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Tener un Brexit a la carta

07 de Septiembre de 2018
Juan Carlos Barros, abogado, periodista, consultor europeo, y experto short list de la DG Trade de la Comisión Europea para las negociaciones y aplicación de tratados internacionales comerciales.
El borrador de las directrices de la Unión Europea para las negociaciones del Brexit dice que “ las cuatro libertades (mercancías, servicios, trabajadores y capital) son indivisibles y no puede haber ´cherry picking´ mediante una participación por sectores en el mercado único, algo que socavaría su integridad y correcto funcionamiento.”

El borrador, pese a ser un texto jurídico, utiliza un término muy poco jurídico como cherry picking (escoger las cerezas) para decir que no habrá negociación sector por sector. Esa sustitución terminológica, que en si misma sería aceptable como forma de democratizar el lenguaje técnico tan soso del derecho, sin embargo puede dar lugar a problemas cuando se pone en donde no se tiene que poner.

La selección a que hace referencia la expresión “cherry picking” se lleva a cabo con arreglo a un criterio determinado, normalmente, por la calidad, de modo que solo acaban en el cesto las mejores cerezas, en detrimento de las demás que se quedan en el árbol. Esto supone que con la selección, en realidad, nos endosan todas las cerezas como si fueran iguales que las de la muestra. De ese modo, si ´cherry picking´ lo tradujésemos como ´menú a la carta´ no estaríamos diciendo lo mismo, ni parecido siquiera, pues transmitiríamos la idea de escoger cuando en realidad se trata de sustituir.

Para entender mejor ´cherry picking´, lo podemos definir por su contrario, lo cual resulta muy ilustrativo, pues sería equivalente a decir ´off the shelf´ (de la balda), o sea una selección aleatoria y además más democrática. Off the shelf es como si dijéramos ponerse uno lo primero que pilla en el armario para salir a la calle, es decir ropa genérica fabricada sin pensar en esos individuos que se la van a poner y que tienen tanta prisa.

George Orwell, preocupado siempre por la sencillez y la precisión, dice en su articulo Politics and the English Language (1946) que el deterioro del lenguaje es la consecuencia de una civilización decadente: si ésta se colapsa, el primero va detrás. Pero, sería una equivocación pensar que tal estado de cosas no tiene arreglo, porque el lenguaje, al fin y al cabo, no crece en los árboles como las cerezas sino que lo fabricamos nosotros.

Los efectos y las causas de las cosas suelen ser a menudo reversibles, como pasa con algunas gabardinas, que te las puedes poner del derecho y del revés, y si unas ideas escasas dan lugar a un lenguaje que da pena verlo, también, añade Orwell, sucede lo contrario: que un lenguaje corrompido deteriora las ideas; en especial cuando está devaluado por las frases hechas. Con éstas, lo que se gana, aparentemente, usándolas, no es más que acabas antes de decir las cosas y que tampoco hay que pensar mucho, pero las frases hechas son muy peligrosas porque sustituyen la voluntad del que las usa irreflexivamente.

La libre voluntad es la base de la contratación, ya sea privada o pública (y del estado de derecho podríamos decir incluso), lo que incluye los tratados internacionales, como es el caso del acuerdo posterior a la retirada del Reino Unido de la Unión Europea. Éste, siendo libre, damos por supuesto que contiene la libertad de expresión, pero ésta se transforma en servidumbre cuando se recurre a fórmulas gastadas.

A principios del siglo XX el surrealista Marcel Duchamp cogía, sin más, objetos ordinarios de la vida cotidiana, los exponía en un museo y ya con eso decía que se convertían en obras artísticas. A estos objetos los denominó ready made, que viene a ser lo mismo que decir off the shelf .

Si el Brexit sigue ese enfoque, eso significaría que las frases hechas se convertirán, sin más, en disposiciones jurídicas, lo cual, según Orwell, obedecería a una de las tres razones siguientes: o se quiere decir algo y no se sabe como, o se dice algo que no es lo que se quiere decir, o lo que se dice da exactamente lo mismo porque cada uno lo entiende luego como quiere.
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