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Gasto público 2007-16: datos y ¿soluciones?

07 de Septiembre de 2018
  • Eduardo Martínez Abascal
Eduardo Martínez Abascal, profesor del IESE, Universidad de Navarra
El gasto público representa casi el 50% del PIB. Es la gran asignatura pendiente dentro de las reformas económicas que España necesita y sobre el que hay (creo) mucho mito. El gasto público incluye administración central, autonómica, pensiones (seguridad social) y entidades locales. Se divide en gasto corriente (salarios, compras, intereses, etc.) y gasto de capital (inversiones).





En 2007, España era el ejemplo de Europa. Éramos el único país con superávit público (2% del PIB); se construían AVEs, la sanidad funcionaba, los pueblos y ciudades estaban impecables, y eso nos costaba 421 mil millones de gasto público (con ingresos de 442). En 2008 y 2009, empieza la Gran Recesión que se prolonga hasta 2013. Las empresas reducen sus gastos dramáticamente ante la bajada de ventas.

Por el contrario, la Administración Pública ve reducidos sus ingresos en casi 70 mil millones, pero aumenta sus gastos en otros 70 (un 17%) y sobre todo, aumenta el gasto corriente (un 19%) que luego es muy difícil de bajar. Y aumentan en todas sus partidas y mucho: salarios, compras, sanidad, educación, etc. Son los años del famoso Plan E. Pregunta: si la población no crece, ya estábamos bien en 2007, ¿por qué crece el gasto público? No hacen faltan más colegios ni más hospitales…, aunque decir esto es políticamente incorrecto.

En 2010 y 2011, se congela la subida de gasto; no hay recortes, de hecho el gasto corriente sube un poco; pero baja la inversión. Comienza la paulatina subida de impuestos para paliar el déficit, pero no el recorte de gasto. Resultado: en solo dos años, pasamos de un superávit de 20 mil millones a un déficit de casi 120 que tenemos que pedir prestado cada año. El Reino de España pasa de emitir (pedir prestado)
50 mil millones /año a 250 mil millones. Los mercados se ponen nerviosos (lógico) por tener que prestar tanto y estalla la crisis de la prima de riesgo en 2011 y 2012.

Bajada del gasto corriente
El 2012 (primero del Gobierno Rajoy) es el único año en que ha bajado el gasto corriente (salario de funcionarios incluidos), en 9.000 millones (o un 2%); no es mucho comparado con el aumento de casi 70 mil millones de años anteriores. Desde luego que pica, pero la crisis ha sido mucho más dura (en paro y bajada de salarios) para los 17 millones de trabajadores del sector privado que para los 3 millones del sector público.

En 2016 tenemos más gasto corriente que en 2009 y mucho más que en 2007, cuando éramos ricos. Los recortes ya han sido compensados. Solo ha disminuido la inversión (de 70 mil millones a 30), lo que parece lógico pues no tenemos dinero y ya tenemos mucho AVE. Lo que sí ha aumentado y mucho son los ingresos públicos y gracias a ello el déficit público ha pasado de 120 a 50 mil millones o un 5% del PIB (más o menos).

Como el PIB seguirá creciendo, también lo harán los ingresos públicos y por tanto bajará el déficit; pero el gasto público no bajará. La realidad, en España y en casi todos los países, demuestra que es muy difícil bajar el gasto público. Los políticos no tienen incentivos para ello. Hay elecciones cada dos por tres y tienes que prometer algo para ganar votos; y ese algo es siempre aumento del gasto.

Y ya lo pagarán los que vengan detrás. Ejemplos de esto tenemos a mansalva: ambulancias en zonas despobladas, colegios en pueblos sin niños, etc. Además, está muy extendida la idea de que el gasto público lo paga el rico y favorece al pobre. Y no es así. El 80% de los ingresos públicos los paga el trabajador promedio, que gana unos 1.200 € al mes. No los pagan las empresas ricas ni los individuos hiperforrados.

Por tanto cada vez que hay aumento de gasto, el trabajador promedio tiene que pagar más impuestos. ¿Tiene sentido que un trabajador que gana 1.200 € o menos, pague subvenciones a un director de cine? ¿Tiene sentido que el 40% de su salario (coste empresa) se vaya en impuestos de todo tipo? Si fuera rico sí tendría sentido, pero ¿ganando 1.200 euros lo tiene?

Uno de los enigmas del sector público es que es la única entidad económica del mundo a la que se le permite, año tras año, gastar más de lo que ingresa. ¿Se imagina usted una familia (o una empresa) que durante 30 años gastara más de lo que ingresa? Pues eso ha ocurrido con el sector público de casi todos los países desarrollados (EE. UU., Italia, Francia, Alemania, etc.). Casi 30 años seguidos de déficit público.

Quién gasta qué
Para colmo resulta que en España tenemos cuatro administraciones públicas: central, autonómica, local y seguridad social (pensiones) y resulta difícil saber quién gasta qué. Por cierto, de estas cuatro, la administración que menos gasta y se ajusta más el cinturón es la de los ayuntamientos, a pesar de que siempre que se habla de recorte de déficit se metan con ellos. ¿Y qué se puede hacer?

Pues lo primero que haya transparencia. Que se sepa quién gasta qué y en detalle. No basta con publicar los datos. Hay que enseñarlos de forma que se puedan entender y no con una terminología supertécnica que no entiende nadie. Hay que hacer pedagogía para que la gente sepa dónde va su dinero.

Creo que en gasto público, igual que en economía, no es bueno hacer movimientos bruscos: ni grandes subidas de gastos, que luego no se pueden pagar; ni grandes rebajas que producen mucho sufrimiento. Hay que ir poco a poco. El gasto público es muy grande y nos afecta a todos; por eso requiere un pacto entre todas las fuerzas políticas, agentes sociales y administraciones. Unos pactos de la Moncloa sería el camino idóneo (aunque no parece que nuestros representantes estén por la labor). Si no lo hacemos, tarde o temprano la UE nos lo impondrá.

Y por último. No se trata tanto de bajar el gasto (ni de subirlo) sino de hacerlo eficiente. Que los euros se gasten bien. En este ámbito las empresas privadas han hecho un gran esfuerzo en estos años. Y los consumidores lo notamos pues compramos más barato que hace 10 años (desde el restaurante hasta la cesta de la compra o los viajes). Ese esfuerzo lo debería hacer la administración pública y está pendiente.
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