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El diablo viste de ManéMané

29 de Enero de 2018
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Una propuesta divertida con la que el extremeño vuelve a los orígenes de su firma, sacando el baúl de telas del desván y mezclando patrones y materiales aleatorios.

Agencia EFE
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Una propuesta divertida con la que el extremeño vuelve a los orígenes de su firma, sacando el baúl de telas del desván y mezclando patrones y materiales aleatorios.

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Una propuesta divertida con la que el extremeño vuelve a los orígenes de su firma, sacando el baúl de telas del desván y mezclando patrones y materiales aleatorios.

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Una propuesta divertida con la que el extremeño vuelve a los orígenes de su firma, sacando el baúl de telas del desván y mezclando patrones y materiales aleatorios.

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Una propuesta divertida con la que el extremeño vuelve a los orígenes de su firma, sacando el baúl de telas del desván y mezclando patrones y materiales aleatorios.

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Una propuesta divertida con la que el extremeño vuelve a los orígenes de su firma, sacando el baúl de telas del desván y mezclando patrones y materiales aleatorios.

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Una propuesta divertida con la que el extremeño vuelve a los orígenes de su firma, sacando el baúl de telas del desván y mezclando patrones y materiales aleatorios.

Agencia EFE
Las cortinas antiguas bordadas en tonos lóbregos, la funda de un sofá, gorda en tonos marrones y beige, los manteles blancos calados. Cualquier tejido le sirve a Miguel Becer para hacer una colección como esta, llena de combinaciones atrevidas que bien podrían vestir la versión española de "El diablo viste de Prada".

"Para esta colección he intentado entender a todas las mujeres que están alrededor de la moda y la marca, que estudian las tendencias, organizan editoriales...", explicaba Miguel Becer a Efe Estilo, antes de mostrar su colección, en la que ha jugado a diseñar "como lo habrían hecho ellas".

El resultado ha sido una propuesta divertida con la que el extremeño vuelve a los orígenes de su firma, sacando el baúl de telas del desván y mezclando patrones y materiales aleatorios, como una falda gruesa, acolchada, que se combina con un "top" fino, voluminoso por delante y atado en la espalda con un delicado lazo.

Así, formas y tejidos se entrelazan en cada estilismo como por arte de azar, logrando un resultado tan desinhibido como coherente. Igual que todos esos "looks" arriesgados pero acertados que protagonizan los "street style" de las semanas de la moda.

Uno de los guiños a esas estilistas han sido las sandalias de tacón con calcetines gordos y deportivos, y las mezclas de colores tradicionalmente enfrentados, como azul eléctrico y verde pino. Combinaciones con las que el diseñador ha querido "jugar al contraste" para hacer "el ejercicio de estilismo que hacen estas profesionales a la hora de vestirse".

"He jugado con las prendas, que parecen un cosa pero luego son otra", señala el creador, quien ha presentado abrigos finos con patronajes propios de vestidos de noche, mientras sus ya clásicos mini vestidos se cubrían de materiales más gruesos (como las telas acolchadas, otra de sus insignias) y costuras "burdas".

Las lazadas han sido la herramienta elegida por el creador para preservar la feminidad de sus prendas, en las que los volúmenes "oversized" y piezas desproporcionadas se ajustaban al cuerpo con delicadeza gracias a cintas atadas a la espalda.

Mientras la colección presentada en septiembre fue una oda al negro, en esta ocasión, Becer ha roto la unidad cromática. Ocres brillantes, granates sobre los que se bordan flores antiguas de todos los colores y tartanes en verdes intensos han sido algunos de los pilares sobre los que ha girado el desfile, potenciando esa idea de "la mujer que se divierte experimentando con la ropa".

"Todas mis colecciones son propuestas para una niña muy joven que pasa de la adolescencia a la edad adulta, empieza a trabajar y a ser más independiente", explicaba Becer, quien imaginaba a estas jóvenes saliendo de su desfile para pasar una noche en pleno centro de la ciudad.

Por eso, MANÉMANÉ ha compartido localización con Leandro Cano y Juan Vidal, quienes han trasladado sus pasarelas a la sede de la Comunidad de Madrid, la antigua Casa de Correos, situada en la Puerta del Sol.

Música electrónica profunda y luces verdes han ayudado a recrear el ambiente de discoteca, con un punto de oscuridad "underground", que siempre rodea a las exhibiciones de Becer.

Precisamente ese estilo es el que ha llevado las creaciones del extremeño a tiendas internacionales de renombre como Opening Ceremony o Lafayette, donde sus gafas de sol son "un best seller". Por eso, uno de sus planes tras el desfile es seguir trabajando en nuevos diseños de gafas, para renovarlas cada temporada.

Y quién sabe, puede que sus nuevas gafas, igual que han conquistado a "club kids" como la modelo española Sita Abellán, acaben conquistando también a las editoras de moda.

Ya por la mañana, la pasarela madrileña retomó hoy aires roqueros con Alvarno, mientras María Escoté, una de las diseñadoras favoritas de Miley Cyrus y Lady Gaga, presentó prendas con toques retrofuturistas y Jorge Vázquez, hacia la sobremesa, apostó por un recuerdo de su niñez, la serie "Dinasty", para vestir a una mujer dulce y otra intensa.

Alvarno firmó un trabajo contenido donde los flecos y la bámbula de seda se encargaron de dar movimiento a blusas, faldas y pantalones. Alvarno versionó la capa en blusas y en abrigos envolventes de doble faz conjuntados con jerséis y camisetas con personajes de la película Star Wars.

Algunas de las prendas se colorearon con pinceladas a modo del pop art de Andy Warhol en naranja flúor, violeta, amarillo y azul eléctrico, colores presentes en unas propuestas que se movieron al ritmo del blanco y el negro.

Jorge Vázquez desempolvó una serie mítica de los ochenta, "Dinasty", para hacer un duelo estilístico con sus protagonistas, Krystle y Alexis, que desembocó en unas prendas "angelicales" y otras más "agresivas". De ahí, que aparecieran siluetas entalladas, volúmenes en las mangas y talles marcados, unos patrones asociados a estas mujeres con un gusto estético concreto, pero diferente.

Cyntia, un maniquí móvil creado por el artista Lester Gaba en los años 30, fue la musa de Juan Vidal, y el punto de partida de un trabajo que mostró estampados surrealistas de ese "rocambolesco" personaje que se paseaba por clubes nocturnos y protagonizó una película siendo una muñeca de plástico. Pese a ese aire irreal se trata de una colección seria, de calidad, de trabajo a conciencia. "Hay mucha prendas, y superposiciones", explicó Juan Vidal.

Después de un tiempo alejado de la pasarela, Leandro Cano regresó con un desfile inspirado en los toros y en la religión, dos temáticas que llevan a sus raíces "para crear un concepto nuevo empezando desde cero". Un desfile sobrecogedor, intimista y ligado a sus raíces donde la artesanía del punto, la arpillera, y las telas pintadas apuntan al manierismo del diseñador a la hora de crear.
 
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