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Los cambios en la financiación empresarial

06 de Octubre de 2017
  • Ramón Hernández Peñasco
Agosto se convierte en el segundo mes consecutivo de descenso del saldo de los depósitos.

Agosto se convierte en el segundo mes consecutivo de descenso del saldo de los depósitos.

Ramón Hernández Peñasco, Socio Director de Legal Field
Por lo general, las formas de financiación ajena de cualquier proyecto empresarial se suelen agrupar en dos grandes bloques: la denominada financiación “pura” y la que implica la incorporación de nuevos socios al proyecto. En la financiación pura, su receptor queda obligado a la devolución del importe financiado más los correspondientes intereses y comisiones. Los bancos han sido los proveedores habituales de esta clase de financiación a las empresas, mediante distintas fórmulas (crédito, préstamo, descuento, factoring, leasing, etc.).

En los últimos tiempos, sin embargo, se han incorporado algunas alternativas a la financiación bancaria. Nos referimos, entre otros, a las denominadas “tres efes” (family, friends and fools), las plataformas de crowdfunding y crowdlending, las entidades de capital riesgo, las entidades que conceden microcréditos, los business angels y los organismos públicos creados con la finalidad de financiar a empresas –ENISA, CDTI o ICO, por ejemplo-. Cada empresa es un mundo y necesitará diferentes modalidades de financiación, pero lo habitual es iniciar el negocio con ahorros propios y de tu familia y amigos (las conocidas las “tres efes”), para posteriormente acudir a un business angel o un fondo de capital riesgo.

En España, las entidades de capital riesgo están reguladas por la Ley 22/2014, de 12 de noviembre. El capital riesgo inyecta recursos a empresas pequeñas o medianas en etapas iniciales, con grandes perspectivas de crecimiento y desarrollo de proyectos dinámicos, en muchas ocasiones basados en I+D. Son estas jóvenes empresas las que tienen mayores necesidades financieras y las que necesitan de una mayor flexibilidad en la financiación. Los mayores “riesgos” que asumen los inversores al financiar a estas empresas se ven compensados, al menos en el plano teórico, con una mayor rentabilidad.

Por su parte, la figura del crowdfunding o crowdlending fue regulada por primera vez en España por la Ley 5/2015, de 27 de abril, de fomento de la financiación empresarial. En este sistema se conecta directamente, a través de Internet, a quienes pueden prestar o invertir dinero con quienes necesitan financiación para un determinado proyecto empresarial. El solicitante de los fondos, al que la ley denomina promotor, anuncia su proyecto a través de una plataforma informática, abriéndose la posibilidad de que terceros interesados (denominados por la ley inversores) efectúen las correspondientes aportaciones económicas a cambio de una contraprestación. Cuando la financiación se concede como préstamo se utiliza la denominación de “crowdlending”.

En cuanto a los business angels, se trata de una figura que cubre el espacio existente entre las “tres efes” y las entidades de capital riesgo, cuya inversión mínima en una empresa no suele bajar de un millón de euros. Normalmente, se trata de individuos prósperos que proveen su propio capital a start-ups, generalmente a cambio de participaciones accionariales. Además del capital financiero, suelen aportar conocimientos empresariales o profesionales adecuados para el desarrollo de la empresa.

Para las empresas de mayor tamaño, existe también la posibilidad de emitir acciones y bonos que se negocien en los mercados alternativos de renta variable (MAB) y renta fija (MARF), en los que existen mayores facilidades de acceso para las empresas que en la Bolsa o el Mercado AIAF de Renta Fija.

Lo habitual es acceder a todas estas formas de financiación como complemento de la financiación bancaria, sin pretender sustituirla plenamente, pues esto no es ni fácil ni conveniente para las empresas.

A modo de resumen, por tanto, podría decirse que la principal ventaja de la “financiación pura”, sea bancaria o alternativa, es que el empresario continúa siendo el dueño de la empresa y la puede gestionar con mayor autonomía. La principal desventaja es el coste de la financiación y la necesidad de devolverla a su vencimiento determinado, a veces a corto plazo.

Por el contrario, en la financiación con participación en capital, los inversores se convierten en socios del empresario, accediendo a la empresa normalmente mediante aumentos de capital. El acceso al capital de la empresa puede llevarse a cabo por parte de un único inversor o de un número reducido de ellos o de forma más amplia o masiva, mediante el “equity crowdfunding”.

Las principales ventajas de esta financiación son, por un lado, la ausencia de obligación de devolverla, si bien los inversores suelen fijar fechas concretas para su salida de la empresa con el consiguiente beneficio por la inversión realizada -aunque normalmente a más largo plazo que en la financiación pura- y, por otro lado, que en algunos casos los inversores aportan conocimientos de gestión, lo que puede mejorar el proyecto. El principal inconveniente, sin embargo, es la pérdida de autonomía en el desarrollo del proyecto para el empresario, que se ve obligado normalmente a formalizar pactos con los inversores que limitan su libertad de actuación.

Existen también fórmulas mixtas entre ambas clases de financiación, como los préstamos participativos, por ejemplo, cuya regulación básica se recoge en el artículo 20 del Real Decreto-Ley 7/1996, de 7 de junio, o los préstamos convertibles. Se trata de financiaciones híbridas, pues el rendimiento de la inversión está vinculado, de una u otra forma, a los resultados de la empresa, pudiendo llegar a transformarse la financiación en capital si se cumplen determinadas circunstancias.

En todo caso, para el empresario es fundamental entender bien las implicaciones que puede conllevar la fórmula de financiación elegida, para lo que deberá leer la “letra pequeña” con suma atención y recabar el asesoramiento legal y financiero que resulte necesario en cada caso.
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