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La evolución y el Brexit

07 de Febrero de 2018
  • Juan Carlos Barros
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Juan Carlos Barros, abogado, periodista, consultor europeo, y experto short list de la DG Trade de la Comisión Europea para las negociaciones y aplicación de tratados internacionales comerciales.
Lo mismo que evolucionan las especies, las negociaciones para el Brexit también van evolucionando. Así, tras una fase previa, se acordó que las negociaciones quedaran divididas en dos partes diferentes y sucesivas: primero la desconexión y luego la reconexión. Después se fijo la fecha exacta de salida del Reino Unido y ahora se ha añadido una fase transitoria posterior.

Para comprender esa naturaleza evolutiva del Brexit, nada mejor que recurrir a una fábula de Rudyard Kipling en “Just so stories”, donde nos cuenta como el Erizo y la Tortuga evolucionaron durante unas negociaciones con el Jaguar, que quería comérselos, hasta convertirse en Armadillos.

El Erizo es un mamífero cubierto de púas rellenas de queratina, una sustancia insoluble en el agua e idónea para actividades de gran resistencia física, lo que resulta ideal  para salir del agua sin mojarse o para la negociación  de un tratado internacional en Bruselas. El Erizo cuando se ve amenazado se enrolla: no es que empiece a hablar sin parar, sino que se hace una bola, y es capaz de emitir una amplia gama de sonidos para comunicarse, que van desde gruñidos hasta chillidos; ahora bien, cada vez que escucha algún ruido con el que no está familiarizado se hace una bola, o sea, como si fuera a ir a una negociación.

La Tortuga es un reptil y también se sabe proteger muy bien, no enrollándose sino por medio del caparazón, al cual tiene adherida la columna vertebral. Eso significa que no respira moviendo la caja torácica, sino con los músculos abdominales, como si fueran un diafragma, y por el bombeo del aire desde la faringe a través de la fonación, es decir hablando, si es que las tortugas hablaran. La tortuga es ectotérmica, o sea que su actividad metabólica depende de la temperatura ambiental. Muda la piel, pero a diferencia de las serpientes, por ejemplo, lo hace poco a poco, de modo que se le desprenden los escudos del caparazón uno a uno y sin un orden determinado que se sepa.

El Jaguar, por su parte, es un cazador que caza tendiendo emboscadas, lo que afecta a la dinámica de la población en la Selva, o sea que es quien pone la ley, diríamos en términos jurídicos. En la fábula, el joven Jaguar no es capaz de distinguir a una Tortuga de un Erizo  porque nunca había visto a ninguno antes. Mamá Jaguar le había dado instrucciones sobre como hacerlo, pero no lo quedó claro y fracasó. Tras lo cual, para la segunda fase de las negociaciones, su Mamá le dio otras mas precisas:  “Hijo mío” le dijo, “un Erizo se enrolla  sobre si mismo y forma una bola… en cambio una Tortuga no puede enrollarse, lo único que puede hacer es sacar la cabeza y las patas fuera del caparazón. ¿Te has enterado bien? “.

Al conocer la Tortuga y el Erizo  (pues en la Selva no hay secretos) esas indicaciones, no es que se les pusieran los pelos de punta, porque ninguno de los dos tiene pelo, pero se dieron por comidos. Y entonces reflexionaron: “Es una pena eso de no poder nadar” dijo el Erizo. “Y tan malo es no poder doblarse” respondió  la Tortuga. Y ni cortos ni perezosos, se pusieron a hacer ejercicios para mejorar sus capacidades. ”De seguir así, pronto serás un gran nadador… Y tu, un gran contorsionista”, se dijeron el uno al otro.

Tanto cambiaron en una sola noche que se animaron a visitar al Jaguar. ‘’Mamá”, dijo el joven Jaguar, que cada día se aclaraba menos con eso de la Fauna, “hay dos animales nuevos ahí en la Selva: el que decías que no nadaba, nada, y  el que decías que no se enrollaba, se enrolla.”  “Mira, hijo mío”, respondió la Mamá Jaguar “un Erizo es siempre un Erizo y no deja nunca de ser un Erizo. Y una Tortuga lo mismo, y eso aunque cambien de aspecto y aunque ahora les llamemos como les llamemos: Armadillos o lo que sea ¿Vale?”
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