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El medio ambiente, la ciberseguridad y la geopolítica, los riesgos de 2018

22 de Enero de 2018
La urgencia para afrontar los desafíos sistémicos del mundo se ha intensificado desde el pasado año y han proliferado las señales de incertidumbre, inestabilidad y fragilidad.

La urgencia para afrontar los desafíos sistémicos del mundo se ha intensificado desde el pasado año y han proliferado las señales de incertidumbre, inestabilidad y fragilidad.

La recuperación económica sigue su curso, ofreciendo al mismo tiempo nuevas oportunidades de progreso y poniendo en evidencia los desafíos globales que aún es necesario abordar. Un año después del último informe publicado por el Foro Económico Mundial sobre los riesgos globales, la percepción sobre ellos no ha variado sustancialmente

Sin embargo, se observa una mayor preocupación respecto a los riesgos de degradación medioambiental, de ciberseguridad y los geopolíticos.

Así lo refleja la edición 2018 del informe Global Risks Report, en el que han colaborado cerca de 1.000 expertos y autoridades de todo el mundo para identificar y analizar 30 riesgos globales relevantes. La urgencia para afrontar los desafíos sistémicos del mundo se ha intensificado desde el pasado año y han proliferado las señales de incertidumbre, inestabilidad y fragilidad.

La percepción sobre los riesgos que pueden afectar a  la conservación del medio ambiente ha aumentado de forma notable. Esta tendencia se ha acentuado en el último año, caracterizado por el gran impacto de los desastres naturales ocurridos, las temperaturas extremas y el primer aumento de las emisiones de CO2 en cuatro años.

La biodiversidad  y los sistemas agrícolas, cada vez están más amenazados por la contaminación. Una creciente tendencia hacia el unilateralismo puede dificultar la sostenibilidad a largo plazo de las respuestas globales para atajar problemas como el calentamiento planetario y la degradación del medio ambiente.

Los riesgos en materia de ciberseguridad también son cada vez mayores, tanto en su prevalencia como en su potencial disruptivo. Los ataques contra empresas se han duplicado en los últimos cinco años y los incidentes que antes podían considerarse excepcionales comienzan a repetirse cada vez con más frecuencia.

El impacto financiero de las brechas de ciberseguridad está aumentando y algunos de los costes más elevados en 2017 tienen que ver con estos ataques, que supusieron el 64% de todos los correos electrónicos maliciosos. Notables ejemplos fueron el virus “WannaCry”, que afectó a 300.000 ordenadores en 150 países, y el “NotPetya”, que provocó pérdidas trimestrales por 300 millones de dólares a numerosas empresas.

Otra tendencia en alza es el uso de los ciberataques dirigidos a infraestructuras críticas y sectores estratégicos, que aumentan el temor a posibles escenarios catastróficos de inhabilitación o destrucción de sistemas vitales para el funcionamiento de la sociedad.

Los principales indicadores económicos sugieren que el mundo está finalmente dejando atrás la crisis que irrumpió hace una década, pero esta favorable evolución oculta importantes problemas. La economía global se enfrenta a una mezcla de persistencia de vulnerabilidades y nuevas amenazas que han surgido o evolucionado desde el fin de la reciente crisis.

Entre los riesgos más conocidos se mencionan la insostenibilidad de los precios de los activos, el elevado endeudamiento, sobre todo de China; y las continuas tensiones en el sistema financiero global.

Entre los nuevos desafíos cabe mencionar la limitada capacidad para responder a otra crisis global, las disrupciones causadas por la intensificación del proceso de automatización y digitalización y las presiones de la vuelta al proteccionismo, junto al aumento del nacionalismo del populismo en el plano político.

A nivel geopolítico, el mundo se ha movido hacia una nueva fase. Las reglas en las que se han basado las relaciones multilaterales están tendiendo a quebrarse. El restablecimiento del Estado como prioridad del poder y la legitimidad se ha convertido en una estrategia cada vez más atractiva para muchos países. No hay signos de que las principales potencias mundiales respeten plenamente las normas y las instituciones internacionales existentes.

Esta situación está generando nuevos riesgos e incertidumbres: aumento de las tensiones militares, conflictos económicos y comerciales y desestabilización de las condiciones políticas nacionales motivadas por intereses geopolíticos exteriores. Las relaciones internacionales están adoptando formas más diversas.

Más allá de los conflictos militares convencionales, hay que considerar también los riesgos relacionados con la guerra electrónica, la reconfiguración de los vínculos comerciales y de inversión, los conflictos alentados por potencias en otros países en los que no participan directamente, cambiando las dinámicas de alianzas internacionales.

Evaluar y mitigar los riesgos en todos los potenciales escenarios de conflicto con un sentido de anticipación tendrán que ser tareas prioritarias para la agenda geopolítica global de cara al próximo año.
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