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Las funciones de la banca

09 de Mayo de 2018
  • José Luis Feito
José Luis Feito, presidente del Instituto de Estudios Económicos (IEE).
La función quizá más obvia de la banca es la gestión del sistema de pagos de la sociedad que, a pesar de su complejidad, se lleva a cabo con unas cotas de eficiencia que no se suele valorar como merece por la opinión pública. No se aprecian como es debido las ganancias de bienestar derivadas del eficaz funcionamiento de las domiciliaciones de ingresos y pagos, de la enajenación y adquisición de activos, de las transferencias de depósitos, de la disponibilidad de efectivo a través de los cajeros, etc.

Se da por descontado el impecable funcionamiento del sistema sin reflexionar sobre la excelencia profesional de quienes lo gestionan y los múltiples y delicados engranajes que lo hacen posible. Menos evidente, pero igualmente importante para la sociedad, es su funcionamiento como una singular máquina del tiempo para optimizar y conciliar las preferencias de consumo de los individuos.

La banca permite desplazar riqueza financiera en el tiempo, adelantando al presente la riqueza que se acumularía en sucesivos mañanas o trasladando al futuro riqueza que hoy se posee y no se quiere gastar. Así, la banca permite disponer de capital a quienes lo necesitan o lo desean hoy, pidiéndoselo a quienes prefieren no gastarlo hoy a cambio de disponer de una mayor cantidad mañana. La banca permite, por ejemplo, disponer hoy de capital a quienes no lo tienen para comprar una casa a cambio de pagos mensuales durante más o menos años, remunerando con ello a quienes lo tienen pero no lo quieren utilizar.

Dicho de otra manera, la banca convierte una corriente de pagos mensuales durante 20 o 30 años en una cantidad de dinero disponible en el momento de firmar el contrato hipotecario, y transforma un capital en una corriente de remuneraciones periódicas a quienes se abstienen de consumirlo. Permite, de la misma manera, hacer frente a necesidades de consumo imprevistas o deseadas hoy a cambio de una corriente de pagos en el futuro.

Al igual que sucede con la adquisición de viviendas, la banca permite afrontar gastos médicos especiales, compras de coches u otros bienes de consumo duradero, estudios de los hijos, vacaciones, etc.; bienes y servicios todos ellos que no estarían disponibles para muchos en ausencia de la potente banca y actividades financieras que hoy tenemos.

La banca y las finanzas articulan también la reasignación de capital desde quienes lo tienen pero no quieren gastarlo a las empresas que lo pueden invertir con una esperanza razonable de alcanzar beneficios suficientes para devolverlo y remunerarlo adecuadamente. La banca y las finanzas permiten el acceso al capital, y la consiguiente creación o expansión de empresas, a quienes no lo tienen pero disponen de un proyecto empresarial con un claro potencial de generar beneficios.

En este sentido, la banca fomenta la movilidad social, ya que elimina o cuando menos suaviza la posesión de riqueza como condición necesaria para crear o redimensionar una empresa. Por esta vía, remunerando todo lo posible el ahorro y asignándolo a los proyectos de inversión más rentables, la banca y el conjunto de mercados financieros contribuyen decisivamente a potenciar el crecimiento económico.

La banca y las actividades financieras también impulsan el crecimiento económico fomentando la innovación. Por ejemplo, el resorte principal de la invención de la escritura por las civilizaciones mesopotámicas fue la necesidad de contabilizar y registrar los contratos financieros. En la Edad Moderna, los requerimientos de las actividades financieras espolearon el desarrollo de la contabilidad y de la estadística matemática, catapultando con ello las aplicaciones prácticas de la matemática y acelerando la innovación industrial.

Hoy, la banca y las actividades financieras están estimulando e incluso liderando los avances en la digitalización de la sociedad. En suma, el mecanismo de intermediación financiera operado por la banca y demás entidades equilibra las necesidades del presente con las del futuro y de su buen funcionamiento depende, en buena medida, el avance estable y sostenido del nivel de vida de la sociedad.
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