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La oportunidad de cambiar el modelo industrial

18 de Abril de 2017
  • Valentín Pich Rosell
Valentín Pich Rosell, Presidente del Consejo General de Economistas
La industria occidental ha sufrido un profundo proceso de transformación en su estructura y en sus bases de crecimiento, y, como consecuencia, se está produciendo un importante cambio del modelo productivo que en el último cuarto del siglo pasado había caracterizado las economías desarrolladas.

En España, las debilidades más importantes que afectan a nuestra productividad son: el bajo esfuerzo en investigación y desarrollo, agravado por la escasa y mejorable relación universidad-empresa; la dependencia del capital externo, que ha reducido el desarrollo de más multinacionales autóctonas; nuestra estructura empresarial, en la que predomina un tejido de pymes que por sus características experimenta un lento crecimiento de la productividad; diseños de infraestructuras al margen de las necesidades del sector; dificultades de oferta de factor humano con estudios técnicos, y, finalmente, un cierto despilfarro de recursos por la falta de coordinación entre las diferentes Administraciones.

Además de esto, nuestra industria adolece de amenazas, de las que cabe resaltar, entre otras, el proceso de deslocalización productiva, la caída de márgenes económicos o la dependencia exterior del suministro energético.

No cabe duda de que nuestra economía se está fortaleciendo –con envidiables tasas de crecimiento que están por encima de la media de la UE–, y que el próximo año seguiremos creciendo aunque con un vigor atenuado, debido a que factores exógenos que en los últimos tiempos nos han servido para dinamizar la economía –como la depreciación del euro, los bajos tipos de interés o el precio del crudo– tendrán un efecto de menor ventaja. Es decir, continuamos avanzando, pero a un ritmo más bajo. Debemos, por tanto, corregir nuestras debilidades en diferentes ámbitos, como, por ejemplo, en el industrial.

A este último respecto, podríamos apuntar cuatro aspectos sobre los que quizá debería pivotar el cuadro de mando de la industria española: en primer lugar, la innovación tecnológica, tanto de producto como de proceso, así como la innovación no tecnológica; en segundo lugar, el conocimiento, impulsando la contribución de la formación en todos sus niveles como valor añadido por parte del capital humano; en tercer lugar, la internacionalización de nuestras empresas, aspecto este que ha recibido un gran apoyo institucional en esta última etapa, pero en el que hay que seguir insistiendo, y, por último, la sostenibilidad, que suponga no derrochar los recursos disponibles y garantizar el acceso a ellos en buenas condiciones de cantidad y de coste, así como fomentar la eficiencia en el uso de las materias primas y de la energía, respetando en todo momento el medio ambiente.

La hoja de ruta que debemos marcarnos en España para que la industria pase del 15,5% del PIB a aportar como mínimo un peso del 20% como objetivo para 2020, en línea con la media de la zona euro, pasa por que seamos conscientes de que la armonización total de la renta per cápita del país con la Unión Europea será difícil de alcanzar sin una verdadera armonización industrial. De hecho, sin una industria fuerte, es muy difícil avanzar, ya que la industria mantiene el nivel de empleo más estable y con mayor productividad, además de ser un gran motor para potenciar la I+D.

Además, me gustaría insistir en que es imprescindible trasladar a la sociedad la denominada “cultura industrial” para facilitar el camino a una nueva generación de “emprendedores industriales” y convencernos a nosotros mismos de que la industria garantizará el desarrollo económico del país. El modelo industrial ha cambiado. Hoy en día ya no pivota exclusivamente sobre enormes conglomerados empresariales, sino también sobre factorías de un tamaño más manejable que les prestan servicios de apoyo, permitiéndoles producir series más cortas, personalizadas y con una gran especialización técnica. Un país avanzado como el nuestro, podría jugar un importante papel en esta nueva realidad y no deberíamos perder esta oportunidad que se nos brinda.
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