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El gigante asiático, preparado para asumir un papel de liderazgo a nivel mundial

19 de Abril de 2018
Hong Kong, China

Hong Kong, China

En 2017, China es la segunda economía del mundo y la primera economía desarrollada más grande. A lo largo de la pasada década contribuyó más que ningún otro país al crecimiento de la economía global, mostrando en 2017 signos evidentes de recuperación. Los actuales indicadores sugieren que China se encuentra ante un nuevo ciclo económico expansivo.

El gigante asiático está preparado para asumir un papel de liderazgo a nivel mundial en un entorno globalizado y al margen de la ola de proteccionismos que está surgiendo en algunas economías. Prueba de ello es el impulso de China a iniciativas de cooperación comercial internacional como el "Cinturón y la Ruta de la Seda".

El gobierno de Pekín está promoviendo medidas y proyectos económicos ambiciosos para llevar al país a mayores cotas de desarrollo y crecimiento, ampliando al mismo tiempo el grado de apertura de su economía. El presidente Xi ha presentado las líneas maestras del desarrollo de China para los próximos años a partir del actual ciclo económico expansivo y de un nuevo modelo de globalización.

Un reciente informe de KPMG analiza en profundidad el alcance de esta nueva fase de crecimiento de la economía china y las perspectivas que se abren para el desarrollo de la cooperación de empresas extranjeras. Según señala el documento, la recuperación y el firme crecimiento de inversiones de mayor calidad dentro y fuera de China apoyarán el actual proceso de transformación para impulsar la economía nacional, así como para mejorar el dinamismo y la resiliencia del comercio global y de los flujos de inversión.

A largo plazo, la inversión y el comercio chinos jugarán un papel clave en la recuperación de la economía global y el desarrollo de un nuevo modelo de globalización más inclusivo.

Las medidas anunciadas recientemente por el Gobierno chino pretenden también fomentar la inversión extranjera en China, alentar la supervisión y la regulación del mercado, mejorar la gestión de los flujos de inversión transfronterizos y profundizar en las reformas del sistema financiero. Sin embargo, serán necesarios ciertos cambios en la mentalidad y la conducta de los inversores sobre la manera de aprovechar este nuevo impulso económico.

La cooperación entre empresas chinas y extranjeras, incluyendo las de inversión y las entidades financieras, será habitual en el contexto del nuevo ciclo económico y bajo el nuevo paradigma de globalización que promueve el Gobierno chino. Ello contribuirá a que las empresas localicen sus inversiones y generen confianza con accionistas locales e internacionales, complementen sus respectivas ventajas comparativas para crecer de forma conjunta en terceros mercados y aprovechar oportunidades de inversión a lo largo de los países que integran la iniciativa "Cinturón y Ruta de la Seda".

El nuevo ciclo de crecimiento de economía china permitirá atraer inversiones extranjeras de alta calidad, más centradas en tecnologías avanzadas y áreas relacionadas con la I+D y el desarrollo de marcas.

Las empresas foráneas que inviertan se beneficiarán del potencial de una clase media en plena expansión. Las compañías extranjeras podrán incrementar su colaboración con las empresas locales, aumentar sus inversiones en el mercado chino y que el Gobierno de Pekín vea reforzada su confianza en ellas para contribuir a la transformación económica de China.
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