Buscador de la Hemeroteca
Secciones
Opinión

Los empresarios también votan

10 de Abril de 2019
Como empresario, me preocupa profundamente que nadie parece estar concentrado para combatir el déficit, el desempleo y, en especial, la deuda pública de España, de ahí que el rigor presupuestario sea uno de los pilares básicos del próximo Gobierno.

Como empresario, me preocupa profundamente que nadie parece estar concentrado para combatir el déficit, el desempleo y, en especial, la deuda pública de España, de ahí que el rigor presupuestario sea uno de los pilares básicos del próximo Gobierno.

Marcos Basante, presidente ASTIC.
A unos días del inicio de la campaña electoral y ante los tiempos convulsos que estamos viviendo tanto en la arena económica como política, no he podido resistir la tentación, como empresario -del sector del transporte en este caso- de señalar los retos que deberán afrontar, en mi opinión, los nuevos gobernantes que salgan del cuádruple proceso electoral (general, autonómico, municipal y europeo) para el crecimiento económico y la creación de riqueza, cuyos verdaderos impulsores son los empresarios.

Como empresario, me preocupa profundamente que nadie parece estar concentrado para combatir el déficit, el desempleo y, en especial, la deuda pública de España, de ahí que el rigor presupuestario sea uno de los pilares básicos del próximo Gobierno.

Pero bajando a algo que tienen mucho más a mano nuestros contendientes electorales, lo primero, sin duda alguna, es poner freno a la creciente ola de inestabilidad regulatoria, que alanza su paroxismo en el actual rosario de Decretos-ley emprendido por el Ejecutivo: desde el “amago” de la contrarreforma laboral, que sigue pendiente de un hilo, a cambios en subsidios de desempleo, permisos de paternidad o supuesta “lucha contra la brecha salarial”.

Todo este cóctel legislativo constituye un freno al crecimiento económico del país, liderado en gran medida por las grandes y medianas empresas y completado por una pléyade de empresas pequeñas y microempresas que conforman el fragmentadísimo tejido empresarial español.

De esto, es muestra evidente el sector del transporte por carretera, uno de los más atomizados de Europa: tenemos el doble de empresas de transporte que Alemania con la mitad de población y casi dos tercios menos de PIB.

Sueño con escuchar a nuestros líderes políticos que es primordial sentar cimientos sólidos de estabilidad regulatoria e institucional; los ciudadanos, empresas e inversores confiaríamos aún más en el potencial de nuestro país si esa fuese una voluntad cierta de nuestros dirigentes.

Con una arena política compactada, el tejido empresarial sale realmente beneficiado y, por consiguiente, la sociedad, pues son las grandes y medianas compañías las verdaderas generadoras de empleo de calidad y redistribuidoras de riqueza vía cotizaciones e impuestos (¡y pedidos a sus proveedores!).

Como voz del empresariado del sector del transporte, estratégico para cualquier país, y en particular para España, cuya capacidad exportadora ha relanzado la economía tras la crisis, existe un fenómeno que me quita unas horas de sueño últimamente: la proliferación de plataformas de distribución digital que “coordinan” personal autónomo.

Estas “novedosas” estructuras de la llamada, creo que erróneamente, economía colaborativa, no invierten en empleados y recursos propios, sino que subcontratan los ajenos esquivando los costes fijos que ello conlleva.

Se está tratando así de favorecer un cambio de modelo en la relación laboral con los trabajadores, basado en la degradación de las condiciones de trabajo: salario, tipos de contrato, jornada laboral, cotizaciones, entre otras.

Por el contrario, al otro lado del espectro, estamos las grandes empresas de transporte por carretera, que exigimos a la Administración que regule mejor esta realidad, para competir en igualdad de condiciones, fomentando el dinamismo y el crecimiento empresarial en lugar de la atomización sectorial.

Es importante que nuestros políticos no se dejen cegar por el brillo de los que se visten de “disruptivos”, los que prometen crear un nuevo paradigma en el que los empresarios tradicionales –“sospechosos habituales”- ya no tendrán cabida y, por tanto, el mundo “será mucho mejor”.

A esos empresarios que pagan mes tras mes salarios y cotizaciones de sus plantillas, las promocionan y les ofrecen mejora profesional, seguridad en el empleo y formación, a esos no se les debe obligar a competir con los que tan sólo aportan las “lentejuelas” del “low cost” y la apariencia tecnológica pero que necesitan para su existencia de una base desestructurada y precarizada sobre la que gravitar.

Si se desea de veras impulsar el empresariado sólido -en lugar de dejarse llevar por las modas- y darle una oportunidad de continuar compitiendo y desarrollándose, es imprescindible plantear una rebaja en los costes de las cotizaciones sociales para las empresas españolas, pues somos las que pagan más a la Seguridad Social en la UE junto con Francia y, en concreto, a la cabeza están las cotizaciones para los conductores de vehículos pesados.

Combatir la morosidad en los pagos y moderar la presión fiscal, son sin duda dos elementos clave adicionales que impulsarían la voluntad de crear empresas y hacerlas crecer.

No me puedo olvidar de la ansiada “unidad de mercado”. Es un clamor en el empresariado con el que suelo hablar, dentro y fuera de mi sector y, desde luego, en cualquier rincón de España, que la fragmentación del mercado por territorios es absolutamente contraproducente y favorece la creación de microempresas; la evolución de las últimas décadas desalienta al más pintado a la hora de atender la maraña de requisitos y trabas burocráticas.

El próximo Ejecutivo elegido democráticamente en los comicios, los parlamentos nacionales y autonómicos, los ayuntamientos y también nuestros representantes en la Unión Europea,  deben potenciar aún más la unidad de mercado tanto interior español como con el resto de miembros de la UE, para garantizar que tanto los ciudadanos como las empresas operen en igualdad de requerimientos, sea cual sea el lugar donde establezcan su actividad y combatir, allá donde se hallen, las barreras al crecimiento empresarial.

Es hora de apostar porque las compañías puedan llevar a cabo, de forma cada vez más eficiente, su faceta de generadores de empleo y redistribución de riqueza mientras compiten lealmente entre ellas.
elempresario.com Twitter

Opiniones sobre @elempresariocom

Envía tu mensaje
Comenta el contenido

©2016 Confederación Española de Organizaciones Empresariales CEOE. Diego de León, 50 – 28006 Madrid – CIF: G-28496636 ceoe@ceoe.es