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frente a los costes laborales

La tecnología, la gran aliada para frenar la deslocalización de las industrias

21 de Noviembre de 2017
Industria

El uso de las nuevas tecnologías para fabricar bienes tradicionales tendrá un efecto disruptivo en los países en desarrollo.

Una de las estrategias de desarrollo más extendidas entre las economías con bajas rentas es la que se basa en el impulso a la industria manufacturera por empleados de bajos salarios. Sin embargo, el éxito de las actuales cadenas globales de valor industriales se concentra en unos pocos países. En 2015, el 55% de los bienes manufacturados en el mundo se fabricaron en países de ingresos elevados. China, el mayor fabricante mundial, produjo otro 25%.

El Banco Mundial ha examinado en un reciente informe cómo están cambiando los criterios que determinan la localización industrial en el sector manufacturero. Las empresas, antes más influidas por los costes laborales, están comenzando a prestar más atención a aquellas localizaciones que cuentan con mejores ventajas en el ámbito de las nuevas tecnologías.

La creciente adopción de la automatización industrial, la robótica avanzada, la fabricación inteligente, la Internet de las cosas y la impresión 3D están transformando los procesos industriales.

El uso de las nuevas tecnologías para fabricar bienes tradicionales tendrá un efecto disruptivo en los países en desarrollo. Si el trabajo va a representar una parte más pequeña de los costes, los países más ricos podrán aumentar su producción industrial, acercando más los productos a los consumidores de sus mercados.

Cada vez menos empresas cambiarán de localización a otros lugares con menores costes, provocando de este modo un aumento de la competencia entre las compañías locales. El efecto positivo de este proceso es que también dará lugar a nuevas oportunidades.

En algunos sectores, los robots y otros dispositivos tecnológicos avanzados están automatizando tareas que antes realizaban exclusivamente humanos. Por ejemplo, para 2018 se espera que en China entren en funcionamiento fábricas con más de 400.000 robots industriales, un número superior al de cualquier otro país.

La factoría de FoxConn (empresa conocida por producir componentes para Apple y Samsung), localizada en la provincia china de Jiangsu, ha reemplazado recientemente a unos 60.000 trabajadores por robots industriales.

Al reducirse la importancia relativa del factor salarios, las factorías robotizadas e inteligentes pueden cambiar los factores que influyen en las decisiones de localización para competir en los mercados globales de manufacturas.

Compañías como Phillips en Países Bajos y Adidas en Alemania son dos ejemplos significativos de empresas que han vuelto a reubicar centros de producción en sus países de origen para estar más cerca de los mercados de sus consumidores finales.

En ambos casos, las nuevas fábricas disponen de nuevas tecnologías avanzadas que permiten a dichas firmas ahorrar costes frente a las plantas que poseen en otros países con trabajadores remunerados con salarios más bajos.

Al mismo tiempo, estos cambios en la economía global implican también otros desafíos. La debilidad de la demanda resultante de la ralentización del comercio que siguió a la crisis financiera de 2008, el declive del comercio de partes y componentes, la continua expansión de China en las cadenas globales de valor y las amenazas emergentes de proteccionismo pueden suponer importantes obstáculos al crecimiento potencial de la industria manufacturera.

La intersección de estas tendencias a nivel tecnológico y comercial marcará dónde y cómo se fabricará en un futuro muy próximo, dando lugar a diferentes tipos de empleos que supondrán nuevas oportunidades en todo el mundo. No obstante, existe el riesgo de que la industria de manufacturas no pueda seguir siendo una opción para las economías menos desarrolladas.

Sin embargo, los informes que advierten sobre la amenaza de pérdidas masivas de empleos causadas por la automatización industrial en los países en los países con bajos ingresos pueden resultar algo exagerados. De hecho, según el mencionado informe del Banco Mundial, las amenazas para los actuales empleos son relativamente modestas, con un porcentaje entre el 2% y el 8% en los países en desarrollo.

El desconocimiento actual sobre cuáles serán los empleos del futuro es uno de los aspectos más inciertos de este fenómeno. Las nuevas tecnologías pueden generar ocupaciones completamente nuevas hoy por hoy impredecibles.

A pesar de las dificultades que afrontan las economías para ser globalmente competitivas, existen oportunidades para los países en desarrollo. La producción de bienes comercializables en sectores como el textil, complementos de moda o el calzado sigue siendo intensiva en mano de obra y aún no se encuentran muy automatizadas.

Etiopía es un núcleo emergente de este tipo de producción en la industria textil que está atrayendo una fuerte inversión procedente de China. Este país africano también se ha hecho un hueco como fabricante destacado para algunas de las grandes marcas europeas de moda.

Las manufacturas basadas en productos básicos, como la industria alimentaria, la producción de madera y papel y la industria de metales también siguen siendo sectores importantes para los países menos industrializados. Por ejemplo, Brasil es un país destacado en este tipo de manufacturas, con unos 44,2 billones de dólares exportados en 2016.

Por último, los servicios, incluidos los relacionados con la empresa (como los centros de atención telefónica o los centros de datos) y los relacionados con los productos manufacturados (como diseño, marketing y distribución) constituyen otros sectores de oportunidad  en el que los países en desarrollo pueden tomar ventaja. Filipinas, con sus exitosos centros de atención al cliente, ha sido capaz de crear un “hub” de servicios telefónicos que emplea a más de un millón de personas.

¿Cómo pueden prepararse los países para el cambio?
El informe sugiere una agenda política basada en tres dimensiones: competitividad, capacidades y conectividad. Respecto a la competitividad, cambiar de un enfoque centrado en los bajos salarios a otro que considere cuestiones amplias del entorno empresarial, la regulación y el uso de las tecnologías para desarrollar ecosistemas de empresas.

En cuanto a las capacidades, facilitar a los trabajadores el acceso a nuevas cualificaciones laborales, fortalecer las empresas y desarrollar las infraestructuras necesarias para adoptar las nuevas tecnologías. En el ámbito de la conectividad, mejorar la logística y reducir las restricciones comerciales sobre los bienes manufacturados y los servicios.

La industria manufacturera seguirá formando parte de las estrategias de desarrollo, pero su contribución al crecimiento inclusivo probablemente será menor que en el pasado. La capacidad de atraer producción y de animar a las empresas locales a utilizar las nuevas tecnologías se está convirtiendo en un factor decisivo.

Los cambios están creando ganadores y perdedores y las autoridades políticas necesitan reaccionar identificando alternativas de desarrollo que permitan a sus respectivos países posicionarse ante las disrupciones tecnológicas y sacar partido de la globalización.
 
  • Las nuevas tecnologías, incluyendo la robótica avanzada, la automatización industrial y la impresión en 3D, están cambiando el panorama de la industria manufacturera a nivel global.
 
  • El camino tradicional de los países en desarrollo hacia el progreso, a menudo ligado a la industria manufacturera, puede ser un riesgo porque los criterios para ser un país atractivo están cambiando.
 
  • Aunque se están produciendo cambios, aún existen oportunidades para los países en desarrollo si los gobiernos adoptan las medidas apropiadas sobre competitividad, capacidades y conectividad.
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