Buscador de la Hemeroteca
Secciones
Opinión

El empleo de los discapacitados

07 de Septiembre de 2018
El crecimiento de las ventas parece ser la dimensión más destacada, seguida de la capacidad de obtener fondos a partir de los beneficios, mientras que la creación de empleo es la variable que ofrece peor valoración.

El crecimiento de las ventas parece ser la dimensión más destacada, seguida de la capacidad de obtener fondos a partir de los beneficios, mientras que la creación de empleo es la variable que ofrece peor valoración.

Vanesa Rodríguez, profesora de la Universidad de Oviedo. 
Parece obvio el interés social de analizar este tema: por un lado, por su entidad (en España, según la última encuesta sobre discapacidad, la tasa de prevalencia de la discapacidad en 2008 era del 8,5% y si nos centramos en las personas en edad de trabajar [16-65 años] era del 5,1%) y por otro, porque las personas con discapacidad son uno de los colectivos objeto de políticas tanto laborales como sociales. No obstante, conviene recordar que la importancia del empleo de las personas con discapacidad no siempre ha sido algo evidente.

En un primer momento, el enfoque institucional se basaba en un sistema más paternalista de transferencia de rentas y, cuando comenzaron a aplicarse políticas activas, éstas iban más destinadas a personas con discapacidad física que psíquica. Estas políticas de mercado de trabajo han evolucionado en los últimos años, pasando desde las más tradicionales a la visión actual, en la que hay varios niveles de intervención en función del “ajuste” de la personas con discapacidad al mercado de trabajo ordinario. Si la persona con discapacidad está preparada para desarrollar un empleo en el mercado laboral ordinario debería hacerlo y, si no, hay que prepararle para ello, ya sea a través del empleo protegido o del empleo con apoyo.

En todo caso, el objetivo último es la integración en el mercado de trabajo ordinario. Actualmente la integración en el mercado de trabajo se ve como una forma de mejorar la integración social; la inserción laboral es un medio esencial hoy en día para conseguir independencia personal y económica y, por tanto, la plena inserción social de las personas con discapacidad. Es por esto por lo que el estudio de la situación de las personas con discapacidad una vez que entran en el mercado de trabajo se hace imprescindible para conocer un aspecto importante de la realidad social de este colectivo y, así, poder diseñar políticas de integración que se aproximen más a sus necesidades.

Cuando hablamos del empleo de las personas con discapacidad debemos tener en cuenta una serie de características comunes, independientemente de la fuente de información, el país o el año analizado: mayor edad media, menor nivel educativo, menor tasa de actividad y mayor tasa de paro (con diferencias sustanciales según el tipo de discapacidad y/o limitación, el género o la inversión en capital humano).

Además, una vez que las personas con discapacidad se incorporan al mercado de trabajo su ocupación se centra en trabajos a tiempo parcial y menos remunerados (y no toda esta diferencia salarial se puede explicar por sus diferentes características, por ejemplo el menor nivel educativo), con una mayor probabilidad de permanecer en trabajos a tiempo parcial. Cómo aspecto positivo, estos trabajadores están más satisfechos con su trabajo que los trabajadores sin discapacidad (quizás porque sus expectativas sobre el empleo son menores).

En España, sin dejar de lado ninguno de los rasgos indicados anteriormente, podemos afirmar que el gran problema de las personas con discapacidad en relación con el mercado de trabajo no es el desempleo, sino la inactividad. Entre las dos últimas grandes encuestas sobre discapacidad en España (Encuesta de Discapacidades, Deficiencias y Estado de Salud de 1999, EDDES-1999, y Encuesta de Discapacidad, Autonomía personal y situaciones de Dependencia de 2008, EDAD-2008), esta tasa no tuvo casi variación (frente a la importante variación de la tasa de las personas sin discapacidad).

Una de las características de las personas con discapacidad sobre la que existe consenso en la literatura es su menor nivel educativo. Esto no es sólo consecuencia de la mayor prevalencia de la discapacidad en las edades superiores (en general, las personas de más edad tienen en promedio niveles de estudio más bajos), sino que diversos trabajos indican que las propias discapacidades (principalmente en el caso de las intelectuales) generarían ese bajo nivel de estudios.

En las encuestas específicas de discapacidad (con una definición de discapacidad acorde a la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF) se encuentra un mayor peso del analfabetismo que en el caso de las fuentes de información vinculadas al certificado de discapacidad. Esto nos puede estar indicando que son aquellas personas que padecen una discapacidad, pero que carecen del correspondiente certificado, las que experimentan en mayor medida un déficit educativo, y por ende una mayor probabilidad de desconexión con el mercado de trabajo.

Por lo tanto, en aras de conseguir una mayor integración educativa y laboral de este colectivo, deberíamos plantearnos no centrarnos en la posesión del certificado de discapacidad y ampliar la definición de persona con discapacidad (como se ha hecho al incorporar a los beneficiarios de prestaciones de incapacidad permanente).

Respecto a la tipología de contratación de este colectivo, en los últimos años, los contratos no específicos para personas con discapacidad superan en aproximadamente 100.000 a los bonificados. Estos datos tienen su reflejo en el porcentaje de trabajadores con discapacidad ocupados con bonificaciones/reducciones de la cuota de la Seguridad Social y que suponen entre el 25 y el 29,5% del total de trabajadores con discapacidad.

Esto hace necesario un nuevo cambio de rumbo en las políticas de empleo de las personas con discapacidad. Es necesario ahondar en el diseño de políticas diferenciadas destinadas a personas con discapacidad, pues estamos ante un colectivo heterogéneo con distintas necesidades. Y para ello, es imprescindible la existencia de datos de calidad que permitan tanto conocer su situación como evaluar las políticas realizadas hasta el momento, para así disponer de la máxima información posible para diseñar las nuevas estrategias.

Acceda aquí para más información del blog de Funcas. 
elempresario.com Twitter

Opiniones sobre @elempresariocom

Envía tu mensaje
Comenta el contenido

©2016 Confederación Española de Organizaciones Empresariales CEOE. Diego de León, 50 – 28006 Madrid – CIF: G-28496636 ceoe@ceoe.es