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Un año tras el referéndum

Caen las inversiones y aumentan las insolvencias en Reino Unido por el Brexit

13 de Junio de 2017
Reino Unido

Las empresas británicas tendrán que adaptarse a las nuevas reglas del juego, para hacer frente a su pérdida de atractivo.

Tras un año del referéndum que comenzó la desconexión entre Reino Unido y la Unión Europea, las dudas sobre el resultado de las negociaciones ya están causando una disminución de las inversiones (8,8% del PIB en 2016, el nivel más bajo desde la crisis), que se acentuará de aquí a abril de 2019, según un Informe de Coface. Los sectores que requieren de inversiones elevadas, como es el caso de la metalurgia, la automoción y la construcción, serán los más afectados.

Esta fase de negociación pondrá a prueba la actual resistencia de las empresas británicas. En 2017, el sector de la venta minorista (degradado por Coface de riesgo “medio” a “alto” en marzo de 2017) se verá debilitado por la desaceleración del consumo privado debido a las presiones inflacionistas. La industria automotriz también se verá afectada, aunque en menor medida, ya que contará con el apoyo de la demanda externa.

Por su parte, el aumento de los costes debido a la depreciación del tipo de cambio resultará en una caída gradual de los beneficios de las empresas. En este contexto, Coface estima que las insolvencias corporativas en Reino Unido podrían aumentar un 8,7% en 2017 y un 8% en 2018, como resultado, mayormente, de la desaceleración del crecimiento, que podría llegar a 1,4 % en 2017 y 1,2 % en 2018.

Las empresas británicas tendrán que adaptarse a las nuevas reglas del juego, para hacer frente a su pérdida de atractivo y a unas políticas comerciales y migratorias más restrictivas. Cuando el Reino Unido abandone la Unión Europea en la primavera de 2019, el shock proteccionista tendrá un impacto significativo sobre las políticas comerciales, sobre todo en el caso de un Brexit duro (retorno a las normas de OMC), con un incremento de las barreras arancelarias y no arancelarias. Según la OCDE, la pérdida de PIB para 2030 podría ser de 7,5%, y de 5% en el caso de un Brexit suave.

Por otro lado, las empresas británicas están dando muestras de su resiliencia, sostenidas por el consumo privado (que aumentó un 2,6% en 2016), unas condiciones crediticias favorables y una fuerte demanda internacional. En el último trimestre de 2016, los beneficios de las empresas alcanzaron los 105.000 millones de libras esterlinas – un máximo histórico.

La confianza repuntó significativamente, especialmente entre las pymes, desde su caída inicial, tras el referéndum. La pronunciada caída de la libra, el signo más visible del inminente Brexit, da cuenta del dinamismo de las exportaciones, a pesar de los limitados beneficios de la competitividad de los precios.

Este shock comercial podría estar acompañado por la escasez de mano de obra en algunos sectores, como consecuencia de la implementación de una política de inmigración más restrictiva. En el caso de un  Brexit suave (el escenario principal de Coface), una caída de los flujos de migración europea podría resultar en una pérdida de crecimiento potencial de 0,3 puntos del PIB en 2019 – la misma magnitud de un shock proteccionista en un escenario similar.

La pérdida podría elevarse a 0,6 puntos en un escenario extremo, con una caída aguda de la inmigración neta de dos tercios. Los sectores más afectados serán aquellos que emplean una gran proporción de inmigrantes cualificados provenientes de la UE – tales como la industria manufacturera, el comercio mayorista y minorista, el transporte, las comunicaciones y los servicios financieros-.

Independientemente del escenario, tanto con un Brexit suave como duro, el atractivo de Reino Unido para los inversores se verá afectado, con una caída de las inversiones extranjeras directas del 22%. Actualmente, el país es el principal destino europeo de las IED, particularmente en el sector financiero, la información y la comunicación, seguidos por el transporte y la logística. El Brexit representa un impacto negativo para la inversión de las empresas y la acumulación de existencias, con su consecuente reducción en I+D.

Las empresas británicas, que cuentan con dos años para prepararse para abandonar la UE, tendrán que ajustar sus estrategias. Algunas de las más pequeñas o frágiles pueden desaparecer – o transformar sus modelos de negocio para mejorar su resiliencia. Otras, necesitarán ajustar sus estrategias sectoriales y geográficas, desplazándose a Alemania, Francia, Irlanda o los Países Bajos.

Sin embargo, el Brexit no cuestiona totalmente el atractivo estructural de Reino Unido, que conservará la mayoría de sus ventajas: transparencia, buena gobernabilidad, buen ecosistema empresarial y un mercado laboral flexible y diversificado. El Brexit tampoco cuestiona el atractivo del sistema fiscal británico, que de hecho debería volverse más tentador, con una tasa fiscal que habrá pasado de 20% a principios de 2017 a 17% en 2020.
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