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Aliento español para las niñas que no sonreían en el Congo

25 de Mayo de 2017
Sor Dolores García junto a las niñas que acoge en el internado de las Hijas de la caridad en el Congo.

Sor Dolores García junto a las niñas que acoge en el internado de las Hijas de la caridad en el Congo.

Hijas del abandono. Pequeñas que se ven obligadas a sobrevivir en el hostil ambiente del Congo tras ser desterradas por sus propias familias. Acusadas de brujería, abandonadas por padrastros que no las aceptan o como un lastre del que se desprenden padres que se  divorcian. Así son las pequeñas de entre 3 y 15 años que una religiosa española, Sor Dolores García, lleva años tratando de proteger desde el internado de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul en la República Democrática del Congo.

Según las estadísticas de organismos internacionales, más de 20.000 niños sobreviven solos en esta zona de África, deprimida por una crisis política de calado y un aumento de la violencia que deja totalmente vulnerables a los más pequeños. En este ambiente, recorren las calles robando, transportando mercancías y prostituyéndose con la única y rápida esperanza de conseguir llegar al día siguiente. No hay límites ni reglas: solo la vida, por lo que se convierten rápidamente en moneda de cambio.

Desde 1994, Sor Dolores y la congregación de las Hijas de la Caridad en la localidad de Kinshasa se han convertido en uno de los halos de esperanza, con sello español, en la zona. Con casi 40 años, la religiosa briviescana puso rumbo a Congo para servir en las distintas obras sociales que la congregación religiosa tiene el país: colegios de Primaria y Secundaria, centros especiales, casas para gente mayor, servicios sociales, centros para refugiados y también centros para niños y niñas abandonados.

Veintitrés años después, la acción de Sor Dolores se centra ahora en la ayuda a estas pequeñas para ofrecerles un futuro mejor. “Salimos a pie de calle diariamente para intentar devolverles la sonrisa, ofreciéndoles comida, ropa y una educación”, señala.

Aunque el objetivo principal es “buscar a sus parientes para intentar restablecer el núcleo familiar”, las arraigadas tradiciones de los congoleños lo convierte en una tarea más que difícil.

“¿Qué han hecho ellas para merecer esto?”
El centro de Kinshasa y la acción desarrollada por Sor Dolores promueve hábitos de vida para la libertad de las niñas y autosuficiencia de las 31 niñas y 2 niños que actualmente acogen en el centro. Desde la enseñanza a la lectura hasta la reconstrucción de un sistema de valores roto tras el abandono y un constante sentimiento de culpabilidad. “No hay nada más satisfactorio que sus caras de alegría cuando aprenden a leer”, señala Sor Dolores.

Una vez aprenden a leer, la congregación escolariza a las pequeñas para que puedan ser una parte más del sistema educativo de su propio país. Esa integración es la base para hacer frente a la realidad de un país de “salarios escasos que permiten a la gente alimentarse únicamente de lo necesario”. Una situación de pobreza extrema que en muchas ocasiones les lleva a tomar caminos equivocados. “Sorprende que tengan que sobrevivir por sus propios medios. ¿Qué han hecho ellas para merecer esto? Su situación es muy dura”, insiste Sor Dolores.

Una máxima vital: ayudar
Precisamente el injusto contraste que toca vivir a zonas como Congo respecto a otros países llevó desde bien temprano a Sor Dolores a querer ir a ayudar a los demás. “En el colegio siempre me inculcaron la necesidad de compartir”. Era cuestión de tiempo. Así que tras dedicar varios de sus años a la enseñanza y cuidado de los más desfavorecidos en la provincia de Burgos, llegó su hora para ir a las misiones.

“La congregación espera a que tengamos la madurez necesaria para poder emprender la ayuda”, insiste por la dureza de las misiones para enfrentarse a las guerras, revueltas, escasez de alimentación y la inestabilidad política general. “Cuando me llamaron para ir a misiones no sabíamos el destino y aunque en realidad nos da igual dónde ofrecer nuestra ayuda, siempre tuve predilección por el continente africano”, confiesa la religiosa burgalesa.

Más de dos décadas después recuerda sus primeros años en una época convulsa de revueltas y mucho sufrimiento. Su aterrizaje en 1994 fue la antesala de la Primera Guerra del Congo (1996-1997) que consiguió derrocar al dictador nacionalista Mobutu por las fuerzas opositoras del líder guerrillero Laurent-Desirçe Kabila, quien se declaró presidente de un país que hoy en día continúa sumido en el horror y la violencia.

Hasta mediados de junio Sor Dolores descansará en tierras españolas y se someterá a sus chequeos médicos, además de reencontrarse con su familia y amigos. Aquellos que durante años también han ofrecido su apoyo económico para su labor. Hasta que estalló la crisis el Ayuntamiento de la localidad apoyaba destinaba partidas económicas a la causa de su paisana, como hoy en día lo continúa haciendo la Asociación de Amas de Casa Mencía de Velasco. A través de COVIDE, organismo que canaliza las ayudas para los proyectos de las Hijas de la Caridad, también se puede ayudar. Para ello se puso a disposición esta cuenta corriente en Banco Popular ES73 0075 0001 89 0606886830 COVIDE-AMVE Proyecto Niños de la calle - Kinshasa (R.D. Congo).

Cada 3 años Sor Dolores abandona Congo para visitar su localidad burgalesa y compartir su experiencia. Aunque siguiendo con esta regla su próximo viaje estaría fechado para 2018, la religiosa decidió adelantarlo por un motivo muy especial: asistir a la celebración del 100 cumpleaños de su madre, seguramente, aquella que más orgullo siente de la labor social de su hija.
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