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Reducir a la mitad la igualdad de género podría disparar el PIB de la OCDE

02 de Noviembre de 2017
En el conjunto de la OCDE, las grandes empresas no llegan ni siquiera al 1% del total de empresas.

Las probabilidades de que las mujeres accedan a un empleo remunerado en los países de la OCDE son aún menores que en el caso de los hombres.

Reducir las diferencias de participación entre hombres y mujeres en el mercado laboral un 25%, tal y como acordaron los países del G20, podría añadir un punto porcentual más al crecimiento del PIB de los países de la OCDE en el período 2013-2025, y casi un 2,5% si las brechas de género se redujeran a la mitad en 2025.

Estos datos aparecen en el informe “Progress on gender equality far too slow” de la OCDE, en el que se detaca que en toda la OCDE, las trabajadoras ganan de media un 15% menos que su contraparte masculina, una tasa que apenas ha cambiado desde 2010. Este estudio identifica los tres aspectos más destacados de las desigualdades de género en sus países miembros: violencia de género, persistencia de la brecha salarial y la distribución desigual del trabajo no remunerado.

Muchos países están dando ahora más importancia a estos problemas en sus políticas y cada vez son más los que favorecen la promoción de las mujeres para ocupar puestos de liderazgo en los sectores público y privado.

El informe señala que se han realizado algunos progresos al respecto. La mayoría de los países de la OCDE han abordado el problema del acoso en el lugar de trabajo mediante leyes y regulaciones más duras.

Algunos, como Australia, Alemania, Italia, Japón, México y Reino Unido, han introducido medidas para impulsar el acceso de un mayor número de mujeres jóvenes a empleos relacionados con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y la industria (disciplinas STEM) y de más hombres jóvenes en especialidades sanitarias.

Sin embargo, persisten aún importantes brechas entre ambos géneros en casi todas las áreas de la vida económica y social, y estas diferencias han cambiado poco en los últimos años.

De este modo, aunque las mujeres jóvenes en los países de la OCDE salen de su etapa escolar con mejores calificaciones que los estudiantes de género masculino, las probabilidades de que accedan a carreras vinculadas a áreas STEM del conocimiento son menores.

A pesar de que las tasas de participación de las mujeres en el mercado laboral han evolucionado mejor que la de los hombres en las últimas décadas, las probabilidades de que las mujeres accedan a un empleo remunerado en los países de la OCDE son aún menores que en el caso de los hombres.

Cuando las mujeres trabajan, es más probable que lo hagan en empleos a tiempo parcial, tienen menos posibilidades de progresar hacia puestos de gestión y es más probable que se enfrenten a discriminaciones y que ganen menos que los hombres.

Entre las mujeres es menos probable que haya empresarias y las que son propietarias de negocios o empresas tienden a ganar menos que los hombres empresarios. Además, las brechas de género tienden a aumentar con la edad, reflejando el papel crucial que juegan los roles familiares en las desigualdades de género.

La maternidad, mucho más que la paternidad, acusa efectos más negativos sobre la participación en el mercado laboral, la remuneración del trabajo y el progreso profesional. Las desigualdades de género persisten también en la vida pública: están menos representadas a nivel político y ocupan un número significativamente menor de escaños que los hombres en los parlamentos nacionales de los países OCDE.

Según el informe, se necesitan acciones más decididas para reducir estas diferencias y una mayor inversión en facilitar a las mujeres más oportunidades para acceder a puestos de liderazgo, por ejemplo mediante medidas de “mentoring” y redes de apoyo.

Asimismo, apunta que es preciso modificar los roles masculinos en el ámbito de la gestión con el fin de eliminar estereotipos y normas que continúan obstaculizando el acceso de las mujeres a puestos de liderazgo y gobierno en las organizaciones.

Desde 2013, casi dos tercios de los países de la OCDE han puesto en marcha políticas de igualdad de género en materia salarial, que implican para las empresas asumir más exigencias de transparencia en sus políticas de retribución.
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