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El Brexit, Chequers y Nixon

13 de Diciembre de 2018
Los 27 han firmado un acuerdo en el que han manifestado que el proceso de desconexión europea está en camino.

Los 27 han firmado un acuerdo en el que han manifestado que el proceso de desconexión europea está en camino.

Juan Carlos Barros, abogado, periodista, consultor europeo, y experto short list de la DG Trade de la Comisión Europea para las negociaciones y aplicación de tratados internacionales comerciales.
En 1952, Richard Nixon se presentaba como candidato a la vicepresidencia de EEUU por el Partido Republicano, cuando fue acusado públicamente de irregularidades en el uso de un fondo que constituyeron sus seguidores para compensarle por los gastos de la campaña electoral; algo que, sin embargo, entonces era legal. Más que nada las denuncias de la prensa venían porque Nixon decía que había que luchar contra la corrupción gubernamental y ese dinero luego se podía traducir en favores a pagar a quienes se lo daban.

El asunto se volvió tan polémico que amenazaba su puesto en el ticket con Eisenhower, así que en vista de como se estaba poniendo la situación, Nixon se fue a Los Angeles y pagó un espacio de televisión para dar un discurso de 30 minutos ofreciendo explicaciones y solicitando a la audiencia que dijera si debía seguir adelante o no en la carrera electoral.

O dicho de otra manera, convocó un plebiscito (del latín pleb scitum, preguntarle a la plebe) sin el intermedio de las urnas. El programa lo vieron u oyeron, porque también se dio por la radio, 60 millones de personas, lo que suponía la mayor audiencia de televisión que había habido nunca hasta entonces en EEUU.

El discurso, conocido posteriormente como “Checkers speech”, tenía una parte que le acabó dando su nombre al completo y por lo que es ahora recordado. Nixon dijo que un partidario suyo de Texas le había hecho un regalo muy especial y que se lo había mandado por correo y eso era algo, dijo Nixon, que no iba a devolver: se trataba de un cachorro de cocker spaniel a manchas blancas y negras al que sus hijas llamaron Checkers (o sea Damas).

El efecto fue como si hubiera caído un rayo, pues hubo miles de llamadas de teléfono y telegramas apoyándole para que continuara. Y Nixon continuó, ganaron las elecciones y él acabó de vicepresidente.

El Gobierno británico convocó un referéndum, que no deja de ser un plebiscito mas formal aunque también con su campaña y sus polémicas en los medios de comunicación, para preguntar a los votantes si debían retirarse de la Unión Europea. Nixon también utilizó los medios de comunicación y también acabó preguntando a los telespectadores que opinasen si debía retirarse. Es decir, que en ambos casos, prescindiendo de terminología y circunstancias especificas, está claro que hablamos de lo mismo.

Ahora, después de más de dos años del referéndum para el Brexit, viendo solo las desventajas que tiene salir y la amenaza de una supuesta catástrofe económica y como si eso fuera algo que no se le hubiera ocurrido nunca antes a nadie, hay quien opina ahora que se haga otro referéndum para ratificación de la salida o para volverse atrás de la decisión tomada de retirada. Con lo cual, si echamos bien las cuentas, nos quedaríamos en empate a referendums, o en tablas como en una partida de damas (chequers).

Al día siguiente de la reunión del Gobierno en Chequers (la casa de campo a disposición del primer ministro del Reino Unido), David Davis, Secretario de Estado para la salida de la Unión Europea, presentó su renuncia en una carta dirigida a Theresa May, que también salió en la prensa, donde recordaba sus desacuerdos, aceptaba la responsabilidad colectiva, los compromisos y todo lo demás, pero dejaba al cargo.

Para Davis el motivo fundamental era que tal y como estaban las cosas planteadas, si el Brexit seguía adelante desaparecería el papel efectivo del Parlamento en la elaboración de las leyes en el Reino Unido. El cual (el Parlamento) ha vuelto ahora a poner las cosas en su sitio al considerar que el gobierno ha incurrido en desacato por no informarle adecuadamente.

El 17 de Junio de 1972 en el edificio “Watergate” el vigilante (que luego hizo de vigilante en “All the President´s men”, representándose a sí mismo), al hacer la ronda nocturna, se extrañó que a aquellas horas estuviera la puerta de la calle abierta y la cerró. Al cabo de un rato volvió a pasar y se encontró otra vez la puerta abierta, de modo que pensó “blanco y en botella… aquí hay alguien” y llamó a la policía. Lo que pasó después es conocido.

Cuando uno sale de un sitio, lo correcto, y lo más aconsejable, es cerrar la puerta y sobre todo no dejarse nada dentro. Si el que sale vuelve, además, a su casa, a la soberanía legal y al estado de derecho, debe volver a ser lo que era al completo no a medias. Otra cosa es lo que pase después, las relaciones futuras, pero la compuerta debe quedar cerrada para que no entre más el agua, aquello acabe en inundación y luego haya que salir, pero a nado.
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