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La reducción del riesgo bancario

08 de Enero de 2018
  • Santiago Carbó
El fortalecimiento nacionalista en la región puede tener

El fortalecimiento nacionalista en la región puede tener "más efectos negativos en los países vecinos que en las empresas españolas", en caso de expandirse por Europa.

Santiago Carbó, Catedrático de Economía y Finanzas de CUNEF y Director de Estudios Financieros de Funcas.
El Banco de España ha señalado que la tasa de morosidad del crédito en España cayó un 8,2% en octubre, una décima menos que en septiembre. En toda Europa, la reducción de los activos deteriorados heredados de la crisis, los famosos legacy assets, es tema de debate. En el trasfondo está el futuro de la unión bancaria.

Para avanzar hacia un cortafuegos de espectro más amplio y hacia un seguro de depósitos único hará falta seguir corrigiendo esa herencia, especialmente en países como Italia. Si se consigue, una unión bancaria completa —que ya ha realizado progresos considerables— podrá alcanzar mayor poder aún para frenar episodios de inestabilidad financiera.

Lo que los países centroeuropeos pretenden —con Alemania a la cabeza— es que antes de avanzar hacia una mutualización más explícita de los riesgos, estos se reduzcan. El propio BCE baraja propuestas para exigir sacar esos riesgos de balance y dotar provisiones para pérdidas más cuantiosas. Estos planes son ahora estudiados por el Parlamento Europeo, que sería finalmente el que tendría la última palabra.

La presión supervisora y política está ahí, y tiene su lógica. Para convencer al votante alemán de las bondades de un proyecto común de protección bancaria, hay que asegurar un punto de partida equilibrado.

En la eurozona, el supervisor único estima que aún quedan 800.000 millones de euros en activos deteriorados con los que lidiar. Ya existen regulaciones que ejercen su propia presión, como la normativa contable internacional IFRS9, que exige dotar provisiones conforme a pérdidas esperadas y no sólo incurridas. Se trata de anticipar cambios en el ciclo económico para evitar cambios súbitos en el riesgo. España la implementará desde enero de 2018.

Pero la cuestión es en qué medida cabe valorar el esfuerzo ya realizado. En España ha sido muy significativo. Los créditos morosos se han reducido en más de 94.000 millones sólo en los últimos tres años. Más que deshacerse de activos deteriorados, se gestionan eficientemente. En las últimas semanas se han anunciado ventas de carteras de activos deteriorados día sí, día no, por miles de millones.

Como ya sucedió con la austeridad presupuestaria, ha sido conveniente hacerlo de forma paulatina. En materia fiscal, sólo cuando se implementó un calendario de consolidación más realista se apreció la compatibilidad de ajuste presupuestario y crecimiento económico. Con los legacy assets pasa lo mismo. En España el esfuerzo más importante ya se hizo y ahora se manejan los restos con el tempo adecuado. El conflicto más significativo parece estar en Italia, donde una buena parte del trabajo está por hacer y el meollo de su crisis bancaria permanece congelado por una falta de reconocimiento suficiente del problema.

Solo con ese último esfuerzo, con la adecuada presión en los países donde queda más por hacer, otros como Alemania podrían aceptar avanzar en un esquema de protección de depósitos común e, incluso, en el llamado “cuarto pilar” de la unión bancaria, una agencia de gestión de activos (banco malo) paneuropea.

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