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¿Brexit duro o blando?

11 de Diciembre de 2018
Los 27 han firmado un acuerdo en el que han manifestado que el proceso de desconexión europea está en camino.

Tanto dentro del Reino Unido como en la nueva UE-27, predomina la opinión de que será precisamente la economía y la población británicas las que lleven la peor parte.

Marcos Basante, presidente de ASTIC (Asociación de Transporte Internacional por Carretera)
A un trimestre del divorcio, aún se desconoce mucho del escenario post-Brexit. Del escenario, del guion y hasta de los actores protagonistas. Aun así, parece que, tanto dentro del Reino Unido como en la nueva UE-27, predomina la opinión de que será precisamente la economía y la población británicas las que lleven la peor parte tras esta próxima separación que, sin duda, será mala para todos, también para el resto de los miembros.

Uno de los sectores en los que se prevé una significativa repercusión es el transporte internacional por carretera, vertebrador de las exportaciones de la economía nacional. Hay que recordar que Reino Unido fue en 2015 el cuarto socio comercial a nivel mundial de España por detrás de Francia, Alemania e Italia, y que representa para nuestro país cerca de un 12% del valor de nuestras exportaciones y un 10% de nuestras importaciones hacia y desde la Unión Europea, contando así por un 8% de las toneladas.km que se producen por carretera para hacer efectivo dicho comercio entre España y Gran Bretaña.

Estamos asistiendo a unas desconcertantes idas y venidas, de Brexit duro y Brexit blando, de acuerdo y desacuerdo, de si el Reino Unido puede dar marcha atrás y revocar unilateralmente el Brexit... Increíblemente, a día de hoy persiste, sobre algunos aspectos del acuerdo de separación firmado por May y Bernier, un secretismo legal con el que la “Premier” y su gabinete, respaldado por el fiscal general, Geoffrey Cox, han blindado todos los informes de negociación, en vísperas del decisivo debate en la Cámara de los Comunes.

También hay apuestas sobre un segundo referéndum, como así lo viene demandando la organización People’s Vote que ha cosechado alrededor de un millón de firmas entre los ciudadanos británicos. A falta de una “bola de cristal”, debemos atenernos a las señales indirectas. Ya conocemos es que el Reino Unido, de momento, ha reforzado vías de transporte, como la marítima con los ferrys, ante un posible escenario de Brexit sin acuerdo el próximo marzo, tras conocer que la transitada ruta del Eurotúnel entre Dover y Calais, principal puerta británica hacia y desde el continente, utilizada por los casi dos millones de camiones al año, podría colapsarse por una posible aduana impuesta en la frontera.

Hay que resaltar aquí que para la compañía que explota el Eurotunnel la mitad de sus ingresos provienen del tránsito de vehículos pesados que hacen efectivo el paso de casi veinte millones de toneladas de mercancías al año por esa conexión. Esto es una clara indicación de lo importante que es el transporte de bienes y servicios por carretera en la vida diaria de los ciudadanos y en la economía del país en su conjunto. Ponerle trabas a la carretera es tirar piedras sobre el propio crecimiento económico.

Dichos vehículos pesados representan un 17% de todo el comercio del Reino Unido (unos 150.000 millones de euros al año), y si se les obstaculiza el paso, algún elemento vital como es el suministro de alimentos perecederos tales como frutas y verduras, no llegaría a sus supermercados, o, de otro lado, la ausencia de componentes en automoción y en otros sectores industriales frenaría las cadenas de producción de grandes corporaciones y daría pie a posibles decisiones de deslocalización.

Los que representamos al transporte internacional por carretera venimos alertando desde hace tiempo que construir más trabas burocráticas ahogará a este sector que ya de por sí se ve aplastado por innumerables cargas regulatorias, fiscales y sociales a pesar de ser uno de los principales motores de la competitividad europea y de ser considerado estratégico en la mayoría de los discursos de los gobernantes.

Otra cosa es en sus hechos a la hora de tomar decisiones. Un Brexit duro sería el síntoma más visible de la brecha que se está cocinando dentro de la Unión Europea, pero también dejaría en evidencia que, sin un eficaz y eficiente sistema de transporte por carretera, es muy difícil asegurar el crecimiento y la prosperidad de las sociedades modernas.

Esta situación, como otras que tienen que ver, de este lado del Canal de la Mancha, con un exceso de “componendas” legislativas enfocadas sobre el transporte por carretera (basta recordar el tortuoso desarrollo del llamado Mobility Package que está a punto de “gripar”) añade inseguridad jurídica, confusión y desconfianza, el peor escenario posible para el crecimiento empresarial y para la competitividad de la economía europea.
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