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Informe de Think Tank Civismo

Cinco claves para entender cómo funciona la fiscalidad en España

11 de Agosto de 2017
En una gran parte de países de la UE, las cotizaciones sociales de los empresarios tienen un peso importante en la recaudación de impuestos.

En una gran parte de países de la UE, las cotizaciones sociales de los empresarios tienen un peso importante en la recaudación de impuestos.

Las empresas españolas pagan 110.000 millones de euros en forma de impuestos, lo que supone un 11% del PIB de España. Una cifra importante si  se cuenta con que los ingresos tributarios de 2016 superaron con holgura los de todos los ejercicios de la etapa expansiva anterior, excepto a los del año 2007 que fue un ejercicio excepcional.

Ante esta situación fiscal, el Think Tank Civismo ha realizado un informe titulado ‘La fiscalidad real de las empresas en el final de la campaña del Impuesto de Sociedades’, en el que se destacan cinco claves para comprender la realidad fiscal de España.

1. Un trabajador tiene que dedicar 179 jornadas de sueldo íntegro a pagar sus impuestos. Civismo señala que cuatro de cada diez euros del salario bruto de un trabajador medio español van a pagar los impuestos directos derivados de la actividad laboral: el IRPF y las cotizaciones a la Seguridad Social.

Si a ello se suman el IVA, los Impuestos Especiales y el resto de gravámenes, este trabajador medio tiene que dedicar 179 jornadas de sueldo íntegro a hacer frente a cada año a sus obligaciones tributarias.

2. Las cotizaciones sociales suponen el 90% de los impuestos que tributan las pymes. Tanto en la empresa pequeña como en la mediana, el peso de las cotizaciones sociales es superior al 90% del total a pagar. En concreto, el 91,54% de la factura fiscal de una pequeña compañía en España son las cotizaciones. Así como el 92,65% de lo que pagan las medianas empresas.

Esto se debe a que los gestores se enfrentan a un pago de salarios cuyas bases de cotización están comprendidas desde la mínima, sin llegar a la máxima. Por ello, en el caso de las grandes empresas las cotizaciones tienen menos peso en la tributación pero crece el de los impuestos locales y el de sociedades en la factura.

3. Las empresas de Navarra y País Vasco son las que más contribuyen a nivel fiscal. Si bien, en términos generales, las empresas se dejan entre el 49,67% y el 61,57% de su margen bruto en impuestos, dependiendo de cuál sea su residencia fiscal tendrán un tratamiento más o menos gravoso que el de la media nacional. En este sentido, Comunidades Autónomas como Castilla La Mancha, Aragón o Extremadura dispensan un trato más favorable a las empresas, al aplicar tipos más bajos sobre los impuestos municipales y no imponer tributos autonómicos propios significativos.

Por el contrario, País Vasco, Navarra o la Comunidad Valenciana optan por recargar los impuestos autonómicos y municipales para las compañías españolas, hasta sumar todos los tributos cerca del 63% del resultado de explotación en las más grandes, el 51,62% en el caso de las medianas, y el 50,97% en las pequeñas.
 
 


4. Las compañías españolas abonan 9 puntos porcentuales más en impuestos que la media europea. La consultora PwC ha realizado un estudio en el que señala como España, con un 49% de tipo efectivo, se sitúa casi 9 puntos porcentuales por encima del tipo efectivo medio europeo (UE más otros países de la región se hallan en el 40,3%).

Este informe sitúa a Francia en cabeza de gravamen a las empresas, seguido de otros países de la eurozona como Italia, Bélgica, Grecia o Alemania. La diferencia estriba en una mayor carga de las cotizaciones sociales y de los impuestos regionales en estos últimos países, con una diferencia abismal frente a Luxemburgo (20,8%) o Irlanda (26%).
 
 


5. Convertir una empresa mediana en una grande en España supone 10 puntos más de presión fiscal. El tamaño de las empresas es otro tema que destaca el informe de Civismo, en el que resaltan que “en un país donde el 99,8% de las empresas son pequeñas y medianas, la fiscalidad actúa en contra del crecimiento de su tamaño y, por tanto, de su capacidad de generar más riqueza y empleo”.

De hecho, pasar de una empresa mediana a una grande supone 10 puntos más de presión fiscal sobre el beneficio de explotación, una mayor exposición a la recaudación de regiones y ayuntamientos, y también “a las arbitrariedades a la hora de interpretar qué epígrafes forman parte de la base imponible del Impuesto de Sociedades y cuáles no”, concluye Civismo.
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