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Las posibles consecuencias de gravar con un impuesto a la banca

10 de Enero de 2018
Pedro Sánchez, secretario general del PSOE.

Pedro Sánchez, secretario general del PSOE.

Desde que estalló la crisis financiera en 2007, de forma recurrente, algunos dirigentes políticos proponen como la panacea para resolver los problemas de déficit de las arcas públicas la creación de impuestos a los bancos.

Ayer fue el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, el que propuso la creación de dos nuevos impuestos: uno que grave las transacciones financieras y otro extraordinario sobre la banca para que sostenga el sistema público de pensiones. Pero su idea no es del todo nueva. Aunque su autoría la reivindicó en las redes sociales inmediatamente Pablo Iglesias, líder de Podemos, en 2010 Zapatero y Sarkozy ya querían resucitar la idea de una tasa Tobin en toda la Unión Europea y en 2011 propuso un gravamen a los bancos el exlíder socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Sánchez ha argumentado que si los españoles evitaron la caída de los bancos durante la crisis "con el sudor de su frente" es "justo" que ahora los bancos les ayuden a garantizar sus pensiones. El problema es que, aunque el discurso parece claro, no lo es tanto. En primer lugar, porque el rescate se hizo a las antiguas cajas y no a los bancos.

Y, en segundo lugar, porque más allá de lo que se cree, no sólo los contribuyentes han rescatado a las cajas en problemas, sino que también los accionistas de los bancos. En el rescate de las cajas 50.289 millones fueron aportaciones de los contribuyentes a través del FROB pero 18.544 millones de euros del rescate a las cajas salieron de los bancos que no necesitaron ayudas públicas, según los datos que facilitó en el desayuno informativo organizado por CEOE y CEPYME, Jaime Guardiola, CEO del Banco Sabadell.

Más allá de los matices, ¿cuáles serían las consecuencias de crear un impuesto a la banca? Una de las consecuencias factibles es que se reduciría el crédito que otorgan las entidades afectadas a las familias y a las empresas, por lo que eso afectaría a la actividad empresarial y, por lo tanto, al empleo. Algunos expertos han recordado en varias ocasiones que Argentina ya impuso un impuesto a los bancos en la época del Corralito y que esa medida solo sirvió para agravar la situación económica del país.

La vía de imponer impuestos a los bancos no es nueva. Aunque las fórmulas que se proponen son diversas, el fondo es parecido. Una de las ideas más antiguas fue la tasa Tobin, que fue propuesta por el premio Nobel James Tobin. De hecho, su idea de gravar las transacciones financieras se lanzó por primera vez en 1972 y aún no se ha materializado aunque ha sido la bandera de muchísimos grupos antiglobalización.

La creación de un impuesto a la banca, sea cual sea la fórmula que se utilice, restringiría los movimientos de capitales. Además, una medida unilateral en España situaría en desventaja a los bancos españoles con respecto a los de otros países, algo bastante problemático en una economía globalizada. De hecho, cualquier impuesto que se imponga a los bancos se trasladaría a sus clientes (familias y empresas), por lo que al final sería el ciudadano el principal perjudicado. Y, por lo tanto, el crecimiento económico se vería afectado.
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