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"La sociedad ve a la Universidad como una organización inmovilista"

09 de Mayo de 2019
Cuando se creó el LIEU (Laboratorio de Innovación Educativa Universitaria de la Universidad San Pablo-CEU), el objetivo era disponer de un foro en el que reflexionar, de la manera más amplia posible, sobre el futuro de la Universidad, y extraer de esta reflexión aquellas iniciativas sobre las que se pudiera experimentar, con bajo riesgo, en entornos universitarios reales, de ahí la denominación de "Laboratorio".

Inspiraba la creación de este Laboratorio el deseo de preservar lo mucho que de valor posee la Universidad tradicional frente a innovaciones potencialmente disruptivas que llegaban al ámbito universitario por la vía de las nuevas tecnologías. Una de las primeras conclusiones del LIEU establecía que la sostenibilidad futura del modelo universitario tradicional sólo sería posible mediante la introducción progresiva y sistemática de cambios.

Vivimos un momento de gran desconfianza pública de la Universidad, y no sólo por los casos de corrupción más recientes. La sociedad ve a la Universidad como una organización inmovilista, alejada de las fuerzas generadoras de riqueza de la sociedad, concentrada en sí misma y sus dinámicas.

Sin embargo, no se puede negar que la Universidad ha tratado de aproximarse al mundo empresarial en los últimos años. Los alumnos universitarios cada vez realizan más prácticas en empresas antes de graduarse (en la Universidad San Pablo-CEU este tipo de prácticas son condición necesaria para la graduación del estudiante), y tienen una ya larga trayectoria los acuerdos Universidad-Empresa en materia de investigación y desarrollo.

Lamentablemente, progresar más allá de estos ámbitos, por ejemplo en la gestión, o en la implicación de la Universidad en la docencia, resulta complicado. Enseguida surge el rechazo a lo que se interpreta como un intento de "mercantilizar" la Universidad, o de "industrializar" los "procesos productivos" universitarios.

Es innegable que, vista como una organización, la Universidad es un sistema de gran complejidad. Esta complejidad emana, precisamente, de las peculiaridades propias de instituciones que, por lo general, son sin ánimo de lucro (non-profit), y en las que la calidad en el cumplimiento de la misión es, por su carácter subjetivo, difícil de evaluar (en este sentido, es significativa la existencia de "rankings" externos que tratan de proporcionar medidas indirectas de la calidad relativa de las universidades).

Pero el hecho de que no sea sencillo usar con sentido pleno, en el ámbito universitario, la terminología "cliente-producto-beneficio" no quiere decir que no sea posible intentar fijar una "propuesta de valor" para la Universidad.

Si tuviéramos que hacer una "propuesta de valor" de la Universidad, diríamos que la Universidad es la institución que proporciona a sus egresados:
  • Una empleabilidad sostenible, resistente a la complejidad e incertidumbres crecientes en el mundo laboral.
  • Una buena "calidad de vida", basada en la capacidad de tomar buenas decisiones, de construir buenas relaciones personales, y de poder seleccionar y disfrutar de actividades personalmente enriquecedoras.
  • Un mecanismo de acreditación de todo lo anterior (a través de los títulos y certificaciones universitarias)

Resulta evidente que la Universidad no puede ser creíble con esta "propuesta de valor" si no interactúa de una manera ágil y colaborativa con el entorno empresarial. Creemos llegado el momento de vencer las reticencias mutuas a la colaboración, partiendo de que, cuanto más rica y realista sea la "propuesta de valor" de la Universidad, más se beneficiará de ello el egresado, el sector empresarial y, por extensión, España.

Como ejemplo de proyecto real de esta nueva disposición mutuamente colaborativa, valga el caso de los grados de Ingeniería Informática y de Ingeniería de Telecomunicación de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad San Pablo-CEU.

En estos grados se ha puesto en contacto a alumnos de los dos primeros cursos, en los que los alumnos se enfrentan todavía a las disciplinas más básicas, con directivos de distintas empresas del sector; éstos se reúnen con los alumnos en las aulas y dan testimonio real, de primera mano, del tipo de trabajo que realizan, de los retos a los que se enfrentan, y de cómo la forma en que afrontan los problemas descansa en la formación que han adquirido, en un proceso largo de aprendizaje que empezó de forma muy similar a como están empezándolo ahora los alumnos.

Somos conscientes de que quizás no todos los títulos universitarios se presten en idéntico grado a la colaboración, pero creemos que este es un ámbito claramente abierto a la innovación universitaria.
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