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Madrid se llena de sombreros

16 de Noviembre de 2017
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s muy poco lo que se conoce de este oficio milenario, que ha sido el trampolín de grandes nombres de la moda como Elsa Schiaparelli o Coco Chanel.

Agencia EFE
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Cada 25 de noviembre, sombrereros del mundo celebran el día de Santa Catalina de Alejandría, su patrona, una fiesta que este año se celebra en Madrid con actividades gratuitas en el Museo del Traje CIPE, que invitan a descubrir las curiosidades de este complemento y a perder el miedo a lucirlo.

Un sombrero Panamá, un fedora, una boina o el actual "baker boy hat" (sombrero de panadero) son los nombres que surgen al mencionar la sombrerería. Sin embargo, es muy poco lo que se conoce de este oficio milenario, que ha sido el trampolín de grandes nombres de la moda como Elsa Schiaparelli o Coco Chanel.

"La gente que trabaja en este oficio lo hace por pasión, y por eso queremos que todo el mundo lo conozca", ha explicado Estilo Charo Iglesias, veterana sombrerera con más de 30 años de experiencia y vicepresidenta de la Asociación de Sombrereros de España, que organiza, junto con el Museo del Traje CIPE de Madrid, la quinta edición de la fiesta de Santa Catalina.

Un evento que quiere reunir a pequeños y mayores entorno a este oficio con actividades gratuitas como un taller infantil de sombrerería con materiales reciclados, o demostraciones en vivo de sombrerería artesana, que por primera vez han sido subvencionadas por la Comunidad de Madrid.

Más allá de estas actividades, "la esencia del evento es el tocador", afirma la artesana, un espacio donde los asistentes pueden palpar y probarse los sombreros, para que "se desinhiban" de llevarlo gracias a la orientación de expertas como Iglesias.

"Eso de 'a mí no me sientan bien los sombreros' es un mito, solo hay que saber elegirlo o tener alguien que te asesore", sostiene Iglesias, quien comenta, con humor, que, además, "un sombrero es la mejor cirugía estética", porque puede "corregir" todas las facciones.

La fiesta de Santa Catalina será también el punto de partida de la exposición "Sombrealismo. Sombreros en clave surrealista", una muestra que rinde homenaje a este movimiento artístico y su relación con la indumentaria a través de 30 piezas elaboradas por los miembros de la asociación, que agrupa a diseñadores de toda España y "eminencias" como la fábrica Fernández y Roche, fundada en 1885.

Un limón exprimido en la cabeza o unos sensuales labios rojos que sujetan un cigarro son algunos de los curiosos elementos que protagonizan estos oníricos sombreros, como el "Desayuno sin diamantes" diseñado por Iglesias, un tocado elaborado con un tazón de sopas de ajo, elemento común en los diseños que ha creado especialmente para la ocasión.

Este surrealismo en 3 dimensiones estará acompañado por fotografías del mismo corte artístico, realizadas por Alberto García-Alix, quien ha retratado la silueta de personajes ataviados con sombreros, moldeando sus sombras hasta lograr un efecto hipnótico.

La muestra se podrá visitar hasta el 10 de diciembre en la sala de exposiciones temporales del centro, aunque "al museo le gustaría ampliarla", asegura Iglesias, quien ya está trabajando para poder llevar estas piezas de arte surrealista a Barcelona o al Museo Balenciaga, en Guetaria.

Unas acciones que son posibles gracias a la dedicación de la Asociación de Sombreros, fundada en el año 2007 con el objetivo de "extender" este oficio, que sigue en boga.

"Sacar la asociación adelante ha costado mucho, pero ahora va muy bien, sobre todo porque hay mucho potencial creativo en España", explica Iglesias, quien reconoce que cuando se fundó "no daba un duro por ella" porque "hace 10 años no había el interés que hay ahora por la moda".

"Yo he vivido muy bien de esta pasión, he trabajado mucho, he viajado, he conocido muchísima gente gracias a él, y ahora quiero que se extienda", afirma Iglesias, un objetivo que la asociación persigue con acciones en espacios como el Hipódromo de la Zarzuela, y que ahora potencia el lado más popular del oficio con la fiesta de Santa Catalina.

"Santa Catalina de Alejandría era una filósofa, un genio", relata la veterana: "En el siglo IV, el Emperador Maximiliano se enamoró de ella, pero Catalina se había convertido al cristianismo. Para rebatir su fe, el Emperador la puso a prueba ante los mayores filósofos del imperio, pero les ganó por goleada. Así que intentó acabar con ella por la fuerza, torturándola, y como tampoco le hacía efecto, ordenó que la decapitaran."

Sin sombrero pero con inteligencia, carisma y perspicacia, este personaje fue adoptado como patrona por los sombrereros.

"Los sombrereros siempre hemos sido gente muy curiosa", afirma la creadora, quien asegura, "modestia aparte", que "las sombrereras siempre han estado un punto por encima de los diseñadores, como Schiaparelli o Chanel, que empezaron por la sombrerería".

A pesar del triste desenlace de Santa Catalina, su historia, adoptada por los sombrereros, ha dado lugar a una celebración anual que exalta "la alegría" y "la perseverancia", una fiesta que nació en París, y se ha extendido a lugares tan lejanos como Japón.

"Mujer sombrerera, mujer soltera", reza el refrán, y es que para elaborar un sombrero se necesitan muchas horas. Tantas que, a principios del siglo XX, las sombrereras más jóvenes de París, cansadas de "no tener tiempo para buscar novio", iniciaron la tradición de hacerle una cofia a Santa Catalina.

Cada 25 de noviembre, adornaban la cofia con alfileres y flores "a modo de ofrenda para pedirle un novio", y celebraban su "Carnaval" particular, una fiesta teñida de verde y amarillo, que representaban esa alegría y perseverancia propias de su patrona.

"Ese día, las sombrereras tenían carta blanca para hacer lo que quisieran. Emborrachaban a los patrones, se disfrazaban y salían a la calle a celebrar su fiesta", relata Charo Iglesias.

El próximo día 18, adelantándose a la tradición, esta apasionada de los sombreros participará en las actividades del Museo de Traje CIPE luciendo un tocado verde y amarillo, recuperando la esencia original de la fiesta, porque si los sombreros nunca pasan de moda, el espíritu de los sombrereros, tampoco.
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