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retirada del Reino Unido de la Unión Europea

Los acrónimos, el mercado y el Brexit

07 de Septiembre de 2018
Reino Unido

Los acrónimos adquirieron un desarrollo fenomenal en el siglo XX acompañando a la inflación de organizaciones internacionales, cuyo mayor exponente estuvo en Europa, que tras ser el campo de batalla de dos guerras quedó tan rota que no había ni palabras para contarlo.

Juan Carlos Barros, abogado, periodista, consultor europeo, y experto short list de la DG Trade de la Comisión Europea para las negociaciones y aplicación de tratados internacionales comerciales.
Un acrónimo es una palabra formada por sílabas o letras de otras para designar lo mismo solo que de forma más breve y fría, como por ejemplo Brexit en vez de retirada del Reino Unido de la Unión Europea.

Los acrónimos adquirieron un desarrollo fenomenal en el siglo XX acompañando a la inflación de organizaciones internacionales, cuyo mayor exponente estuvo en Europa, que tras ser el campo de batalla de dos guerras quedó tan rota que no había ni palabras para contarlo.

No obstante, ponerles a las personas, aunque sean jurídicas e internacionales, un nombre sintético como forma virtual de recomponer un destrozo real, aparte de ser inefectivo tuvo un acompañante gramatical inesperado con el retrónimo, que es un conjunto de palabras que designa algo que antes ya tenía un nombre, pero que ahora hay que explicarlo para no confundirlo con lo posterior; es decir: cambiar el pasado para que encaje con el presente.

Esto, que en sí mismo está muy feo, además significa que tenemos tantas posibilidades de ser anacrónicos con los retrónimos como de liarnos con los acrónimos.

Así, por ejemplo, antes de la Primera Guerra Mundial no hubo ninguna guerra en el mundo, ordinalmente hablando, y tuvo que venir la segunda para que la anterior se llamase primera. Del mismo modo, carros y carretas o trucks and cars en 1914 no significaba carretas de motor o sea camiones, ni carros de motor o sea coches, pues entonces los carros y las carretas eran casi todos ellos de tracción muscular humana o animal y el que tenía que creerse cosas increíbles, se tragaba carros y carretas y no había más que aclarar.

Con las organizaciones internacionales pasó lo mismo y en Europa después de la guerra citada en primer lugar, o sea la segunda, se formaron, entre una multitud de ellas que no vienen ahora al caso, la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM) y la Comunidad Económica Europea (CEE).

En 2006 la última, que ya había cambiado de nombre y se llamaba Unión Europea (UE), decidió que los acuerdos de libre comercio que había celebrado hasta entonces pasasen a llamarse “first generation" para diferenciarlos de los que se firmaron a partir de ese momento, que se llamaron “new generation”, cuya principal característica era ser comprehensivos, como los de Corea del Sur o América Central.

Por su parte, los “first irst generation” que se celebraron con Noruega o los países mediterráneos no europeos, eran todos parte de acuerdos de asociación, es decir que tenían un fundamento jurídico distinto, y también eran muy comprensivos, pues incluían, como los posteriores, cláusulas asimétricas, con periodos transitorios muy largos o una liberalización de productos agrícolas muy escasa, según fuera el caso.

Es decir que en la Unión Europea las consideraciones de mercado se imponen siempre sobre cualesquiera otras y también sobre los grados de pertenencia a la organización, que quedan así subordinados a esa perspectiva.

En el siglo XXI han continuado los cambios nominales anticipados, o como si dijéramos poner el carro delante de los bueyes, que afectaron ya directamente al mercado, es decir a la base de la organización europea. De ese modo, nació el “area de libre comercio amplia y comprehensiva” que se incluyó en los acuerdos con Ucrania, Moldavia y Georgia, que eran acuerdos de asociación que establecían un marco para la profundización económica y la aproximación legislativa.

Y la última novedad, por el momento, ha sido incluida en el borrador del Acuerdo de Retirada del Reino Unido de la Unión Europea, que no es ni un acuerdo comercial ni de asociación y en cuyo protocolo “Irlanda/Irlanda del Norte” se ha creado un “área reguladora común” que comprende la Unión Europea e Irlanda del Norte, y que constituye un espacio sin fronteras interiores que asegura la libre circulación de bienes y la cooperación norte/sur.

Ahora bien, si el “mercado único europeo” que se creó con el Acta Única Europea era ya un espacio sin fronteras interiores que garantizaba la libre circulación de mercancías, personas, servicios y capitales y el “área reguladora común” incluye lo mismo, entonces, para no ser anacrónicos habrá que buscarle un retrónimo al mercado único, porque único, lo que se dice único no lo es.
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