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Las 8 claves de la reforma fiscal del presidente Trump

05 de Diciembre de 2017
El presidente de EEUU, Donald Trump.

El presidente de EEUU, Donald Trump.

Donald Trump pretende pasar a la historia como el presidente que llevó a cabo la mayor bajada fiscal de la historia de EEUU. Una iniciativa que se basa en la que realizó el presidente Ronald Reagan en 1986. La reforma fiscal de Trump ya ha sido aprobada por la Cámara de Representantes y por el Senado del país, y se encuentra en el último tramo del proceso para ser definitivamente ratificada.

Una vez armonizada volverá a la Cámara de Representantes para ratificarse, después Donald Trump podrá rubricarla en forma de ley. 

Este proyecto busca aumentar el crecimiento de EEUU y elevarlo por encima del 3% que se sitúa actualmente. Para ello, Trump ha establecido una reforma cuyas 8 claves son las siguientes:
 
1. Gran crecimiento del déficit público
La ambiciosa reforma fiscal hace que bajen muchos impuestos y su consecuencia directa es el crecimiento del déficit de EEUU. En concreto, el Gobierno estadounidense ha contabilizado que perderá 1,5 billones de dólares en las próximas décadas con la introducción del nuevo plan.

Muchos políticos del país se oponen a este endeudamiento fiscal, aunque el inquilino de la Casa Blanca señala que “esta reforma es necesaria para revitalizar la actividad económica de la nación norteamericana y acelerar el crecimiento anual del país”.
 
2. Menos impuestos para las empresas
El eje central sobre el que gira esta reforma es el descenso de impuestos a las empresas estadounidenses. Así, el Gobierno pretende bajar el Impuesto sobre Sociedades del 35% al 20% para todas las empresas, incluyendo incluso a aquellas que pertenecen al propio presidente. Un hecho que ha sido criticado por la oposición y al que Trump se ha defendido argumentando que “no le beneficiará personalmente”.

Las empresas con impuestos locales y estatales habían tenido una carga impositiva del 40% hasta ahora. Con este recorte, la imposición fiscal a estas compañías estaría por debajo de la de países como Francia o Japón, por lo que millones de empresas podrían ver aumentada su rentabilidad.
 
3. Cambio para las familias
La reforma pretende reducir los tramos impositivos de los siete actuales a tan solo cuatro, es decir, una simplificación de los tramos de impuestos de la renta individual: del 12%, del 25%, del 35% y del 39,6%. Además, el nuevo proyecto duplica de 12.000 a 24.000 dólares el mínimo exento a parejas y, aunque prevé recortes de impuestos para familias e individuos, solo el 44% de los estadounidenses verán una reducción anual de más de 500 dólares en su fisco, según el Comité Conjunto de Impuestos del Congreso.

Sin embargo, el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, ha insistido en que la consecuencia será que la reforma ahorrará un promedio de 1.182 dólares anuales a las familias. “Lo que estamos haciendo no es determinar el sistema fiscal que vamos a tener, lo que estamos haciendo es decidir qué tipo de país vamos a tener”, aseguró Ryan.
 
4. Seguro médico obligatorio
La propuesta legislativa se lleva por delante una de las medidas más destacadas del antiguo presidente de EEUU, el Obamacare. En este sentido, tras la aprobación de la reforma fiscal todos aquellos estadounidenses que no contraten un seguro médico deberán responder a una penalización. Como consecuencia, la Oficina de Presupuestos del Congreso ha dicho que la medida subiría las primas de los seguros de salud y dejaría sin atención a unas 13 millones de personas.

Esta enmienda se introdujo más tarde a la ley y ha despertado críticas entre los representantes políticos. Es el caso de Nancy Pelosi, líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, que afirmó que la reforma “se ensaña con la clase media y aquellos que aspiran a ella, es un pillaje y un saqueo a la clase media”.
 
5. En busca de más fuentes de empleo
La filosofía del crecimiento es el punto de partida de este proyecto económico, que busca aumentar el ritmo de crecimiento de la economía estadounidense. En esa línea, la reforma fiscal busca proveer a los consumidores de más recursos para comprar bienes. Además de brindar a las corporaciones más fondos para invertir en la expansión de sus negocios y, por ende, crear nuevas fuentes de empleo.
 
6. Fin de muchas deducciones y programas sociales
El plan prevé que se eliminen muchas deducciones que hasta ahora beneficiaban a las familias, como los gastos médicos y educativos, las deducciones por hijos o los impuestos estatales y locales. Esto puede perjudicar a los ciudadanos de estados o ciudades con una presión fiscal más levada como Nueva York o California. Según los datos del Gobierno, esta derogación podría ahorrarle 150.000 millones de dólares al país.

Tan sólo sobrevivirán las deducciones por compra de vivienda y por caridad. Economistas estadounidenses como Krugman o Stiglitz han atacado esta parte de la reforma, alertando de que va contra la equidad y acabará perjudicando a las rentas más bajas. La teoría es que aunque los impuestos bajen, al suprimirse muchas de las deducciones al final las cuentas saldrán a pagar.
 
7. Un plan para los más ricos
Los que tienen más dinero del país tendrán otro incentivo al duplicarse la actual exención del impuesto de patrimonio, que se elevará hasta los 11 millones para las personas físicas.

Sin embargo, existe un grupo de personas millonarias que se ha mostrado en contra de este plan. En concreto, más de 400 millonarios estadounidenses han firmado una carta instando al Congreso a aumentar, en vez de reducir, sus impuestos. Este grupo ha alegado que “agravará aún más la desigualdad” y aumentará la deuda nacional, lo que “llevaría a profundos recortes en educación y obstaculizaría la capacidad de la nación para restaurar las inversiones”.
 
8 El tiempo en contra
Las negociaciones de esta propuesta se llevan a cabo bajo la amenaza de que este 8 de diciembre el gobierno tendrá que echar el ‘cierre’ por falta de presupuesto si conservadores y demócratas no alcanzan a un acuerdo para extender la financiación de la administración. Los líderes conservadores llevan semanas insistiendo en que quieren dar a luz a esta reforma fiscal antes de 2018 y los demócratas están utilizando esto para presionar a la mayoría conservadora.

La tensión entre Trump y los demócratas se está agravando por los constantes ataques del presidente a través de Twitter no está ayudando. De hecho, la semana pasada debían sentarse ambos partidos a negociar el pacto financiero y los demócratas no acudieron en protesta por las críticas del presidente a través de la red social.
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