Buscador de la Hemeroteca
Secciones
Moda

La Belle Époque

11 de Diciembre de 2017
acacias-38-belle-epoque

Acacias 38 que refleja la España de la Belle Époque a través de la indumentaria.

Agencia EFE
acacias-38-belle-epoque-1

Acacias 38 que refleja la España de la Belle Époque a través de la indumentaria.

Agencia EFE
acacias-38-belle-epoque-4

Acacias 38 que refleja la España de la Belle Époque a través de la indumentaria.

Agencia EFE
acacias 38

Acacias 38 que refleja la España de la Belle Époque a través de la indumentaria.

Agencia EFE
acacias 38

Acacias 38 que refleja la España de la Belle Époque a través de la indumentaria.

Agencia EFE

Acacias 38 que refleja la España de la Belle Époque a través de la indumentaria.

Agencia EFE
Las casas de moda dictan tendencia jugando con presente y pasado mientras otros diseñadores recuperan el estilo de antaño: son los dibujantes de vestuario, encargados de crear armarios desaparecidos, como el de Acacias 38 que refleja la España de la Belle Époque a través de la indumentaria.

El mundo se rendía a los encantos de la cultura y el romanticismo francés, y España intentaba recomponerse tras el Desastre del 98. Así eran los años de la Belle Époque, la etapa previa al estallido de la primera Guerra Mundial, cuando la sociedad se esforzaba por ser feliz, y demostrarlo.

"La gente vestía con lujo y boato, se invertía mucho en el vestuario", explica Tania Álvarez, la diseñadora del vestuario de la serie de televisión Acacias 38, una profesional en contar historias usando la moda como materia prima.

En el caso de Acacias 38, producida por Boomerang TV y que se emite diariamente en Televisión Española desde hace casi tres años, la historia no es otra que la eterna convivencia entre ricos y pobres, o dicho en términos del año 1899 (punto de partida de la serie): entre señores y criados. Dos grupos que protagonizan la producción, y cuya frontera estaba claramente marcada por las prendas.

"La serie empezó en 1899 y ahora estamos en 1902. En esta época había mucha diferencia a la hora de vestir entre unas clases y otras", afirma Álvarez. Una separación que se hacía evidente en la calidad y riqueza de los tejidos, la comodidad de las prendas o la cantidad de detalles.

El papel del hombre y de la mujer en la sociedad también quedaba reflejado en el ropero, afirma esta experta, que ha trabajado en otras series de época como "Amar en tiempos revueltos" o "Doctor Mateo", y en las contemporáneas "Los Serrano" o "Con el culo al aire".

Prendas recargadas y llenas de detalles componían el armario femenino de la Belle Époque, que desde luego no estaba pensado para trabajar, sino para lucirse. "Las mujeres eran todavía una representación del poder de su familia o su marido, eran como accesorios", cuenta la diseñadora.

"Se podían llegar a cambiar unas 5 veces al día, lo cual es muy interesante, pero muy difícil de representar para nosotros". Y es que respetar al 100 por cien los requisitos estéticos de una época como esta no es sencillo para una serie de emisión diaria, no sólo en términos económicos, sino también a nivel humano.

Por ejemplo, la base de todo estilismo femenino era la silueta en forma de S, que se conseguía con corsés para adelantar el pecho y afinar la cintura, "tanto" cuenta Álvarez "que las mujeres llegaban a romperse las costillas". Unas exigencias impensables a día de hoy, y menos para las actrices, cuyas jornadas de grabación alcanzan las 12 horas.

Sin embargo, aunque a veces haya que saltarse los requisitos estilísticos, eso no impide a los diseñadores de vestuario dar vida a los personajes y crear sus propios armarios.

Un proceso que empieza con un "desglose" del personaje para situarle en la época y el estrato social correspondiente, en función su trabajo. "A partir de ahí nos documentamos, hablamos con el actor y creamos su propio armario".

"Al final, para nosotros es como si el personaje estuviera vivo", explica Álvarez, quien también tiene en cuenta el carácter de cada persona para crear un vestuario acorde. "Por ejemplo, un médico, (como el doctor Quiles, que interpreta Antonio Alcalde) o alguien que trabajara en el Gobierno tenía unos códigos de vestimenta más estrictos, era gente más seria", añade.

La paleta cromática de los armarios es clave para remarcar la personalidad y el estilo de vida de cada personaje y, de nuevo, marca la diferencia entre sexos. "Era una época muy vistosa para las mujeres, pero los hombres siempre iban más uniformados, con azules marino, verdes o granates", señala la diseñadora.

En el vestuario de personajes como el Dr. Quiles, esos tonos se entremezclan en chalecos y corbatas enriquecidos con bordados de motivos florales, en una muestra de prestigio. Mismos decorados se repiten en las prendas de las mujeres pudientes, en colores vivos como los naranjas; el servicio, por su parte, usa prendas lisas en color gris y blanco, que denotan su falta de poder.

Estudiar el contexto social y la historia del momento también es fundamental para que el vestuario se ponga al servicio del guión, y más en la compleja España de la Belle Époque.

"Después del Desastre del 98, los indianos que vinieron a España trajeron muchas modas de las colonias, como el sombrero Panamá o los trajes claros", cuenta la diseñadora, quien se convierte momentáneamente en historiadora cada vez que se enfrenta a un nuevo vestuario.

Esa moda importada trajo consigo un gusto por lo exótico, que hizo que las colonias pasaran a ser las nuevas musas de la moda, aunque siempre a la sombra de las bodas reales, como la de Alfonso XIII y Victoria Eugenia en 1906. "Esa boda fue todo un eventazo, se seguía igual que a los 'royals' de ahora", afirma Álvarez.

Pero si hubo una fuente de inspiración clave para entender esta época, fue París. En plena consolidación cultural como la ciudad de las luces y el amor, la capital francesa vivió el alumbramiento de las primeras casas de moda, que pronto fueron imitadas en el resto de Europa.

"En España, las casas de moda se iban a París, copiaban los modelos y los traían aquí". Hasta tal punto llegó el monopolio estilístico del país vecino que las "modistas de barrio" spañolas acostumbraron a poner delante de sus nombres el término "Madame".

No era el caso de sastrerías como "Viuda de Séler", el negocio que regenta en la serie Susana de Séler. Una mujer con la entereza necesaria para criar sola a su hijo en una sociedad de hombres, sin convertirse en una madre excesivamente estricta. Así lo refleja su vestuario, sobrio, acorde con su trabajo, pero con chalecos estampados y camisas de cuellos redondos, más relajados y dulces.

En el extremo opuesto se sitúa Úrsula, la institutriz de Cayetana. Una mujer llena de secretos y deseos de venganza, que ha hecho de los cuellos cerrados, motivos regios y colores oscuros su insignia.

Así, un vistazo a la moda española en la Belle Époque permite entender su sociedad: volcada en mantener las apariencias, dividida entre pudientes y trabajadores, y fiel creyente de que el poder empieza en un buen armario.
elempresario.com Twitter

Opiniones sobre @elempresariocom

Envía tu mensaje

©2016 Confederación Española de Organizaciones Empresariales CEOE. Diego de León, 50 – 28006 Madrid – CIF: G-28496636 ceoe@ceoe.es