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Visión de los mercados

28 de Enero de 2019
  • Olivier de Berranger
Reino Unido

Un desaire. Un fracaso. Une bofetada parlamentaria. Con 432 votos contra 202, la cámara de los comunes británica ha rechazado el martes pasado el plan de salida de la Unión Europea propuesta por la primera ministra, Theresa May. S

Olivier de Berranger, director de Inversiones de La Financière de l’Echiquier
1) Un desaire. Un fracaso. Une bofetada parlamentaria. Con 432 votos contra 202, la cámara de los comunes británica ha rechazado el martes pasado el plan de salida de la Unión Europea propuesta por la primera ministra, Theresa May. Sin embargo, esta derrota - la peor sufrida por un gobierno británico desde hace un siglo -, no es una sorpresa.

Entre un sector duro del partido conservador para el que ciertas concesiones eran inaceptables y una oposición laborista que lucha por un Brexit lo más «suave» posible, el acuerdo propuesto no contentaba a casi nadie.
 
Desde la publicación oficial de los resultados de la votación, el líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn, se ha apresurado a presentar una moción de censura contra el gobierno establecido.

Theresa May, que ya salió victoriosa hace un mes de otra moción presentada por los contestatarios de su propio bando, una vez más, ha ganado - con escaso margen - la votación, y se ha visto así reforzada en su determinación de sacar adelante el Brexit reclamado por los británicos hace más de dos años.

Y ha presentado un «plan B» que será debatido durante una jornada antes de someterse a la votación de los diputados el 29 de enero. Pese a que todas las hipótesis siguen aún sobre la mesa, desde una salida sin acuerdo hasta la organización de un nuevo referéndum, la Sra. May ha prometido entablar un diálogo con los demás partidos para trazar las líneas generales de un plan que pueda satisfacer a la mayoría más amplia posible.

De este modo, y para conseguir el apoyo de al menos una parte de los diputados laboristas, la primera ministra podría sentirse inclinada a proponer en Bruselas una renegociación completa del acuerdo en favor de un modelo a la noruega. El reino unido conservaría así su acceso al mercado único europeo tras su salida de la unión, y estaría autorizada a negociar acuerdos autónomos con países terceros.

Sin embargo, este modelo implicaría unas concesiones nada despreciables, especialmente sobre inmigración y normativas comunitarias, en relación con la necesidad de aceptar las libertades de circulación que defiende la unión europea.

Obviamente, una solución de este tipo no propiciaría el apoyo del ala más «pro-Brexit» del partido conservador. En cambio, los laboristas podrían decidir en afirmativo, para evitar la falta de acuerdo. En todo caso, este tipo de acuerdo parece ser el único que hoy día es capaz de conseguir una mayoría en la cámara de los comunes.

A pesar de que el Reino Unido sigue teniendo que abandonar la unión europea el próximo 29 de marzo, la urgencia de la situación podría acelerar las cosas, dado que el riesgo de un Brexit “duro” no puede descartarse. Frente a esta eventualidad, la unión europea ha declarado estar dispuesta a aplazar la fecha de salida del Reino Unido: una iniciativa que los diplomáticos europeos sólo se plantearán, de todos modos, si Londres aporta garantías sólidas.

Unas garantías que podrían venir de una alianza entre Theresa May y los laboristas para proponer una solución a la noruega…

2) Las esperanzas de un acuerdo sobre el comercio chino-estadounidense han seguido alimentando la actualidad de los mercados. Sin embargo, entre rumores, tweets y declaraciones contradictorias, es difícil aclararse. Así pues, un artículo del Wall Street Journal explicaba el jueves que el secretario del tesoro, Steven Mnuchin, era favorable a un levantamiento - total o parcial - de los derechos aduaneros aplicados a las importaciones chinas.

Una información rápidamente rebatida por un portavoz del tesoro. Al final de la jornada del viernes, se habían referido comentarios según los cuales China habría propuesto, en los últimos encuentros en Pekín, un programa de seis años para aumentar las importaciones procedentes de Estados Unidos, con objeto de corregir el desequilibrio comercial entre ambos países.

Sin embargo, hay algo cierto: los próximos 30 y 31 de enero tendrán lugar, en Washington, nuevas conversaciones entre representantes chinos y estadounidenses.

3) Las cifras sobre el comercio chino publicadas a principios de la semana pasada han sido claramente decepcionantes. A lo largo de un año, las exportaciones han retrocedido un -4,4% y las importaciones un -7,6%.

A pesar de que en estos últimos años las autoridades chinas no han dejado de reiterar su voluntad de hacer que China pase de un modelo económico basado en el comercio exterior a un modelo más enfocado al consumo nacional, no por ello son menos preocupantes estas cifras, y reflejan especialmente los efectos del conflicto comercial con Estados Unidos.
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