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¿Qué tienen que aprender las fintech españolas de China?

10 de Enero de 2019
El organismo advierte de que Shanghái afronta

Tanto por su número de clientes como por su tamaño, el actual ecosistema de fintech de China se perfila como uno de los más grandes del mundo.

China despunta como uno de los mercados más dinámicos y avanzados a nivel mundial en fintech. En apenas dos décadas, su sistema financiero ha experimentado un cambio trascendental de la mano de las nuevas tecnologías, cuya irrupción masiva ha hecho que las fintech chinas sirvan de ejemplo en todo el mundo.

Tanto por su número de clientes como por su tamaño, el actual ecosistema de fintech de China se perfila como uno de los más grandes del mundo, según un estudio del Banco de España. Su configuración se debe a los cambios que vinieron por las deficiencias estructurales que tenía el sistema financiero tradicional, el alto nivel de conectividad digital de la sociedad, la elevada importancia relativa del comercio electrónico y el entorno gubernamental y regulatorio favorable a la innovación. 

En este nuevo contexto, ¿qué pueden aprender las fintech españolas de la situación que se vive en China? En primer lugar, China ha despuntado en lo que se refiere al grado de madurez de su infraestructura digital, que beneficia el desarrollo de las fintech. De hecho, el país ha sido testigo de una de las tasas de adopción de las nuevas tecnologías más aceleradas del mundo. El eje central de este proceso ha sido Internet y, sobre todo, las tecnologías móviles como elementos dinamizadores del consumo privado.

En concreto, China acumula el 25% de los usuarios globales de Internet (más que los Estados Unidos, India y Japón juntos), lo que supone que, en apenas veinte años, la mitad de su población ha pasado a tener presencia en las redes. A su vez, el país cuenta con casi 700 millones de teléfonos móviles y el valor de las transacciones de pago realizadas a través de smartphones es 11 veces superior al registro de EEUU. 



Además de ser un mercado digitalizado, la aparición y consolidación de ecosistemas digitales promovidos por gigantes tecnológicos es otra clave para explicar la facilidad de adaptación de las fintech. Empresas como Baidu, Alibaba o Tencent han apostado por un modelo de crecimiento a través de plataformas transversales orientadas a ofrecer una experiencia de consumo integral. 

Estas compañías son las principales promotoras de la inversión de capital riesgo en el país, bien a través de la inversión directa en otras start-ups o como referente para las estrategias de crecimiento de otras empresas de tecnología. 

En una década, la relevancia de China en el comercio digital a escala mundial ha experimentado un vuelco radical. De suponer apenas el 1% de la cifra, el país ahora es responsable de prácticamente la mitad de la facturación y, todo ello, fruto de un crecimiento sostenido a tasas interanuales cercanas al 25%. China es la nación donde las ventas en línea tienen más peso en el comercio minorista

Por otro lado, las plataformas en China han apostado por posicionarse como proveedores integrales tanto de contenidos como de servicios de valor añadido. Además, su desarrollo ha estado anclado en el despliegue de unas estrategias comerciales basadas en ganar popularidad rápidamente. 

Otro factor diferencial importante del ecosistema chino de comercio electrónico es el relativo al tratamiento de los datos personales. Al margen de una cierta despreocupación de los consumidores, el marco regulatorio ha sido laxo en lo que respecta a la captación, al almacenamiento y el uso de este tipo de datos. 

Modernizar las fintech
Con el propósito de acelerar la modernización de su industria financiera y de dinamizar el consumo a través de una mayor inclusión financiera, el Gobierno chino ha hecho de la digitalización y de la promoción de las tecnologías innovadoras uno de los pilares de sus planes de desarrollo quinquenales. 

En línea con estos objetivos, tanto el marco regulatorio como el supervisor fueron, en sus inicios, generalistas, con la consiguiente indefinición en el tratamiento de ciertas actividades y de proveedores emergentes. Ello posibilitó su rápida expansión a costa de un cierto nivel de arbitraje, que, como en el caso de la financiación participativa, ha tenido como inconveniente la aparición de comportamientos irregulares y fraudulentos, que finalmente se saldaron con la desaparición de entre el 40% y el 60% de los prestamistas.

En atención a estas circunstancias, a partir de 2015 las autoridades chinas comenzaron a apostar por un moderado cambio de rumbo. Con esa intención, las autoridades han definido un marco de principios fundamentales para el fomento de un ecosistema financiero digital sano, siendo este un primer paso dentro de una agenda regulatoria específica, que, poco a poco, se está completando mediante un cuerpo normativo orientado a cada tipo de actividad. 

Sumado a lo anterior, se ha adoptado una política más restrictiva en diversos campos de actividad destacados. Por ejemplo, desde septiembre de 2017 las plataformas de intercambio de monedas virtuales están prohibidas, así como las actividades de captación de fondos estructuradas a través de ICO (Initial Coin Offerings). De igual manera, desde abril de 2018 la gestión de activos en línea se tipifica como un negocio franquiciado sujeto a la prescriptiva licencia antes de su comercialización masiva.

Paralelamente, se han emprendido otras actuaciones de apoyo a los actores emergentes, como, por ejemplo: alentar a la banca tradicional para que proporcione a los anteriores facilidades de depósitos y financieras y servicios de liquidación; simplificar los procedimientos administrativos para la obtención de las preceptivas licencias; conceder beneficios fiscales a las start-ups, o promover el desarrollo de una infraestructura de compensación y de liquidación a medida.

¿Cuáles son los principios macro de la regulación aplicable a la economía digital?
- Fijación de umbrales mínimos y de techos para el acceso a los diferentes tipos de actividad. Establecimiento de límites al tamaño máximo del negocio.
- Creación de roles diferenciados para distintas clases de proveedores de servicios financieros digitales.
- Reforzamiento de las medidas de gestión y salvaguarda de los fondos de los clientes.
- Determinación de unas reglas detalladas para la gestión de los riesgos y el fomento de la transparencia.
- Reforzamiento de los mecanismos de protección de la clientela, la seguridad de la información y de las comunicaciones y la prevención del blanqueo de capitales y financiación del terrorismo.
- Desarrollo de un régimen sancionador adecuado.
- Establecimiento de una estructura dedicada al control de los riesgos.

Asimismo, el sector fintech ha contado con un apoyo gubernamental directo y abierto sin el que difícilmente podría explicarse buena parte de su crecimiento. Dentro de este extenso catálogo de medidas, destaca la creación de un circuito de financiación pública de startups a través de la creación de fondos de inversión de titularidad estatal, la concesión de significativos subsidios públicos o la apertura de parques tecnológicos cofinanciados por empresas u otros organismos de propiedad pública.

Por último, el plan quinquenal vigente (período 2016-2020) contempla una amplia serie de medidas complementarias dirigidas al fomento de la actividad fintech.
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