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Una distopía desreguladora

07 de Septiembre de 2018
Imagen de Londres, Reino Unido.

Imagen de Londres, Reino Unido.

Juan Carlos Barros, abogado, periodista, consultor europeo, y experto short list de la DG Trade de la Comisión Europea para las negociaciones y aplicación de tratados internacionales comerciales.
David Davis, el secretario del Reino Unido para el Brexit, ha dicho que el Reino Unido “no se va a zambullir en un mundo del estilo de Mad Max, copiado de una ficción distópica”. Y ha añadido que en cuanto a  derechos y estándares “no quiere liderar una carrera competitiva hacia el fondo sino una carrera global a la cumbre” y que, luego, una vez fuera de la Unión Europea “continuaremos con nuestra trayectoria de cumplir altos estándares”.

El Reino Unido, efectivamente, se está tirando al agua con el Brexit, pero si la zambullida se hace correctamente desde el punto de vista jurídico, o sea no hacia adelante sino hacia atrás de forma retroactiva, el Brexit traerá consigo, paradójicamente, un avance en la  libertad del comercio. Veamos porque:

El Reino Unido ya ha dicho que va a adoptar la European Union Withdrawal Bill para derogar el Acta de Adhesión a las Comunidades Europeas de 1972. Esa ley es conocida también como la Great Repeal Bill, con cuya denominación se pretendía, precisamente, guardar un paralelismo con la Great Charter of Liberties de 1215, o sea con  la Carta Magna.

Tal tipo de ley derogatoria implica que una vez que el Reino Unido salga de la Unión Europea, no solo adoptará sus propias normas en sustitución de las europeas, replicándolas o mejorándolas, según sea el caso, sino que supone también la aplicación de la antigua legislación inglesa de derechos y libertades fundamentales, es decir la Carta Magna.

Si miramos las cosas desde esa perspectiva históricamente amplia, comprobaremos que tampoco se trata de inventar nada y que ahora con el Brexit no es la primera vez que en el Reino Unido se preocupan por regular la libre circulación de mercancías ni los estándares en el comercio, pues estos asuntos aparecían ya también en la Carta Magna, concretamente en los apartados siguientes:

El 35º establece para todo el Reino una medida para el vino y una medida para los cereales: the quarter of London. Y, además, una medida de anchura para la tela, teñida, en basto (russet) o en fino (haberget) de dos codos (ells) entre los bordes. Y con los pesos, igual que con  las medidas. El "quarter of London" era aproximadamente  250 litros/kilos y el “ell” era la distancia desde el codo hasta la punta del dedo mediano de la mano, es decir 45,7 centímetros.

El 41º dice que “todos los comerciantes..”, es decir no solo los ingleses sino los de otras naciones también “…podrán salir sanos y salvos de Inglaterra y volver a ella, y permanecer, y circular, tanto por agua como por tierra, para comprar y vender, según las rectas y antiguas costumbres, libres de toda exacción ilegal.

Además fijaba una fase transitoria, pues dice que “si algunos comerciantes se hallaren en nuestro país al principio de una guerra, serán embargados, sin hacer daño a sus cuerpos y mercaderías, hasta que sepamos cómo son tratados los nuestros en la nación que está en guerra con nosotros; y si los nuestros están allí salvos y seguros, los de ella lo estarán del mismo modo entre nosotros.”

Y el 13º dice que la ciudad de Londres “tendrá todas sus antiguas libertades y costumbres libres, tanto por tierra como por agua. ..y que todas las demás ciudades y burgos, y villas, y puertos, tendrán todas sus libertades y costumbres libres”.

Esto significa que la era post Brexit en el Reino Unido no tiene porque ser una distopía desreguladora sino un renacimiento de las libertades para los ingleses y para todos los comerciantes sean de donde sean, que podrán contar, por lo menos, con que tienen ya fijados unos estándares en el vino, los cereales y el textil.
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