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El voto por el "brexit" hundió a la libra y pone en jaque a la economía

12 de Diciembre de 2016
Theresa May, primera ministra británica.

Los riesgos asociados al "brexit", que, según los planes de May, empezará a negociarse a finales de marzo, han obligado además a rebajar la previsión de crecimiento de aquí a 2020.

El voto por el "brexit" en el referéndum del 23 de junio ha puesto en jaque a la economía británica, con una caída de la libra del 18% desde entonces, menor crecimiento y un futuro agujero en las finanzas públicas de 122.000 millones de libras (143.000 millones de euros).

El ministro de Economía, Philip Hammond, reconoció en noviembre que el Gobierno conservador acabará la legislatura, en 2020, con ese déficit presupuestario acumulado, frente al superávit que aspiraba a alcanzar si los británicos hubieran decidido permanecer en la Unión Europea (UE).

Esto tendrá efectos en la deuda neta -actualmente de 1,64 billones de libras (1,92 billones de euros, un 83,3% del PIB)-, que se disparará a un 87,3% del producto interior bruto este año y nada menos que a un 90,2% en 2017-18, para después bajar hasta un 84,8% en 2020-21, según los cálculos oficiales.

El golpe a las arcas del Estado, que invalida la promesa de disciplina fiscal del Partido Conservador, se debe a que el Gobierno de la primera ministra, Theresa May, prevé tomar prestado más dinero para financiar infraestructuras que impulsen la economía y compensar el descenso de los ingresos tributarios por el retroceso de varios sectores productivos, en especial la manufactura.

Los riesgos asociados al "brexit", que, según los planes de May, empezará a negociarse a finales de marzo, han obligado además a rebajar la previsión de crecimiento de aquí a 2020, de manera que se estima que la economía nacional se expandirá 2,4 puntos porcentuales menos en ese periodo de lo que lo habría hecho si el país se hubiera quedado en la UE.

Gracias a la fortaleza intrínseca de la economía británica, se espera que el PIB se expanda más de lo anticipado este año, del 2% al 2,1%, pero menos en los siguientes, con un 1,4% en 2017 -de un 2,2% estimado anteriormente-, un 1,7% en 2018, un 2,1% en 2019 y en 2020 y un 2% en 2021.

Desde el voto por abandonar el bloque europeo, los principales indicadores económicos se han mantenido sorprendentemente estables, con el desempleo en el 4,8% -su nivel mínimo en una década-, y un ligero repunte de la inflación hasta el 0,9%, aunque se prevé que ésta siga subiendo en los próximos años hasta al menos el 3%.

El incremento del índice de precios al consumo (IPC) responde en buena medida a la devaluación de la libra, que se desplomó tras el plebiscito y se mantiene volátil, en apenas 1,24 dólares y 1,17 euros, ante la negativa del Gobierno de precisar su estrategia negociadora.

La posibilidad de que se negocie un "brexit" duro -que implicaría salir del mercado único- genera inquietud entre los inversores y las empresas, algunas de las cuales, sobre todo del sector financiero, han amenazado con trasladar sus sedes fuera del Reino Unido.

Para incentivar que se queden, May ha sugerido que el impuesto de sociedades podría llegar a caer hasta el 15% en 2020 -en línea con lo que ha barajado el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump-, si bien el compromiso en firme del Gobierno es que se reduzca del 20% al 17% en el quinquenio.

La depreciación de la libra esterlina, que ha favorecido algo las exportaciones pero perjudica a los consumidores británicos -motor de una economía basada en la demanda-, se debe también a las medidas de política monetaria tomadas por el Banco de Inglaterra. La institución rebajó en agosto los tipos de interés hasta el mínimo histórico del 0,25% y aumentó la dotación de su programa de expansión cuantitativa, con el que compra bonos de deuda pública y privada, hasta 445.000 millones de libras (521.000 millones de euros).

Además, el banco, dirigido por el canadiense Mark Carney, redujo de 0,5% al 0% el ratio de capital de reserva contracíclico exigido a los bancos, a fin de liberar liquidez que permita aumentar la capacidad de préstamo a los negocios.

Al panorama incierto por la negociación del "brexit", que plantea varios interrogantes constitucionales, se añade la incertidumbre por la futura dirección del Banco de Inglaterra, pues Carney, denostado por los euroescépticos, ha indicado que dejará el cargo en junio de 2019, justo al terminar el periodo oficial de negociaciones con Bruselas.
 
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