Buscador de la Hemeroteca
Secciones

Levantando muros, también en Europa

18 de Abril de 2017
  • Ramón Valdivia
El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Ramón Valdivia, director general de Astic.
El Presidente Donal Tusk, no crea el lector que es un error tipográfico, el ciudadano polaco preside el Consejo Europeo desde hace dos años, publicó hace semanas una carta dirigida a los líderes de los estados miembro de la UE con gran eco en los medios por contener críticas poco veladas hacia su tocayo de Washington, el Presidente Trump donde lo calificaba de “amenaza para la UE”, tildándolo de “demagogo” y solicitando a los europeos que se “levanten para defender su dignidad”.

Cierto es que una mañana sí y otra también desayunamos con las bravuconadas del presidente americano, materializadas en decretazos proteccionistas que restringen el libre mercado mundial pero, en realidad, Europa ha de dejar de mirar (como siempre) la paja en el ojo ajeno y preocuparse más por lo propio.

Tusk cuestionaba en su carta la falta de unidad interna que se registra en nuestro lado del Atlántico y que achaca al agotamiento del ideal europeísta que aparentemente languidece a pasos agigantados ante aquellos que están convencidos de que lo mejor es abandonar el modelo supranacional que representa la UE y volver al antiguo modelo de pequeñas naciones independientes.

El presidente de nuestro Consejo nos anima a que tengamos el coraje de oponernos a la retórica de los demagogos que dicen que la integración europea solo beneficia a las élites. “Unidos ganamos, divididos fracasamos” afirma Tusk. Y comparto plenamente su visión.

Las recientes medidas proteccionistas anunciadas por el presidente estadounidense han puesto sobre la mesa comportamientos aislacionistas que creíamos obsoletos en un mundo inmerso en la globalización y los tratados de libre comercio.

Desde el sector del transporte tenemos -por necesidad- una visión perimetral de la economía. Somos un sector que trabaja para todo cuanto la conforma, así que siempre hemos mostrado cierta habilidad para adelantarnos a la previsión de este tipo de movimientos y, desde hace algunos años, llevamos observando con creciente preocupación la aparición de diversas medidas restrictivas que obstaculizan silenciosamente el libre comercio, y se instalan como muros invisibles, pero no desde Estados Unidos, sino en nuestra querida Europa.

Estas trabas intangibles que construyen nuestros muros tienen forma de regulaciones laborales proteccionistas y unilaterales impuestos por algunos países, peajes por uso de infraestructuras sólo para foráneos o reinterpretaciones novedosas y diferentes del resto de estados miembros, de reglamentos ya en vigor, etc. Todos ellos socavan los tratados de libre circulación y comercio europeos y en algunos casos están sometidos a procedimientos de infracción de la Comisión Europea -como el salario mínimo francés y alemán o la tasa HGV británica.

Las leyes de la casualidad quisieron que coincidiera en el tiempo esa interesante reflexión en forma de carta de Donald Tusk con otro hecho, mucho menos mediático pero muy significativo para ilustrar lo que está sucediendo en la economía de nuestro continente, como es el encuentro en París que mantuvieron tan solo ocho de los 28 ministros de transporte de los países europeos, más el de Noruega.

Alemania, Francia, Italia, Suecia, Dinamarca, Austria, Bélgica, Luxemburgo y Noruega firmaron una “Alianza del Transporte por Carretera” contra el llamado dumping social en el sector. Y lo han hecho por su cuenta y riesgo, en un marco de acuerdos multilaterales entre países no en el marco de una verdadera Unión Europea.

El acuerdo alcanzado pretende restringir el cabotaje realizado por transportistas extranjeros entre dos puntos de paso y, también, combatir las llamadas empresas buzón, a despecho de lo que puedan opinar el resto de los 20 socios europeos y las propias instituciones europeas, especialmente la Comisión.

España, que ocupa el segundo lugar europeo en transporte internacional por carretera y es uno de los países cuyas empresas hacen mayor uso del cabotaje, no formó, con buen criterio, creo yo, parte de esta pomposa alianza. Esta iniciativa que pretende buscar la “unión” (al margen de más de dos tercios de los países de la Unión resultan) resulta desde nuestro punto de vista, de lo más cínica, pues predica justamente lo contrario de lo que sus firmantes están haciendo.

En cinco de los nueve países de la “Alianza del Transporte por Carretera” han emitido, en los últimos años, varias leyes vinculadas al transporte, independientes, descoordinadas y heterogéneas y que aún estando bajo procedimiento de infracción de la Comisión Europea, mantienen en vigor sin ningún rubor: “Loi Macron”, “Milog”, ”tasa HGV”… Contradictorio, ¿verdad? Mientras unos llaman a recuperar la “ilusión europeísta” otros, los estados centrales de Europa, más ricos, giran sobre sí mismos y levantan muros legales contra sus socios, justo en el sector que mejor ejemplifica la libertad de movimientos de bienes y personas y la libertad de prestación de servicios… los pilares fundamentales de esta Unión que debemos preservar a toda costa.

Los muros de Trump son especialmente onerosos porque se ven materializados en cemento y sus órdenes ejecutivas -pensadas para ser firmadas ante las cámaras de todo el mundo- provocadoras por ir contra corriente de una sociedad ilustrada y global. Pero, al menos, todos somos conscientes de ellos por su vocación propagandística. Los muros proteccionistas propuestos por los países a los que me he referido no son visibles, ni para la opinión pública ni los medios… solamente están en el foco del sector, de sus empresas, de sus empleados. Visibles o no, estoy convencido de que el futuro se gana derribando muros, no levantándolos.
elempresario.com Twitter

Opiniones sobre @elempresariocom

Envía tu mensaje
Comenta el contenido

©2016 Confederación Española de Organizaciones Empresariales CEOE. Diego de León, 50 – 28006 Madrid – CIF: G-28496636 ceoe@ceoe.es