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Reflexiones para una nueva época

18 de Abril de 2017
  • José Antonio Sarría
José Antonio Sarría, presidente de la Confederación de Empresarios de Navarra (CEN)
En el mundo actual los empresarios tienen que dedicar cada vez más tiempo a pensar en el futuro, para imaginarlo y preparar sus empresas; para estar en condiciones de dar respuesta a las nuevas necesidades de los mercados, con ventaja sobre sus competidores. No es solo que en esta época se vayan a producir muchos cambios, sino que más bien estamos inmersos en un cambio de época. Por ello, debemos tener muy  en cuenta lo que hace muchos años dijo Darwin acerca de que en la naturaleza no sobrevivieron las especies más fuertes, sino aquellas que se adaptaron mejor al cambio.

España ocupa, según el Global Competitiveness Index 2016, el puesto 32 del mundo en competitividad, lo cual en principio no parece mal, pero hay que tener en cuenta que somos el número 17 de Europa y el 14 de la UE 28. Estamos pues muy por debajo de donde nos corresponde estar teniendo en cuenta la dimensión económica de nuestro país. Por tanto, tenemos necesariamente que mejorar.

Nuestra baja competitividad está muy relacionada con el tamaño de nuestras empresas. Como sabemos, cuando nos comparamos con los países más competitivos de la UE, tenemos muchas microempresas y pocas grandes y medianas, lo cual supone grandes dificultades para exportar, innovar, invertir en I+D+i, conseguir financiación etc., etc.

Debemos, por tanto, favorecer el aumento de tamaño de nuestras empresas, animando el crecimiento y proponiendo cambios en la legislación para eliminar o suavizar, los aspectos fiscales, laborales y burocráticos que actualmente desincentivan el pasar de pequeña a mediana empresa. Mientras tanto, hay que trabajar en  el impulso de los clústeres sectoriales empresariales, compensando la falta de tamaño e iniciativas con la agrupación de conocimientos y especialidades y, así, poder abordar tareas y desarrollos que de otro modo sería imposible ejecutar. Eso sí, teniendo que realizar la difícil tarea de conjugar simultáneamente los verbos colaborar y competir.

Otro aspecto importante a tener en cuenta en la mejora de la competitividad lo constituye la productividad, que, en nuestro caso,  crece en las épocas de crisis como consecuencia de la moderación salarial y la reducción de plantillas y decrece en épocas de crecimiento económico, por la inversión de los mismos conceptos. Debido a ello, tenemos una productividad anticíclica, mientras que en Alemania y otros países es procíclica.

Esa baja productividad es causante de la dependencia del momento del ciclo económico, para reducir o aumentar las plantillas, como medida de supervivencia. Si conseguimos aumentar nuestra  capacidad de resistencia a las bajadas de la demanda, siendo más eficaces y productivos, evitaremos esa permanente situación de incertidumbre con respecto a la estabilidad de las plantillas, la cual contribuye a la cronificación de la dualidad del mercado laboral.

En el momento actual, debemos considerar a la empresa como un lugar de encuentro y colaboración de todos sus componentes, en la que a todos les interesa trabajar para hacerla más competitiva y sostenible en el tiempo. La negociación colectiva, al ser la herramienta que direcciona, regula y da garantía a las relaciones laborales en el marco empresarial, debe por ello incorporar aquellos aspectos que contribuyan a mejorar y crecer a las empresas, y por tanto no solo den estabilidad a los puestos de trabajo, sino también contribuyan a crear nuevos empleos. Aspectos como productividad, flexibilidad, conciliación, formación, e información y transparencia, entre otros, deben ser incorporados

La formación es un aspecto a tener también muy en cuenta para mejorar la competitividad empresarial. El esquema “formación- trabajo- jubilación” pertenece al pasado. En estos momentos, mucho de lo que aprendimos ha quedado superado o ha cambiado, así que cada vez es más necesario, en todos los niveles de la empresa, continuar actualizando los conocimientos debido a la rápida obsolescencia de las tecnologías, sistemas e incluso conceptos.

Por ello, todo el personal que compone una empresa debe participar continuamente en procesos de formación en aquellas materias, que en las empresas se consideren necesarias para  incorporar nuevas tecnologías, nuevos procesos de digitalización o para mejorar la innovación y la creatividad en los productos y sistemas organizativos. Es necesario por tanto disponer de un nuevo sistema de formación en el empleo mucho menos rígido y administrativizado que el actual y más  flexible y cercano a las necesidades reales en las empresas.
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