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Abducidos por el Brexit

18 de Marzo de 2019
En Lógica se dice que un razonamiento es abductivo cuando a partir de una premisa se llega a una hipótesis que se explica por la premisa, es decir cuando hacemos una conjetura.

En Lógica se dice que un razonamiento es abductivo cuando a partir de una premisa se llega a una hipótesis que se explica por la premisa, es decir cuando hacemos una conjetura.

Juan Carlos Barros, abogado, periodista, consultor europeo, y experto short list de la DG Trade de la Comisión Europea para las negociaciones y aplicación de tratados internacionales comerciales.
Estamos abducidos por el Brexit. Como en una película de ciencia-ficción cuando llega un ovni y gracias a su avanzada tecnología lanza un chorro de luz sobre un ser humano, quien así abducido asciende hasta la nave que se lo lleva no se sabe adonde. Ahora bien, estar abducido en Europa no es un estado excepcional es más es la norma, pues la abducción forma parte de su constitución.

En la Mitología griega Europa fue abducida por Zeus, disfrazado de toro blanco, cuando estaba paseando por la playa. En Fisiología se llama abducción al movimiento transversal de un miembro con respecto a un plano de simetría, o sea cuando te separas o te vas para un lado.

Y en Lógica se dice que un razonamiento es abductivo cuando a partir de una premisa se llega a una hipótesis que se explica por la premisa, es decir cuando hacemos una conjetura. Todo esto es aplicable al Brexit.

La abducción del Brexit, no obstante, presenta una innovación y es que el Reino Unido no es que se retire, jurídicamente hablando, de la organización sino que está siendo abducido por el artículo 50º del Tratado de la Unión, cuya primera fase nacional es abducida por la segunda fase europea.

Y como el abducido, una vez que ha comenzado la abducción, está bajo la competencia legal del abductor, no termina de ser consciente de la operación jurídico-muscular, digamos, a la que está siendo sometido.

Y para ilustrarlo nada como ver lo que pasó una vez en una nebulosa muy lejana en un futuro también muy lejano:

Una nave espacial terrestre fue al Planeta Perdido para saber qué le pasó a una expedición que  fue hacía veinte años y de la que no habían vuelto a saber nada. Allí se encontraron con el Dr. Próspero, quien les contó que una fuerza desconocida, no sabría decir si jurídica o no, vaporizó su nave y solo quedaron él y su hija Miranda, que se fueron a vivir a una casa con los últimos adelantos tecnológicos, los cuales decía él que eran cosa suya, aunque los rescatadores no terminaban de creérselo pues Próspero era doctor en Filología.

No obstante, él les mostró un aparato que decía que era un «educador plástico» que había duplicado su inteligencia y que le permitió fabricar todas aquellas maquinas inspiradas en la ciencia de los extraterrestres, los cuales desaparecieron por la total destrucción que causó en el planeta su propio avance científico.

La máquina del Dr. Próspero, en realidad, era un materializador de pensamientos y funcionaba de modo que tú te conectabas a la máquina, pensabas una cosa y se hacía realidad al instante. Pero, tenía un fallo pues sus constructores se olvidaron del ID o sea no del carnet de identidad sino del ello, de la parte desorganizada de la persona y ello fue su perdición, pues nunca hay que menospreciar la capacidad humana de meterse en líos.

La historia de Próspero aunque inventada tampoco era muy original, pues estaba inspirada en La Tempestad de Shakespeare, del cual él era un gran admirador y se había llevado a la expedición estelar sus obras completas.

Lo que de verdad pasó fue que la catástrofe interplanetaria fue producto de una conspiración planeada por el propio Próspero, para lo cual provocó una terrorífica tormenta estelar, o sea un caos tipo Brexit, utilizando al silfo Ariel que era el espíritu de la libre circulación de los factores de la producción, el cual había sido encerrado allí por  la bruja Sycorax, madre del monstruo Caliban.

La tempestad abdujo al Planeta Perdido a los rivales de los extraterrestres que naturalmente naufragaron, pues tras arribar a un territorio nuevo, aislados y desorientados como estaban, se creyeron que lo excepcional no era lo normal, o sea al revés de como era. Y como si en todo el Universo no hubiera más leyes que las que ellos tenían, no supieron entender el artículo 50º. Al final, una vez pasada la tormenta, Próspero les perdonó y con ellos firmó un acuerdo comercial porque, total, en ese juego de sombras él era el que jugaba mejor.
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