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Progreso tecnológico y apertura comercial

Los avances tecnológicos estimulan el comercio mundial

20 de Febrero de 2018
cambio tecnológico y el comercio

Importantes transformaciones en la estructura sectorial y ocupacional han tenido lugar en gran número de países en las pasadas dos décadas.

El progreso tecnológico y la apertura comercial, dos de los factores más importantes que han transformado la actual economía, están estrechamente relacionados. Ambos han contribuido a mejorar el bienestar y los estándares de vida en todo el mundo.

La tendencia hacia una economía global más integrada ha acelerado la difusión de la innovación. Al mismo tiempo, estos avances tecnológicos han ayudado a la creciente integración de la economía global. El resultado de todo ello es un círculo virtuoso en el que los avances tecnológicos estimulan la apertura comercial y ésta a su vez el progreso tecnológico, afianzando la integración y el crecimiento.

Para profundizar en la comprensión de las actuales tendencias del comercio internacional, la política comercial y el sistema comercial multilateral, la Organización Mundial de Comercio ha publicado un informe en el que analiza cómo están afectando al empleo y los salarios los cambios tecnológicos y el desarrollo del comercio, prestando especial atención a las consecuencias para los trabajadores y las empresas de los ajustes derivados de dichos cambios, así como a los desafíos para los gobiernos en su objetivo de facilitar los ajustes incrementando al mismo tiempo el impacto positivo de la apertura comercial y del progreso tecnológico.

La capacidad de los trabajadores para cambiar de empleos menos productivos a otros con mayores expectativas y de sectores en declive a otros emergentes, es un mecanismo esencial que favorece que el progreso tecnológico y la expansión del comercio aumenten la eficiencia, promuevan el desarrollo y mejoren las condiciones de vida.

Tendencias en el mercado de trabajo
A pesar de la preocupación por un “crecimiento sin empleo”, la tasa de participación de la fuerza laboral y el ratio empleo-población han permanecido constantes en las economías de rentas más altas y más bajas, disminuyendo en las de rentas medias.

Esta evolución se debe en parte a diferencias en factores como las condiciones macroeconómicas, los cambios demográficos e institucionales, la expansión de la educación secundaria y terciaria, el aumento de la participación de la mujer en el empleo y el aumento del empleo irregular, la contratación temporal, el empleo a tiempo parcial y el autoempleo.

En los países desarrollados el desempleo creció de modo significativo durante la reciente crisis económica, decayendo lentamente en la posterior fase de recuperación. La crisis también afectó a gran número de países en desarrollo, provocando un notable aumento de la economía informal.

Desde la crisis, los salarios reales han seguido creciendo en los últimos diez años en la mayor parte de los países, aunque a un ritmo lento.

Parte de la evolución de los salarios reales se relaciona con el incremento del empleo a tiempo parcial y temporal, a menudo asociados a salarios más bajos. En los países en desarrollo y poco desarrollados, el autoempleo y el trabajo familiar no retribuido siguen siendo formas de empleo habituales.

Importantes transformaciones en la estructura sectorial y ocupacional han tenido lugar en gran número de países en las pasadas dos décadas. El empleo en los servicios ha seguido creciendo, tanto en los países desarrollados como en desarrollo, mientras el empleo en los sectores agrícola y manufacturero sigue cayendo.

Esta tendencia se ha visto acompañada de un relativo aumento de las ocupaciones de alta y baja cualificación, junto con un relativo descenso de las ocupaciones de cualificación media. Diversos factores, incluyendo tecnológicos y los derivados de la globalización, pueden explicar estos cambios estructurales.

Impacto del cambio tecnológico sobre el mercado de trabajo
El progreso tecnológico es la principal fuente de crecimiento económico pero también es el principal agente de cambio del mercado de trabajo. Al provocar que algunos productos y procesos de producción queden obsoletos y aparezcan otros nuevos como resultado de la innovación, el cambio tecnológico propicia un desplazamiento del trabajo entre sectores y empresas.

La tecnología puede aumentar la demanda de empleo pero también puede reducirla. La tecnología puede asistir a los trabajadores en la ejecución de sus tareas pero también convertir en obsoletos ciertos empleos.

El cambio tecnológico reduce la demanda de trabajo, pero también reduce el coste de producción y estimula la producción, que a su vez tiende a incrementar la demanda laboral. Como resultado de todo ello, el efecto global causado por el cambio tecnológico sobre la demanda laboral es ambiguo.

La tecnología mejora las perspectivas de empleo de los trabajadores cualificados que desarrollan tareas no rutinarias que no son fácilmente automatizables y las tareas que implican cualificaciones cognitivas que se apoyan en las tecnologías de la información y la comunicación.

Por el contrario, la tecnología empeora las perspectivas de empleo de los trabajadores con cualificaciones medias que realizan tareas rutinarias, y tiene pocos efectos directos sobre las perspectivas de empleo de los que ejecutan tareas manuales no rutinarias que no son ni fácilmente automatizables ni apenas admiten la complementariedad de las tecnologías de la información.

Aunque algunos expertos sostienen que la próxima ola de avances tecnológicos, sobre todo la provocada por la inteligencia artificial y la robótica, eliminará muchos empleos existentes y crearán otros nuevos, otros expertos creen que se trata de una ola tecnológica diferente en términos de velocidad, escala e intensidad, que destruirá empleos de forma masiva y llevará a un “futuro sin empleo”.

Se estima que la cuota de empleos en riesgo de automatización tenderá a ser más grande en los países en desarrollo que en los desarrollados.

No obstante, la probabilidad de automatización no necesariamente equivale a desempleo, porque el desarrollo, adopción y difusión de las futuras tecnologías dependerá de cierto número de factores como la factibilidad, la disponibilidad y la cultura empresarial, así como del marco legal y regulatorio y de la aceptación social.
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