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La inversión en las economías avanzadas retoma la senda del crecimiento

06 de Abril de 2018
En el caso español, la inversión productiva extranjera alcanzó 36.122 millones de euros brutos en 2017.

En el caso español, la inversión productiva extranjera alcanzó 36.122 millones de euros brutos en 2017.

La inversión ha mostrado una recuperación lenta y moderada tras la crisis financiera global, en comparación con la salida de otras recesiones. La recuperación más modesta de la actividad y de la inversión se ha debido a la naturaleza eminentemente financiera de la crisis, a pesar de que la respuesta de las políticas, fundamentalmente la monetaria, ha contribuido a suavizar el efecto de las fricciones financieras y del aumento de la incertidumbre, según un informe del Banco de España.

Sin embargo, desde finales de 2016 la inversión empresarial ha cobrado un nuevo impulso en las principales economías desarrolladas. En concreto, el fortalecimiento de las empresas, los cambios en fiscalidad a nivel mundial y el desarrollo de la internacionalización en un contexto global han impulsado a la inversión para que retome su senda de crecimiento. 

En un gran número de sectores, la proporción de la inversión total en activos intangibles ha crecido notablemente, al tiempo que se ha ido reduciendo su tasa de inversión. Este fenómeno seguirá incidiendo en los próximos años, en la medida en que los avances tecnológicos mantengan esta orientación. En cuanto al coste relativo de los factores de producción, la innovación tecnológica ha determinado un abaratamiento relativo del precio de los bienes de inversión, desde antes de la crisis financiera global, que no se ha visto compensado por el aumento de la tasa de depreciación.

Además, a ello se une que tanto el tipo de interés real como los impuestos que recaen sobre las empresas han tendido a reducirse, por lo que es lógico que el coste de uso del capital haya disminuido.

De cara al futuro, cabe esperar según el Banco de España que, pese al previsible aumento de los tipos de interés reales, la potencial reacción de los salarios a unos mercados de trabajo con muy poca holgura actúe de contrapeso sobre el coste relativo del capital y favorezca a la inversión, en un contexto de menor apalancamiento empresarial. Además, la reducción de la carga fiscal de las empresas en Estados Unidos y en el Reino Unido podría tener un efecto dinamizador sobre la inversión en ambos países.

Por otro lado, la creciente internacionalización de las empresas ha llevado a que sus decisiones de producción y de inversión adquieran una dimensión global, que ha podido afectar a la inversión productiva en las economías avanzadas. 

En el caso español, la inversión productiva extranjera alcanzó 36.122 millones de euros brutos en 2017, lo que supone un 0,7% más respecto a 2016, marcando la cifra más alta desde 2008, de acuerdo con los datos publicados por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad. Economía señala que, al comparar la media de los últimos cinco años, hay un aumento de la inversión bruta del 25,6% y del 18,7% en términos netos.

Un elemento adicional que se debe tener en cuenta es la mejora de la actividad global, que ha ganado solidez en 2017 y es un importante factor de estímulo de la inversión. En el caso de Estados Unidos, la recuperación de la inversión observada desde 2016 se explica por el crecimiento de la actividad y el descenso del precio relativo del capital.

El impulso fiscal previsto en Estados Unidos, que incorpora una reducción de la carga fiscal de las empresas, debería elevar la inversión de esta economía en los próximos años.

En el Reino Unido, la recuperación de la inversión se explica, principalmente, por la evolución del coste relativo del capital, que ha retomado una senda de moderado descenso. Aunque el Brexit es una factor de incertidumbre para este territorio. También en el Reino Unido, la reducción aprobada del impuesto sobre sociedades debería elevar la rentabilidad neta de la inversión.

En el conjunto mundial, cabe esperar que, a corto y medio plazo, el repunte cíclico de la actividad, el avance en el proceso de desapalancamiento, los cambios en la fiscalidad de las empresas y la generalización de la recuperación de los salarios, en un contexto de reducción de las tasas de desempleo, sean factores que induzcan un mayor dinamismo de la inversión.

En sentido contrario, tenderá a operar el curso de normalización de la política monetaria, que incidirá en un aumento, en principio muy progresivo, de los tipos de interés reales. Más a largo plazo, los factores tecnológicos continuarán dominando la evolución de la inversión, con una orientación hacia los intangibles, que afectaría negativamente a la tasa de inversión agregada. El principal elemento de incertidumbre radica en el riesgo de una escalada mundial de políticas proteccionistas, iniciadas en Estados Unidos, que pongan en peligro el proceso de globalización.
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