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Industria 4.0: el gran reto del tejido productivo español

25 de Noviembre de 2016
  • César Maurín Castro
Como punto de partida, es preciso destacar que la industria constituye uno de los pilares sobre los que se asientan las principales economías del mundo. Dicho esto es, por tanto, de enorme importancia que la industria nacional sea lo más competitiva posible para garantizar su presencia en los mercados internacionales, algo que solo se puede conseguir mediante un adecuado proceso de transformación digital. 

La Industria 4.0 es, cada día más, una realidad, y muestra de ello son las distintas iniciativas que, con sus particularidades, se están desarrollando a nivel mundial. En el caso concreto de España, está previsto que se ponga en marcha de manera efectiva la iniciativa Industria Conectada 4.0, a través de proyectos piloto en los sectores textil y de componentes de automoción, en una primera fase.

No obstante, para el desarrollo de una verdadera Industria 4.0 en España, se deben superar determinados obstáculos, entre los que podríamos destacar los siguientes:
  • Mentalidad y cultura del equipo directivo de las compañías.
  • Escasez de talento y de profesionales adecuados para llevar a cabo la transformación digital.
  • Tamaño de las empresas industriales españolas en comparación con las de otros países.
  • Escasa inversión en tecnología durante el periodo de crisis económica.
  • Marco regulatorio complejo. Hiperregulación.


Ante esta situación, la Unión Europea y, por ende, España, tienen por delante el reto de aprovechar las ventajas que la transformación digital ofrece. Para ello es imprescindible que se articule, de manera ágil y eficaz, el Mercado Único Digital, que es el marco para el desarrollo digital en Europa, cuya aspiración es volver a ser un foco atractivo de inversión y eje tecnológico a nivel mundial.

Asimismo, España debe abordar el proceso de digitalización de la industria aplicando de manera eficiente el proyecto Industria Conectada 4.0 en los sectores piloto escogidos. Del éxito de esta primera fase dependerá la necesaria extensión al resto de los sectores industriales en una etapa posterior.

Todo ello debe ir ligado, además, a la generación de un entorno legislativo estable que aporte seguridad jurídica, que facilite la inversión y que elimine las barreras que suponen la hiperregulación y la fragmentación de los mercados. Solo así se podrán aprovechar las ventajas que facilitan las tecnologías y las herramientas como el Big Data, el Internet de las Cosas, la robótica, las tecnologías Cloud o la impresión 3D, entre otras, que aportan una valiosa información y coadyuvan a la toma de decisiones empresariales.

No obstante, este proceso no podrá iniciarse si no superamos el que es quizás el reto más importante al que se enfrentan las empresas y las Administraciones Públicas, que no es otro que el de vencer la resistencia al cambio, sobre todo en los centros de decisión. Todo ello determinará el aprovechamiento, o no, de los beneficios que el completo desarrollo de la Industria 4.0 puede aportar a nuestro tejido productivo.

(Texto del libro "La revolución digital" del Instituto de Estudios Económicos)

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