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No tenemos el oro del Rhin

18 de Abril de 2017
  • Almudena Semur
Almudena Semur, gerente del Instituto de Estudios Económicos (IEE).
Tras el bloqueo político acabaremos el año creciendo más de lo esperado, en torno al 3,3% según nuestras previsiones. Los vientos de cola han sido intensos. Recuerde el lector que los bajos precios del petróleo nos han favorecido mucho más que al resto de nuestros vecinos de la UE, al tener nuestro país una mayor dependencia energética. También nos ha beneficiado la intensa caída de la carga financiera derivada de los bajos tipos de interés. Pero de lo que no cabe duda es que las recetas de  la política económica han dado sus frutos.

Las claves de este buen comportamiento hay que buscarlas en la mejora de  la competitividad, aunque esta haya venido más por ajuste de salarios que por mejoras de la productividad, y en el sector exterior. Nuestras empresas han ampliado su base exportadora, tanto por el número de empresas como en la variedad de sectores y países. Pero a pesar del esfuerzo realizado, es bueno recordar que la experiencia ha puesto  de manifiesto cierta infravaloración en cuanto a  los riesgos de salir a los mercados exteriores.

Se cuentan siempre las experiencias exitosas, pero nunca el porcentaje de fracasos, que porque no decirlo, también ha sido elevado. De ahí la necesidad de insistir en el tema del tamaño medio de la empresa española, que sigue siendo muy pequeño y que representa uno de los principales obstáculos para que nuestras empresas  sean más  productivas y puedan afrontar con éxito la salida exterior.

Para 2017 se espera un crecimiento medio del PIB que rondara el 2,4%. Esta desaceleración del crecimiento provocada por la  ralentización de los vientos de cola, así como por la confluencia de una serie de incertidumbres con elevado impacto potencial (Brexit, Trump, etc.) hace más necesario que nunca que nuestra recuperación se consolide. Continuar con la política de reformas con el  fin de elevar el potencial nuestro crecimiento y crear empleo será la clave de la bóveda. Ni que decir tiene que derogar las reformas ya acometidas por motivos puramente ideológicos o, simplemente, dejar de  implantar las pendientes, resultaría una sinrazón sin precedentes.

Todavía nos queda camino por recorrer. Continuar el proceso de consolidación fiscal equilibrando nuestras cuentas públicas será conditio sine qua non. Desregular en lo posible los mercados, liberalizar al máximo el comercio exterior (TTIP, CETA), simplificar los trámites administrativos, elevar la calidad del  sistema educativo, flexibilizar el mercado laboral, reformar el modelo de financiación autonómica, limitar las cargas tributarias y cotizaciones sociales, y llegar a un gran acuerdo sobre el futuro de las pensiones son otras reformas pendientes de aplicar.

La evidencia empírica revela que la persistencia de defectos estructurales en los mercados y en las instituciones administrativas lastran el crecimiento. El BCE, en su Boletín Económico de agosto, publicó un estudio empírico pormenorizado que ponía de relieve cómo un atasco reformista frena el crecimiento económico y la creación de nuevos empleos. Italia y Grecia son los países peor evaluados en dicho boletín mientras que España obtiene en términos de estructuras e instituciones económicas un aprobado apretado, Alemania a duras penas un notable y sólo Finlandia un sobresaliente rotundo.

En fin, no tenemos el oro del Rhin. El comercio mundial crece más lentamente que la producción global, de ahí que sea necesario plantearse con qué situación de partida encararía nuestra economia una recaída del ciclo global, cuando todavía no se han recuperado los niveles previos de actividad y empleo, ni se ha completado el ajuste de algunos desequilibrios de nuestras cuentas públicas.
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