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Desconexión europea

¿Cómo será el primer Presupuesto de la Unión Europea sin Reino Unido?

13 de Diciembre de 2018
La primera reunión de la organización tuvo lugar el 1 de marzo de 1958, en ella BusinessEurope apoyó la integración europea

El próximo Presupuesto europeo, que comenzará el 1 de enero de 2021 si se adopta en el plazo previsto, será el primero sin Reino Unido.

El Reino Unido va avanzando en sus pasos para desconectarse de la Unión Europea y, con él, su contribución al Presupuesto comunitario. Tras el proceso del Brexit, la nueva Unión Europea de los 27 tiene que pasar por su primer obstáculo: acordar un marco financiero plurianual de la UE sin Reino Unido.

El próximo Presupuesto europeo, que comenzará el 1 de enero de 2021 si se adopta en el plazo previsto, será el primero sin Reino Unido. La salida del país anglosajón implica, entre otras cuestiones, que la UE dejará de recibir una contribución (una vez aplicado el "cheque británico"), que la Comisión Europea trata de paliar buscando nuevas fuentes de financiación, denominadas recursos propios.

El objetivo es adoptar el Presupuesto antes de las elecciones al Parlamento Europeo que se celebrarán del 23 al 26 de mayo de 2019, al menos la propuesta global. "De lo contrario, será difícil que el 1 de enero de 2021 el nuevo periodo de programación esté en vigor y los nuevos fondos y programas sean operativos", explican desde CEOE.

Aunque el Presupuesto común es más bien modesto, representa el 2% del total de gasto público de la Unión y el 1,03% de la renta nacional bruta de la UE, constituye una expresión de las prioridades políticas de la Unión, dado que en él se detallan las áreas en las que los Estados miembros quieren dedicar los esfuerzos durante los próximos años. Por ello, la UE deberá hacer frente a una serie de cambios en sus cuentas.

En primer lugar, el próximo Presupuesto será el primer postbrexit. Con la salida del Reino Unido, la UE pierde un contribuyente neto importante. Como muestra el gráfico realizado por CaixaBank Research, en el marco presupuestario actual, el Reino Unido ha pagado aproximadamente 28.000 millones de euros más de lo que ha recibido (o el 1,4% de su PIB) en el acumulado entre los años 2014 y 2017, lo que le convierte en el mayor contribuyente neto después de Alemania.



Por tanto, cuando el Reino Unido deje de contribuir al Presu­­puesto común, a partir de 2021, ello tendrá un impacto financiero considerable sobre los ingresos. Algunas esti­­maciones sitúan la brecha financiera entre 10.000 y 12.000 millones de euros por año, lo que equivale aproximadamente al 7,1% del Presupuesto actual.

Esta brecha de financiación puede dificultar las ya de por sí complicadas negociaciones entre contribuyentes y beneficiarios netos del Presupuesto, dado que los 27 deberán decidir si quieren compensar esta reducción de ingresos con un aumento de las contribuciones o con una reducción del gasto. Y, en el caso de que acuerden aumentar las contribuciones, deberán decidir cómo distribuir dicha carga.

De acuerdo con la Comisión Europea, el Presupuesto se estructura en siete partidas distintas:

1. Mercado Único, Innovación y Economía Digital, dotado de 187.370 millones de euros. En este apartado se engloban, por ejemplo: el programa Horizonte Europa (de I+D+i) con 97.600 millones; el Mecanismo Conectar Europa con 24.480 millones (de los cuales 3.000 millones se dirigen a digitalización, 8.650 millones a Energía y 12.830 millones a Transporte); un nuevo programa denominado “Europa Digital” cuyo fin es aumentar las capacidades digitales de las empresas, dotado con 9.194 millones; y el Programa para la competitividad de las empresas y para las PYME (COSME) con 3.000 millones de euros.

2. Cohesión y Valores. Es la partida más importante con 442.412 millones de euros, al contemplar, principalmente, el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (226.308 millones), Fondo de Cohesión (46.692 millones), el nuevo Programa de Apoyo a las Reformas en los Estados miembros (25.000 millones), Erasmus+ (30.000 millones) y el Fondo Social Europeo (101.174 millones).

3. Recursos naturales y medio ambiente, con 378.900 millones de euros en total. Comprende la Política Agrícola Común (PAC), que abarca la mayoría de los fondos (365.005 millones), y el Programa de Medio Ambiente y Acción por el clima (LIFE) con 5.450 millones.

4. Migración y Gestión de fronteras, con una asignación de 34.900 millones de euros.

5. Seguridad y Defensa, beneficiado con 27.515 millones de euros. Bajo esta rúbrica destacan el Fondo Europeo de Defensa (13.000 millones) y el Mecanismo “Conectar Europa para movilidad militar” (6.500 millones).

6. Vecindad y el mundo, con 123.000 millones de euros.

7. Administración pública europea, con 85.287 millones de euros.

Las consecuencias del Brexit en el Presupuesto común
Asimismo, esta disminución de recursos consecuencia del Brexit coincide con la voluntad de los Estados miembros de destinar más esfuerzos a nuevas áreas consideradas como prioritarias. En particular, los 27 fijaron recientemente su visión para la Unión para los próximos 10 años y concretaron las áreas sobre las que se comprometen a trabajar para lograrlo.

En este sentido, los desafíos globales que han surgido en los últimos años, entre ellos, conflictos geopolíticos, terrorismo y la crisis de refugiados, han puesto de manifiesto la importancia de una mayor coordinación e integración europea en materia de política exterior, defensa y seguridad. Por ello, los 27 quieren dedicar más recursos, y también más esfuerzos de coordinación, en estos ámbitos.

El reto consiste en cómo conseguir dedicar más recursos a estas nuevas prioridades políticas y, a la vez, seguir destinando recursos a otras partidas presupuestarias ya existentes que siguen siendo importantes para el futuro económico de la Unión, como la investigación y desarrollo, la transformación digital o la movilidad juvenil, explican desde CaixaBank Research. 

Por ello, BusinessEurope, la patronal europea, considera muy importante que las cuentas europeas se adopten en plazo, contribuyan a la competitividad del tejido empresarial, prevean mayores sinergias y eficiencia en su ejecución, y se basen en unas previsiones de ingresos realistas sin que supongan mayor presión fiscal para las empresas.

En este contexto, y con el fin de cubrir el agujero que dejará el Brexit y de disponer de recursos suficientes para las líneas prioritarias de gasto, la Comisión Europea propone encontrar un equilibrio entre el recorte de gastos y la búsqueda de nuevos ingresos. Aunque los números que se barajan en la propuesta de la Comisión todavía deben ser debatidos y consensuados por todos los Estados miembros, sirven como punto de partida en las negociaciones y señalan cuáles son los retos y las restricciones que se deberán superar.

En particular, la institución propone un aumento moderado de los fondos desde el 1,03% actual hasta el 1,14% de la renta nacional bruta de la Unión, una cuantía que sigue siendo modesta en comparación con el tamaño de la economía de la UE. Sin embargo, algunos países, como Austria y los Países Bajos, se oponen a esta opción e insisten en que, tras el Brexit, se de­­bería reducir el tamaño del presupuesto y trabajar para hacerlo más eficiente.

Asimismo, la Comisión propone in­­troducir nuevas fuentes de ingresos propios, como im­­puestos medioambientales, aunque algunos países miem­­bros ya han mostrado su reticencia a ceder autoridad tributaria a Bruselas. No obstante, es probable que en los próximos años se avance en la introducción de nuevas fuentes de ingresos ya que, tras la salida del Reino Unido, los que no querían avanzar en esta dirección pierden un aliado de mucho peso.

Por el lado del gasto, la Comisión plantea simplificar y reor­­ganizar los compromisos de gasto hacia aquellas prioridades mencionadas anteriormente que han ganado en importancia, así como reducir la proporción de recursos que se destinan a los dos programas más importantes en cuanto a tamaño se refiere, es decir, la Política Agraria Común (que emplea el 39% del total de gasto) y el Fondo de Cohesión (que representa alrededor del 27%).

Sin em­­bargo, algunos países beneficiarios de estos fondos, como Irlanda o Polonia, rechazan esta estrategia por miedo a sufrir recortes, por lo que acordar qué partidas recortar para financiar las nuevas iniciativas puede poner en conflicto los intereses de los distintos países y ser un punto contencioso en las negociaciones.

Asimismo, hay otros puntos que pueden generar debate. Por un lado, la voluntad de la Comisión y de algunos Estados miembros de condicionar el gasto presupuestario que recibe un país al respeto de los valores y principios democráticos de la Unión puede acentuar las divisiones existentes entre los países del Este y Oeste de la Unión.

Y, por el otro, la propuesta de Francia y de la Comisión Europea de dedicar recursos (el 2,3% del presupuesto) a una institución que ejerza una función macroestabilizadora en la eurozona, que permita hacer frente a futuros shocks, ya cuenta con la oposición de, entre otros, los Países Bajos y Finlandia –países que subrayan la importancia de que cada país sea responsable de su política fiscal.

Así, la discusión sobre el próximo Presupuesto supone, en principio, una oportunidad para reformar las finanzas europeas y enfatizar el principio de que la puesta en común de recursos a nivel europeo puede añadir valor en algunos ámbitos y producir resultados que el gasto individual de los países, por sí solo, no puede.
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