once años trabajando bajo el modelo de la economía circular, ¿qué consejo le daría a una compañía que quiera adaptarse a este nuevo modelo económico? Esta manera de trabajar, ¿favorece la productividad empresarial?
Creo que, sin duda, ha llegado la hora de la economía circular. Así lo demuestran las cada vez más numerosas iniciativas y legislaciones de impulso a este nuevo paradigma, tanto a escala europea como nacional, y a las que, inexcusablemente, las empresas deberán adaptarse.

Y no se trata de verlo como una obligación, sino más bien como una verdadera oportunidad. La economía circular nos va a obligar a replantearnos el posicionamiento de nuestros productos en el mercado, y nos va a exigir que seamos innovadores, explorando nuevas oportunidades de negocio. Pensemos, por ejemplo, en todas las plataformas que están surgiendo para compartir productos o servicios, como el car sharing, o en nuevas formas de valorizar residuos que suponen modelos de negocio que antes simplemente ni se planteaban.

Nuevas formas de pensar que, por supuesto, deben favorecer la productividad. Pero no solo eso, sino que responden a nuevos patrones de consumo que están surgiendo, y que premian a las compañías, las marcas y los servicios más sostenibles.

En el terreno medioambiental, los aceites industriales usados pueden ser un problema: de hecho, en España se generan cada año 200 millones de litros. ¿Qué medidas propone su empresa para gestionar esos residuos?
El mecanismo más eficiente y seguro para gestionar este residuo es la aplicación del principio de responsabilidad ampliada del productor (RAP), que viene a ser la materialización legal de quien contamina, paga. En nuestro caso, las empresas que venden o importan lubricantes, que deben hacerse responsables de los residuos generados por dichos lubricantes, al final de su vida útil.

En España, esa responsabilidad se ha delegado en un sistema colectivo, como es SIGAUS, que ha demostrado ser eficaz en el control de este residuo, y que además aporta seguridad jurídica y económica. En nuestros once años de andadura hemos invertido 200 millones de euros en la protección del medio ambiente y gestionado más de 1,5 millones de toneladas de aceites industriales usados, valorizando el 100% de ellos.

También tenemos una función importante en la concienciación y sensibilización social, a través de una intensa actividad en este sentido, además de trabajar en materia de prevención, impulsando la innovación ligada a la sostenibilidad en el ámbito de los lubricantes, lo que se traduce en casi 4.500 medidas implementadas en ocho años a través de nuestros planes empresariales, el último de ellos, recién estrenado este año y que prevé actuaciones hasta 2021.
 
“El sector privado es el gran artífice del desarrollo en España”

¿Cuál ha sido el progreso de la gestión de residuos-aceites durante la última década?
Desde nuestro nacimiento, en 2007, nos hemos consolidado como un mecanismo eficaz para la gestión del aceite usado, mejorando nuestros procesos y cumpliendo año tras año los objetivos ecológicos establecidos. Pero, más allá de eso, no cabe duda de que vivimos en la sociedad de la información. Y diría más, en la era del big data, en la que el análisis de los datos es una pieza clave de la visión de negocio. Ésta ha sido una nuestras líneas de evolución fundamentales.

Hoy contamos con una cantidad y calidad de información sin precedentes en cuanto a la generación y gestión del aceite usado en España. Recogemos el 100% del residuo, monitorizamos anualmente más de 170.000 operaciones de gestión, y tenemos geolocalizados 70.000 puntos en los que se produce el residuo.

Otra de las áreas que mayor evolución han experimentado estos años ha sido la comunicación y la divulgación ambiental. Destinamos cerca del 5% de nuestro presupuesto a dar a conocer la importancia de gestionar el aceite usado, lo que no solo mejora los procesos de gestión como tal, sino también la concienciación de muchos sectores respecto a sus obligaciones en esta materia, como empresas de distribución comercial, importadores, sector del transporte, plataformas de comercio electrónico, etc., que también generan este residuo.

Para que todas las compañías españolas lo tengan claro, ¿qué se puede hacer con el aceite usado de nuestras industrias?
Aunque el aceite industrial usado es un residuo de los más contaminantes que existen, si se recoge y se trata correctamente es aprovechable prácticamente al 100%, ya que es un hidrocarburo.

Gracias a la regeneración es posible obtener una base lubricante de calidad similar a la que se pudiera obtener del primer refino del petróleo, devolviendo el residuo a la formulación de un nuevo aceite lubricante. Se trata de un proceso físico-químico complejo, que se aplica a más de dos tercios del aceite industrial usado recuperado en nuestro país.

La otra alternativa permite utilizar el aceite usado descontaminado como combustible industrial, aprovechando su alto poder calorífico en centrales de cogeneración eléctrica, en cementeras o en otros hornos industriales.

Lo fundamental es que en todos estos casos convertimos el residuo en recurso, y evitamos la utilización de materias primas no renovables, como el petróleo. Por ponerte un ejemplo gráfico: solo en 2017 fue posible devolver al mercado unas 62.500 toneladas de lubricantes. Por su parte, la energía generada del aceite usado utilizado como combustible fue de 407 GWh, equivalente a la utilizada por todos los trenes del Metro de Madrid durante más de un año.

¿Ha llegado a su fin el modelo económico de usar y tirar?
Rotundamente, sí. Con los actuales ritmos de consumo y la previsión de población mundial, que será de unos 9.700 millones de personas en 2050, según datos de la Agencia para Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, harían falta tres planetas y medio para proporcionarnos los recursos naturales necesarios.

Por eso tenemos que apostar por otro modelo de crecimiento, compatible con el uso eficiente de los recursos naturales, que son finitos. Y para eso es necesaria una mirada global e integral del ciclo de vida de los productos, que empieza por su concepción y diseño. No se trata solo de recoger el residuo y aprovecharlo, sino de comenzar mucho antes y partir de cómo se va a diseñar y a fabricar, para mejorar su gestión posteriormente, cuando se convierta en residuo.

Eduardo de Lecea, director general de SIGAUS

¿Es la fiscalidad una carga o un impulso para adaptar la economía circular a las empresas?
Si pensamos en la fiscalidad en su doble vertiente, impositiva y de bonificación, es evidente que una buena fiscalidad ambiental es un instrumento importante para la adaptación de las empresas a la economía circular. En primer lugar, porque permite impulsar iniciativas empresariales concretas, en materia, por ejemplo, de prevención de residuos, como el empleo de materiales precedentes del reciclado.

Pero, además, esta fiscalidad impulsa un cambio cultural y de sensibilidad social acerca de la importancia de estas prácticas más sostenibles. En otro sentido, la fiscalidad también puede penalizar comportamientos que no sean respetuosos con el medio ambiente, con tasas sobre el depósito en vertedero o penalizaciones del sobre-embalaje, etc.

¿Qué sectores de la economía están más adaptados a esta nueva transición y a cuáles todavía les falta camino?
Sin lugar a dudas, el sector que actualmente está más adaptado en España a la transición a la economía circular es el de los sistemas de responsabilidad ampliada del productor de los diferentes tipos de residuos. Somos instrumentos que llevamos funcionando en España con un éxito notable más de veinte años, y que hemos demostrado ser los más eficientes para garantizar la reintroducción en el círculo productivo de los materiales obtenidos a partir de la gestión de los residuos. 

Precisamente por ello, puede ser conveniente evaluar la aplicación de estos sistemas a productos y residuos que hasta ahora no tienen que cumplir estas exigencias. Desde el punto de vista de la situación en materia de transición energética, parece evidente que el sector al que más le queda por hacer en este sentido es el del transporte, todavía muy dependiente de los combustibles derivados del petróleo.

¿Utilizan los españoles los ecolubricantes?
El sector de los lubricantes siempre ha estado ligado a la innovación, y desde hace años las compañías del sector apuestan por líneas de investigación relacionadas con lubricantes más ecológicos, más eficientes y que generen menos residuo y emisiones. Y no son solo los avances tecnológicos en los motores y la maquinaria los que demandan productos más sofisticados, sino también los consumidores que buscan productos de mayor calidad y menor impacto en el entorno.

Actualmente, contamos en el mercado con lubricantes con bajo contenido en cenizas, fósforo y azufre, lo que se conoce como low saps, o más duraderos para contribuir al ahorro de combustible (productos energy conserving de bajas viscosidades).

¿Cree que en España los empresarios presentan una imagen negativa?
El sector privado es el gran artífice del desarrollo en España, en las últimas décadas, especialmente las pequeñas y medianas empresas, que suponen el 99% del tejido productivo y aportan dos tercios del PIB español, empujando a la economía, el empleo y el bienestar. Un perfil de compañías que cada vez da más muestras de estar implicado en los cambios sociales, económicos y ambientales que la sociedad exige, y que están relacionados con la transparencia, la sostenibilidad y la responsabilidad social.

Por ello creo que la imagen de los emprendedores y empresarios ha cambiado mucho en los últimos años. Es muy positiva, y ha conseguido alejarse –por méritos propios– de los tópicos de antes. Y ello a pesar de que siempre hay grupos empeñados en denostar la función de empresas y empresarios.

Su empresa lleva a cabo una serie de campañas de RSC, colaborando con la Fundación Síndrome de Dravet y la Fundación Porque Viven. ¿Por qué es importante que las empresas se involucren en el día a día de la sociedad?
Las empresas somos agentes de cambio clave en este sentido. Creo que son los pequeños gestos los que hacen la diferencia, y que nuestro trabajo debe ir, en la medida de lo posible, más allá de la labor encomendada. En nuestro caso, la mera gestión del aceite usado. Por eso, apostamos por devolver a la sociedad parte del valor que recibimos, y por dirigir nuestros esfuerzos a la sensibilización y divulgación ambiental. Esto último lo hacemos a través de la plantación de nuestros Bosques SIGAUS, que desde 2012 han aportado un total de 7.000 árboles plantados en la Comunidad de Madrid.

Este año hemos iniciado, además, una línea de compromiso social, con el apoyo a dos fundaciones españolas que realizan un trabajo encomiable: Síndrome de Dravet y Porque Viven, que prestan apoyo a uno de los colectivos más vulnerables, el infantil. Las empresas son cada vez más conscientes de que beneficiar a la sociedad en la que operan es una inversión con un impacto positivo, y que repercute claramente en su balance de resultados, que no son solo económicos, sino también intangibles, y en su sostenibilidad y creación de valor a largo plazo.
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