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Como en 'Cumbres borrascosas'

07 de Septiembre de 2018
La Unión Europea está atravesando actualmente con el Brexit un momento decisivo en su existencia, que va mas allá de la simple retirada de un estado miembro, por mucho que en su diseño el articulo 50º del Tratado de la Unión Europea se considerase una prueba de democracia, de lo cual ahora nadie parece acordarse.

Puestos a buscar explicaciones a por qué no se ensalza democráticamente el Brexit en vez de señalar todos los días  las dificultades de las negociaciones cuando no tiene porqué, lo mejor es compararlo con algo que sea a la vez complicado, extremo y de ficción como, por ejemplo, una historia de amor romántica y oscura, o sea como Cumbres Borrascosas de Emily Brontë.

Cumbres Borrascosas cuenta la adquisición generacional de un estate por otro colindante. Es generacional porque la diseña una primera generación, la ejecuta la siguiente y la termina una tercera; o sea, lo que se dice una operación de largo alcance. Y es adquisición más que conquista porque se lleva a cabo por medio de instituciones jurídicas como el matrimonio, la tutela, la propiedad y la sucesión.

Un estate es una hacienda, una propiedad independiente, y también podríamos decir que, aunque primitiva, es también una forma de estado, en el sentido de organización política. El escenario de la acción  tiene una localización muy precisa en Yorkshire, en el norte de Inglaterra, donde la Naturaleza adquiere un papel determinante en los acontecimientos, o dicho de otro modo, donde queda poco margen para la iniciativa individual fuera de ella.

El estado adquirente es Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights) que está en un alto donde hace mucho viento, de ahí su nombre (wutehring es un localismo dialectal equivalente a windy), lo que le proporciona, diríamos, una ventaja competitiva y es el que emprende la operación. Mientras que el otro es La Encrucijada del Tordo (Thruscross Grange) y está abajo, aunque tampoco está mal situado porque está en un cruce.

Bajarse de la montaña al llano también aceptaremos que es una mejora. Como nota aclaratoria ornitológica, el tordo (turdus merula) es una especie que imita el canto de otras aves y que canta por estética, o sea porque le gusta la música.

El propietario de Cumbres Borrascosas y desencadenante de la crisis, es un “pater familias” en el sentido tradicional romano de autoridad absoluta y un día decide irse de viaje a  la ciudad porque si y a la vuelta viene con un muchacho, moreno, totalmente distinto de sus hijos y que dice que se ha encontrado por la calle y como le dio mucha pena… El caso es que al poco tiempo se muere y ahí les deja a sus descendientes con un rival más difícil de batir que un huevo duro.

Suponiendo que la justificación fuera cierta, ese pobre chico no sabe la que le espera (y según como  lo cuenta Brontë el padre tampoco), pues su destino es ser el ariete para conquistar la granja vecina. Heathcliff, que es simplemente como le llaman, posee un impulso interior que  le lleva a destruir todo lo que le rodea, porque, ornitológicamente hablando, es un cuco (cuculus canorus) o sea un ave que pone los huevos en los nidos de otras para que se los cuiden y luego matarles.

Heathcliff, herido en sus sentimientos por Catherine (la que sería su hermana adoptiva) se marcha porque ella elige como esposo al heredero del otro estado. Sin embargo, al cabo de tres años vuelve misteriosa y rápidamente enriquecido y comienza su conquista del estado, la del vecino y la del propio.

No obstante, la historia termina no con una sucesión planeada sino de acuerdo con la fuerza de las cosas. Es como si hubiera una corriente contra la que Heathcliff no puede hacer nada, una corriente que no discurre hacia adelante sino hacia atrás.

La clave de lo que va a pasar nos la dice Emily Brontë ya desde la primera página: está escrita con fecha y nombre y apellidos en los muros de Cumbres Borrascosas “entre una selva de animales mitológicos hechos pedazos y angelitos juguetones”.

A la Unión Europea, más allá de toda la parafernalia gótica del Brexit, le pasa tres cuartos de lo mismo: tiene su futuro grabado en el frontispicio.
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