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La sofisticación del delito requiere reacción

Cuatro pasos para luchar contra el fraude en las empresas

20 de Marzo de 2018
En las administraciones de las Comunidades Autónomas, el plazo de pago se reduce hasta los 57 días.

El 49% de las empresas consultadas habían sido victimas de fraude o crimen económico.

La lucha contra el fraude es un problema que ocupa hoy día el centro de la estrategia de muchas compañías. Lejos están los días en los que se veía como un incidente aislado de mala conducta, una costosa molestia o un mero asunto de incumplimiento de la legalidad.

En buena parte, se debe a que el impacto de los casos de fraude en las empresas ha aumentado de manera significativa en los últimos años, en un entorno económico cada vez más digital y global. De hecho, el fraude casi podría considerarse un sector en el más amplio sentido de la palabra, dotado de recursos tecnológicos, potencial de innovación, sentido oportunista y capacidad de expansión. El fraude se ha convertido en un competidor al que muchas empresas aún no tienen en cuenta.

El 49% de las compañías que han colaborado en la realización del informe "Global Economic Crime and Fraud Survey 2018" publicado por PwC han reconocido haber sido víctimas de fraudes o crímenes económicos. Sin embargo, esta cifra podría ser mayor y llegar hasta el 51% debido a que en realidad muy pocas compañías se encuentran completamente al margen del riesgo de sufrirlos.

El informe sugiere adoptar una estrategia en cuatro pasos para luchar contra el fraude en las empresas:
 
1. Reconocer el fraude cuando se detecte.

2. Asumir un enfoque dinámico.

3. Aprovechar el potencial de protección de las tecnologías.

4. No solo invertir en máquinas sino también en el personal adecuado.

Para evitar estas anomalías también señala que el 42% de las empresas han incrementado el gasto en los dos últimos años para combatir el fraude. Aunque solo el 54% de las empresas consultadas habían realizado evaluación de riesgos de fraude y crímenes económicos en los dos últimos años.

La apropiación indebida de activos, el fraude al consumidor y el cibercrimen son los tipos de fraude más frecuentes, aunque el fraude al consumidor y el que deriva de la mala conducta empresarial son las formas de fraude que más han aumentado.

El informe revela un incremento significativo del fraude cometido por actores internos: un 52% frente al 46% del informe de 2016. Un alto porcentaje de estos delitos económicos se atribuyen a la gestión de directivos (24% frente al 16% en 2016). También destaca que es tres veces más probable que los fraudes y delitos económicos más perjudiciales sean cometidos desde el interior de la empresa que desde el exterior.

El 68% de los fraudes de origen externo proceden de actores que mantienen algún vínculo con la organización, como agentes comerciales, vendedores, proveedores o clientes. Así, el coste económico directo de los fraudes y delitos económicos puede ser relevante, pero si se tienen en cuenta otros costes secundarios, como investigaciones y otras intervenciones, las pérdidas son mucho mayores.

El 68% de los fraudes de origen externo son de actores que tienen algún vínculo con la organización

El 45% de los consultados señalaron que estas pérdidas fueron inferiores a los 100.000 dólares, mientras que el 30% revelaron que entre esta cantidad y los 5 millones de dólares. Por su parte, el 6% indicaron que tuvieron pérdidas entre 5 y 50 millones de dólares y el 3% por encima de esta última cifra.

El informe, que tiene como finalidad sacar a la luz un tema de importantes consecuencias estratégicas para numerosas organizaciones, se ha elaborado a partir de las respuestas de una encuesta a 7.200 altos directivos de una muestra de empresas de distintas partes del mundo, el 55% de ellas con más de mil empleados.

Los defraudadores y medios más sofisticados
Los avances tecnológicos han permitido a los defraudadores disponer de medios más sofisticados para realizar sus delitos, aunque también es cierto que se han reforzado al mismo tiempo los regímenes regulatorios en muchos países para hacer frente a este tipo de crímenes, incluso impulsando una mayor colaboración internacional.

Para afrontar los casos de corrupción y escándalos corporativos, en diversos lugares se han introducido reformas para mejorar los estándares de transparencia y contabilidad. Cada vez son más las empresas que reconocen que la corrupción y el fraude les suponen un lastre para competir a nivel global, convirtiéndose en un coste que a menudo es ignorado.

Se trata de un problema que responde a riesgos de diverso tipo: externos, internos, regulatorios o reputacionales; y obligan a adoptar una perspectiva más completa. No tener conciencia de las amenazas de fraude puede resultar muy peligroso para la competitividad de las empresas. La cuestión no es si estas son víctimas de fraude, sino si se encuentran alerta y preparadas ante un posible delito de esta clase.

El fraude que no se detecta puede ser tan importante como el que se ve. El informe de PwC muestra que, a pesar de que está creciendo la toma de conciencia sobre el peligro de los crímenes económicos, muy pocas compañías tienen realmente cuidado con estos riesgos. El informe no solo explora la cara visible del fraude, también muestra los puntos oscuros que les impiden tener una perspectiva más amplia del problema.
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