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El perfil del emprendedor español: hombre, de mediana edad y con formación superior

23 de Abril de 2018
La edad media de las personas que fueron identificadas como emprendedores potenciales fue de 38,4 años.

La edad media de las personas que fueron identificadas como emprendedores potenciales fue de 38,4 años.

La edad media de las personas emprendedoras suele aumentar a medida que estas avanzan dentro del proceso emprendedor. Por ello, la edad es probablemente uno de los rasgos más distintivos para caracterizar a las personas involucradas en las distintas etapas del proceso emprendedor.

Al menos los datos recogidos por el proyecto GEM en España durante el 2017 así lo corroboran, ya que la edad media de las personas que fueron identificadas como emprendedores potenciales fue de 38,4 años, mientras que la edad de quienes cualificaron como emprendedores en fase inicial y como empresarios consolidados fue en promedio de 40,0 y 49,7 años, respectivamente.

Asimismo, de manera consistente, el tramo de edad con mayor concentración de empresarios consolidados fue el de 45 a 54 años (39,9%), seguido por el 55 a 64 años (31,2%), el de 35 a 44 años (23,5%) y los dos tramos de menos de 35 años (5,4% en conjunto). La edad de las personas emprendedoras es relativamente mayor conforme estas se encuentran en etapas más avanzadas del proceso emprendedor.

Aunque los emprendedores en fase inicial se concentraron en el último año en edades de 35 a 44 años, fue la población de 25 a 34 años la más propensa a emprender. En concreto, el 8,3% de la población española de 25 a 34 años en 2017 estaba involucrada en negocios nacientes o nuevos, mientras que entre las personas de otras edades este porcentaje fue menor. De hecho, las personas de 25 a 34 años y de 35 a 44 años son, en conjunto, las que mayor propensión a emprender tienen en España.

Distribución por género
El 55,1% de los emprendedores del último año corresponde al género masculino, mientras que el 44,9% corresponde al género femenino. En otras palabras, un número aproximado de entre cinco y seis de cada diez personas emprendedoras en fase inicial durante el 2017 eran hombres frente a un número de entre cuatro y cinco que eran mujeres. Esta diferencia también se observa entre los empresarios consolidados identificados en el último año, cuya población estaba compuesta en mayor medida por hombres (60% del total) que por mujeres (40%).

Las diferencias de género observadas en la composición de la población emprendedora en España coinciden con que la propensión a emprender es también distinta entre hombres y mujeres. Durante los años de los que se tiene registro, la población adulta de hombres ha sido de forma continua más propensa a emprender que la de mujeres.

Solo en el 2017, el 6,8% de la población adulta masculina en España estaba participando en iniciativas emprendedoras en fase inicial, mientras que en el caso de la población adulta femenina la participación era del 5,6%. Sin embargo, a pesar de haber existido históricamente una clara brecha entre hombres y mujeres, las diferencias de género a la hora de emprender se han ido reduciendo de forma visible en los últimos años.

Distribución por nivel de educación
La distribución de la población emprendedora por nivel de educación revela que un 49,8% corresponde a personas emprendedoras en fase inicial que tenían educación superior (como licenciado, ingeniero o equivalente) o de postgrado (bien sea en máster o doctorado), mientras que el 50,2% corresponde a personas que tenían educación secundaria o primaria.

Por su parte, la proporción de casos con nivel de educación superior o de postgrado apenas representó el 40,2% de los emprendedores potenciales, así como el 35,8% de los empresarios consolidados y el 35,7% de las personas que habían abandonado un negocio en los últimos 12 meses. Además, casi la mitad de los emprendedores en fase inicial y de los emprendedores potenciales identificados en España en el último año tenían formación específica para crear empresas (49,2% y 49,4%, respectivamente).

De esta manera, las personas inmersas en las primeras fases del proceso emprendedor parecen estar preparadas para crear empresas en mayor medida que aquellas que se encuentran en etapas más consolidadas dentro del proceso emprendedor o habían abandonado un negocio.

A pesar de que un poco menos de la mitad de la población emprendedora en fase inicial del último año contaba con formación universitaria, el colectivo más propenso a emprender año tras año ha sido el de las personas adultas con un nivel de educación superior, seguido por las personas con nivel de educación medio y, por último, las personas con nivel de educación bajo.

Distribución por nivel de renta
Dado que en las etapas tempranas de puesta en marcha del negocio las personas emprendedoras suelen hacer uso de sus recursos propios o ahorros personales para financiar sus proyectos, el nivel de renta constituye un aspecto relevante del perfil demográfico. Los emprendedores suelen ser población ubicada en el tercio superior del nivel de renta.

Asimismo, aunque entre el 2015 y el 2016 el emprendimiento de la población ubicada en el tercio superior de renta disminuyó (del 12,2% al 7,6%) y el de la población ubicada en el tercio medio aumentó (del 5,3% al 8,5%) para ponerse por delante, la evolución de este indicador en el 2017 volvió a recuperar el patrón visto en los años anteriores, dejando así constancia sobre la importancia del nivel ingresos a la hora de emprender.
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