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La evolución de las solicitudes de asilo

03 de Diciembre de 2018
  • María Miyar
María Miyar, profesora en el Departamento de Sociología II (Estructura Social) de la UNED y colaboradora de Funcas.
Procesos sociales tan diversos como la llegada de refugiados, la inmigración económica, la entrada irregular de inmigrantes y la amenaza del terrorismo yihadista se amontonan en el imaginario colectivo construyendo una descripción general de la inmigración por parte de los ciudadanos comunitarios como uno de los principales problemas actuales de la Unión Europea.

Según los datos del Eurobarómetro de primavera de 2018, la inmigración es el problema al que se enfrenta la Unión Europea más citado (por el 38% de la población). Esta cifra, aunque se ha rebajado notablemente desde el 58% que alcanzó en 2015, se ha mantenido estable desde que detuvo su disminución en la primavera de 2017.

De la comparación de estos datos con la percepción de los ciudadanos europeos sobre los principales problemas nacionales, se deduce que el nivel en el que sitúan la responsabilidad en materia migratoria es el europeo. Efectivamente, el porcentaje de alusiones a la inmigración se reduce al 21% cuando las preguntas se refieren al ámbito nacional, de modo que la inmigración se relega al tercer problema más señalado para el conjunto de los ciudadanos comunitarios.

Este patrón de menores alusiones a la inmigración cuando la referencia de la pregunta es nacional frente a europea se reproduce en todos los países.

A pesar del protagonismo de la inmigración entre las preocupaciones de los europeos (Portugal es el único país en el que la inmigración no se encuentra entre los tres principales problemas que afectan a la UE), a la luz de los datos se puede  afirmar que el grado de inquietud difiere entre países. Entre una selección de países comunitarios, Hungría destaca entre el resto con un 56% de población que cita la inmigración como uno de los dos problemas más importantes a los que se enfrenta la Unión.

También la preocupación sobre la inmigración supera el 40% en Suecia, Alemania e Italia. Muy por detrás se encuentra España, donde menos de uno de cada tres encuestados señala la inmigración como uno de los principales problemas de la Unión Europea, y solo el 6% como uno de los principales problemas nacionales, porcentaje claramente inferior al del resto de países. Esta variedad en el grado de preocupación que genera la inmigración responde, entre otros factores, a la multiplicidad de trayectorias respecto a la inmigración económica y el asilo de las distintas sociedades europeas.

Inmigración económica y asilo son dos fenómenos sociales que, si bien en ocasiones son difíciles de separar, obedecen conceptualmente a procesos causales diferentes. La respuesta social, administrativa y legal de los países de acogida que cada uno de ellos recibe también varía, aunque frecuentemente los problemas de integración a los que se enfrentan los refugiados son similares a los de las comunidades de inmigrantes económicos del mismo origen.

En primer lugar, el aumento de solicitudes de asilo no ha evolucionado simultáneamente en todos los estados europeos. Algunos países han vivido incrementos muy intensos y coyunturales de solicitudes concentrados en breves periodos de tiempo, como es el caso de Hungría (agosto de 2015) y Suecia y Austria (octubre-noviembre de 2015) con un reducido volumen de solicitudes fuera de esos intervalos de tiempo. Sin embargo, en otros estados el incremento de solicitudes ha tenido un carácter más paulatino.

Por ejemplo, con anterioridad a 2014 tanto en Alemania como en Francia el volumen de solicitudes mensuales ya destacaba entre los demás países. Pero, mientras que en Alemania las solicitudes crecieron notablemente desde 2014 y alcanzaron un máximo en agosto de 2016 (casi 95 mil solicitudes en un solo mes) para después reducirse drásticamente, la evolución en Francia ha sido más continua y el crecimiento, con la excepción de una aceleración en 2015, se ha mantenido relativamente constante hasta la actualidad.

En todo caso, en 2018 Alemania sigue siendo el país que recibe más solicitudes de asilo.

Respecto al volumen, de las más de 4 millones de solicitudes recibidas en la UE entre enero de 2014 y agosto de 2018, el 41% se tramitaron en Alemania (casi 1.800.000). Muy por detrás está la cantidad de solicitudes recibidas por Italia y Francia (que en todo caso superan las 400.000). El número de solicitudes llegadas a España en este periodo queda muy por detrás del resto de países considerados aquí, con apenas algo más de 100.000 a lo largo de cuatro años y ocho meses (recordemos que tan solo en el mes de agosto de 2016 Alemania había recibido 95.000 solicitudes).

Por último, la heterogeneidad entre los países europeos es muy patente cuando se considera el peso de las solicitudes recibidas respecto al total de la población. Claramente son Hungría y Suecia, con 17 y 18 solicitudes por mil habitantes, los países que vivieron un impacto coyuntural más intenso, mientras que España se queda a la cola de todos los países considerados, con solo una solicitud por mil habitantes en 2018 (si se extrapolan los datos de enero a agosto para el total del año).

En definitiva, de los datos se desprende que, aunque la percepción de la inmigración como un problema para la Unión Europea es general, la trayectorias nacionales respecto al asilo han sido diversas, como lo han sido respecto a la inmigración económica. En perspectiva comparada europea, el caso español podría describirse como de recepción modesta de solicitudes de asilo, tanto en términos absolutos como relativos a la población, si bien en 2018 ha habido un crecimiento significativo respecto a años anteriores.

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