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Defender a la empresa: la mejor política social

18 de Abril de 2017
  • Pedro Luis Fernández Pérez
Pedro Luis Fernández Pérez, Presidente de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE) y GAM
Generar empleo y riqueza, contribuir con nuestros impuestos al sostén de las cuentas públicas, poner a disposición de la sociedad productos y servicios, reinvertir los beneficios, colaborar, en definitiva, a construir un país mejor del que nos hemos encontrado, deberían ser razones suficientes para que nuestros gobernantes apoyaran decididamente a las empresas y los empresarios.

Y no es así. Nos encontramos muchas veces con pocas facilidades, o incluso con demasiadas trabas y obstáculos a nuestra actividad. Y, muchas veces también, los empresarios nos sentimos poco valorados. Las últimas medidas fiscales del Gobierno de España que CEOE ha denunciado con contundencia son una buena muestra.

¿Qué habría que cambiar? Para empezar, deberíamos hacer un mayor esfuerzo para poner en valor la figura del empresario desde las etapas más tempranas de la educación. Reconocer más y mejor el esfuerzo de quien arriesga, impulsar ese espíritu y promover una cultura de emprendimiento son tareas en las que aún queda mucho por hacer en nuestro país. Es una carrera de fondo que tardará en dar sus frutos pero que debemos abordar decididamente sin más demora.

Pero no sólo eso. Necesitamos también un marco normativo menos complejo y más ágil; una política tributaria contenida y sin agravios entre territorios; una legislación laboral que ponga orden en los tipos de contratos y bonificaciones y con la que las empresas puedan adaptar los contratos a su carga de trabajo; unas administraciones públicas más atentas a las necesidades de las empresas, ágiles y colaboradoras; una decidida apuesta por la formación que nos permita a los empresarios contar con personal cualificado y a nuestros hijos salir de las terribles estadísticas de paro juvenil; así como amparo y protección para los autónomos y las pymes ante el acoso brutal de la economía sumergida y la competencia desleal.

Sin embargo, resulta ya desalentador ver cómo año tras año, ejercicio tras ejercicio, invocando la necesidad de atender compromisos públicos, hay prioridades repetidamente atendidas mientras se carga siempre contra las mismos el coste extra de la factura: las empresas y los empresarios.

No acaban de ver nuestros gobernantes que no existe en nuestra sociedad mejor invento para pagar este cada día más alto coste de vivir en comunidad que los empresarios y su ambición. No acaban de ver que la mejor política social es generar puestos de trabajo estables que permitan desarrollar personas satisfechas, optimistas y generadoras de un entorno mejor, frente a las actuales “políticas sociales” que consiguen dependencia (votos) de la Administración, cronificación de la pobreza y favorecen la economía fraudulenta.

Una sociedad que no aprecia, valora ni ayuda a sus empresarios no tiene futuro, o no tiene un futuro muy distinto del que espera a los ciudadanos de Venezuela o Cuba.

La desesperación y la ira que genera toda época de crisis como las que hemos vivido puede hacernos caer en la tentación de romper todo lo que hemos conseguido en tantas décadas de entendimiento, convivencia y trabajo.

Pero, siendo esa tentación humana, no sería muy inteligente permitir que haya personas que de esa frustración hagan su carrera y para ello intenten llevarnos a todos a un fracaso colectivo.
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