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Al Brexit le ocurren 'backlash'

07 de Septiembre de 2018
Juan Carlos Barros, abogado, periodista, consultor europeo, y experto short list de la DG Trade de la Comisión Europea para las negociaciones y aplicación de tratados internacionales comerciales.
Tweedledum y Tweedledee son dos personajes del cuento “A través del Espejo y lo que Alicia encontró allí” de Lewis Carrol que son calcados el uno del otro y que discuten por una carraca, para lo que se arman tanto y tan ridículamente que no pueden ni moverse y a los que el simple anuncio de un peligro externo disuade de su rifirrafe. La rima dice así:

Tweedledum y Tweedledee acordaron enfrentarse en una batalla; porque Tweedledum decía que Tweedledee le había estropeado su carraca. Pero, entonces, apareció  un cuervo muy grande, más negro que un barril de brea y tanto se asustaron, Tweedledum y Tweedledee, que se les olvidó la pelea.

La carraca, o sea el motivo de la desavenencia entre iguales en un mundo al revés, es un aparato que hace un ruido desapacible y machacón, pero que resulta muy eficaz para convocar una reunión muy pronto por la mañana, por ejemplo, para las negociaciones de un tratado internacional de libre comercio.

La carraca está formada por una pieza que da vueltas sobre un eje, pero que si la giras al revés se estropea, porque la carraca funciona nada más que en una dirección: hacia adelante, le pasa como a la Unión Europea. Gira con libertad, eso si, pero siempre en la misma dirección y no va para atrás, sencillamente, porque su mecanismo fundacional se lo impide.

Entre diente y diente de la carraca hay un espacio libre o sea un clearance, que es también como se llama a los despachos de aduana, lo que resultará más familiar en la Unión Europea, que no deja de ser una unión aduanera en estado de expansión. Y en esos huecos que tiene la carraca, cada vez que gira hacia adelante se da también un pequeño retroceso, lo que técnicamente se conoce como un 'backlash'.

Desde un punto de vista social, también se dice que hay un 'backlash' cuando se produce una reacción contraria a algún avance previo. Y esto es pura mecánica, ya sea física o social. Y es también lo que está pasando con el Brexit, que funciona como una carraca, y donde con tantos huecos como hay, inevitablemente, se generan 'backlash'es.

Es cierto que esos intervalos permiten verificar la lubricación del mecanismo, si hay errores de diseño o de peso o de expansión térmica. Pero, igualmente, es verdad que los 'backlash'es son puntos muertos, como los que quiere evitar, por ejemplo, un aparato regulador de voltaje, cuya misión es mantener la tensión y prevenir oscilaciones, es decir bandazos de un extremo a otro.

Lo contrario del 'backlash' es la histéresis, donde el output va siempre en la misma dirección y donde no hay fases intermedias. Los aparatos que funcionan con histéresis utilizan la memoria para dirigir los estados futuros: las alarmas de humo, por ejemplo, funcionan así. La histéresis se podría definir, entonces, como  la tendencia de un material a conservar sus propiedades en ausencia del estímulo que las ha generado. Y no hay que confundirla con la histeria, que aunque también es un trastorno disociativo y se relaciona con una situación de stress, carece de patología real, como les pasaba a Tweedledum y Tweedledee.

De esta manera, tenemos que hay fenómenos que no dependen sólo de las circunstancias presentes sino también de cómo se ha llegado a ellas; que es lo que sucede, por seguir con los ejemplos, con la fundación de una organización internacional. Y aquí entramos ya en la teoría de las catástrofes, que explica la propensión que tienen los sistemas estructuralmente estables a manifestar discontinuidades por cambios repentinos de comportamiento o divergencias que empezando por poco acaban en mucho o casos de histéresis, como le pasa ahora a la Unión Europea, a la que una inversión (no de dinero, sino en el sentido de retroceso organizativo, como estaremos de acuerdo que representa el Brexit), impedirá volver a la situación inicial.

Y eso tiene bastante importancia porque afecta a la competitividad de la organización y, de paso, a la de todos los que se quedan en ella.
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