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Cambio político

La situación económica que gestionará el próximo líder de la Junta de Andalucía

03 de Diciembre de 2018
Imagen del Palacio de San Telmo, la sede del Gobierno andaluz en Sevilla.

Imagen del Palacio de San Telmo, la sede del Gobierno andaluz en Sevilla.

La economía andaluza mantiene la recuperación, pero aún siguen existiendo grandes retos como la desaceleración y las altas tasas de desempleo. Éste es el escenario que tendrá que gestionar el próximo líder de la Junta de Andalucía. Aunque el PSOE ha ganado las elecciones, su pérdida de 14 escaños podría permitir que, por primera vez en 36 años, el PSOE no logre liderar el Ejecutivo de la comunidad.

El PIB en 2017 superó los 160.000 millones de euros en la región, mejorando en términos reales (homogéneos) los niveles previos a la crisis, tras acumular un avance del 11,2% entre 2013 y 2017, según un documento de la Confederación de Empresarios de Andalucía sobre las elecciones que se celebraron ayer en en la comunidad, en las que las fuerzas de centro-derecha han conseguido los apoyos suficientes para poder cambiar la presidencia de la Junta de Andalucía.

En este periodo de recuperación, el tejido empresarial andaluz ha aumentado un 8,6% (por encima de los registros medios nacionales), y recuperó, en número de empresas, tres cuartas partes de lo destruido en la pasada crisis. Esto supone que ahora haya 40.000 empresas más que a finales de 2013 operando en la comunidad autónoma, y que sean más de 510.000 las empresas que están creando empleo y riqueza en la autonomía andaluza.

Esta mejora de las actividades económicas y empresariales ha permitido recuperar la cota de los tres millones de ocupados en Andalucía, tras la creación neta de 460.000 empleos desde finales de 2013, lo que supone un crecimiento acumulado del 18%.

Según el análisis de la CEA, en los últimos cuatro ejercicios se ha producido un crecimiento económico sostenido, acompañado de expansión empresarial y creación neta de empleo, que están teniendo continuidad en 2018. Sin embargo, la desaceleración también está empezando a ser una realidad.

Andalucía, tras crecer un 3% en 2017 (similar en 2016), registró en el primer semestre de 2018 un ritmo de avance más débil. El PIB se situó en tasas próximas al 2,6% interanual, una tasa similar a la que se espera para todo el ejercicio en curso. Según los empresarios de Andalucía, se reducirán algo más para 2019. Se pasará de crecer por encima del 3% anual, a hacerlo en el entorno del 2%.

Desde la óptica laboral, en Andalucía se sigue creando empleo, pero también a menor ritmo. Se ha pasado de un 4,1% en 2017, al 2,2% acumulado en el primer semestre de 2018, según las estadísticas de la Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística.

El desempleo sigue cayendo con fuerza (creación de empleo en una coyuntura de pérdida de población activa), pero la tasa de paro regional, aunque en descenso (retrocede más de dos puntos en doce meses), aún se sitúa en el 23,1% (910.000 personas) de la población activa, frente al 15,3% nacional (3,5 millones personas). Pero lo más preocupante de cara al futuro es que la tasa de paro juvenil en Andalucía alcanza el 47,3% (34,7% nacional).

A esto se suma que la moderación en la actividad económica se traslada a las expectativas para el próximo ejercicio. "Moderación que no debe confundirse con deterioro, pues los pronósticos siguen estando en positivo, y dibujan una economía que crea empleo y riqueza, si bien en un contexto donde se agotan los estímulos externos y resurgen los riesgos, que en cierta medida derivan de la acción política", señala la CEA en el informe.

Los desafíos a los que se enfrenta la economía andaluza
Los riesgos para la economía andaluza, que tendrá que afrontar el próximo presidente de la Junta, en buena medida proceden del deterioro en el entorno económico internacional, por la desaceleración del crecimiento de las economías emergentes y el impacto en el comercio internacional de las medidas proteccionistas auspiciadas desde economías desarrolladas.

A esto se suman las crisis institucionales en el seno de Europa, con cuestiones abiertas como la negociación del Brexit, la crisis italiana o el auge de populismos antieuropeístas. Y, en clave interna, las incertidumbres políticas, las tensiones territoriales y, en suma, la percepción bastante generalizada de que falta un verdadero pacto o proyecto país, lo que ejerce una incidencia muy negativa en las expectativas de los agentes económicos privados.
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