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El proteccionismo empobrece un país

13 de Abril de 2018
  • José Luis Feito
La tasa de desempleo se encuentra en el nivel más bajo desde 2007, el 4,6%; la economía ha registrado un ritmo anual de crecimiento del 3,2% en el tercer trimestre del año y la inflación interanual está en una tasa interanual del 1,7%.

Donald Trump, presidente electo de EEUU.

José Luis Feito, presidente del Instituto de Estudios Económicos (IEE).
Siguen las tensiones creadas por la guerra comercial iniciada por Estados Unidos tras imponer los aranceles a las importaciones del acero y del aluminio. Desde el IEE, en su informe ‘En defensa de la globalización y el librecambio’, se señala que el proteccionismo puede empobrecer a un país.

El proteccionismo, o lo que es lo mismo la contención o el repliegue de las importaciones mediante su encarecimiento artificial, es perjudicial para todos. El proteccionismo no sólo no evita las pérdidas de empleo de trabajadores, sino que empeora su situación, por tres razones.

En primer lugar, si nosotros redujéramos las importaciones de otros países ellos reducirían nuestras exportaciones con lo que todo, o más, o al menos buena parte de lo que se gana por un lado, se pierde por el otro.

En segundo lugar, las importaciones son el resultado de las decisiones libres de empresas e individuos de manera que si se reducen aumentando sus precios hasta niveles que sean disuasorios o suficientemente superiores a los de los productos nacionales (esto es lo que hace el proteccionismo), se reduciría el bienestar de los consumidores y la competitividad de las empresas que las adquieren.

En otras palabras, aumentaría el precio y se reduciría la variedad de los bienes consumidos por el impacto alcista directo de los aranceles y otras barreras a la importación sobre los bienes y servicios de consumo importados, y por el impacto alcista indirecto sobre los inputs importados por las empresas que fabrican el resto de bienes y servicios que componen la cesta de consumo de la sociedad.

Esta subida de precios reduciría especialmente el poder de compra de los perceptores de salarios medianos y bajos, ya que son estos grupos de ciudadanos los que consumen una mayor proporción de bienes importados.

En tercer lugar, el proteccionismo desvía recursos desde los sectores más dinámicos, con mayor ritmo de avance tendencial de la productividad, a los sectores menos dinámicos y más vulnerables a los cambios tecnológicos y a las ganancias de competitividad de otros países, con lo que se reduce el potencial de crecimiento del país y las posibilidades de incrementar los salarios reales.

Finalmente, el proteccionismo induce caídas de la demanda, de precios y de costes, así como devaluaciones cambiarias, en los países que producen las importaciones, todo lo cual aumenta su competitividad. Esto implica que el empleo ganado con proteccionismo es efímero, ya que sólo se puede mantener con cada vez más proteccionismo, lo que, antes o después, termina siendo inviable.
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