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ANÁLISIS

Los errores que hay que evitar para relanzar la industria en España

02 de Marzo de 2017
  • José Luis Laguens
Industria

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La industria española necesita un programa de política sectorial para aumentar el peso de las manufactureras en la economía española y su capacidad para crear empleo. Así se detalla en un estudio publicado recientemente por el Consejo Económico y Social de España (CES) con el título “Una nueva política industrial para España”, en el que diversos expertos analizan la situación actual y la evolución de nuestra industria antes y después de la crisis económica.

Estos son algunos de los aspectos que la política industrial debería potenciar, según desgrana el documento:
 
  1. Impulsar la productividad y los factores intangibles que la alientan.
  2. Fomentar la internacionalización diversificando al mismo tiempo productos y mercados de exportación.
  3. Mejorar la calidad de la gestión de nuestras empresas.
  4. Propiciar un ecosistema industrial innovador y una mayor inserción en las cadenas globales de producción.

En contra de lo que suele creerse, el rendimiento de la industria española antes de la crisis fue bastante aceptable. Comparada con la de otras economías, la industria en España alcanzó un notable avance en productividad y exportaciones. Sin embargo, el gran descenso de la demanda interna provocado por la recesión afectó de manera intensa a las manufacturas.

La producción industrial se redujo sensiblemente entre 2008 y 2013, desapareciendo numerosas empresas de pequeño tamaño. Aunque la productividad de las manufacturas creció debido al cierre de estas empresas, el ascenso de las exportaciones durante la crisis, sobre todo a países de elevado ritmo de crecimiento, contribuyó a mantener la actividad, compensando la debilidad del mercado interior.

Sin embargo, la competitividad exterior de la industria española tiene la desventaja de concentrarse en un número limitado de productos, mercados y empresas. Además, la estructura productiva carece de falta de tejido en los sectores de las tecnologías de la información, la productividad crece a un ritmo bajo y no se basa en el aumento de los factores intangibles, elemento este que debería ser fundamental en una economía desarrollada como la española.

Por otro lado, la reducida dimensión empresarial del sector, compuesto sobre todo por microempresas normalmente menos eficientes que las de otros países avanzados, supone otra desventaja y pone de manifiesto que la industria española necesita ganar en tamaño.

De hecho, la política industrial tiene que ayudar en este proceso reforzando su apoyo y recuperando el protagonismo perdido para propiciar un marco favorable a la creación y al crecimiento de las empresas, a la innovación y a un mayor acercamiento al sector privado con más cooperación público-privada. El estudio define un programa de política industrial centrado en dos objetivos relacionados entre sí: aumento de la productividad y crecimiento de la internacionalización.

El primero de ellos se tiene que cimentar en la incorporación de capital humano cualificado y en capital tecnológico. Para ello, ha de promoverse una formación adecuada, en particular la formación profesional dual.

El segundo, se ha de impulsar con más exportación y estrategias que refuercen la posición de las empresas industriales españolas en mercados exteriores y en las cadenas globales de valor.

La formación de capital tecnológico, focalizada en la I+D+i, es uno de los aspectos centrales de las actuales políticas industriales en las economías avanzadas. En el caso de España, el sistema de innovación se muestra poco eficiente en aspectos como la colaboración universidad-empresa, el desarrollo de clusters, la financiación de la I+D y las patentes; y carecemos de un "ecosistema innovador" maduro que propicie interacciones entre sus agentes integrantes que generen valor.

En cuanto a la financiación de las actividades innovadoras, aunque han surgido instrumentos de apoyo alternativos al crédito bancario promovidos por algunas empresas e instituciones financieras (desde programas de incubación y aceleración de empresas innovadoras, hasta "business angels", "crowdfunding", mercados de acciones para pymes y fondos de capital riesgo), su proliferación solo ha conseguido reducir ligeramente los problemas para la creación de "start-ups" en España. Estos problemas se agravan cuando este tipo de empresas pasan de su fase inicial a la de crecimiento e internacionalización.

La creación de intangibles, clave para aumentar la productividad, es otro de los asuntos pendientes de nuestra industria. La política industrial debe impulsar el valor de las marcas para incrementar la reputación de los productos españoles.

Respecto al capital humano, los principales problemas señalados por el estudio radican en la sobrecualificación de muchos trabajadores y la baja calidad de la formación de grado superior en España, el escaso nivel de gasto en formación externa para su personal por parte de las empresas y el excesivo uso de la contratación temporal.

La baja calidad de la gestión es otro de los aspectos negativos de la empresa industrial española, siendo este un factor esencial para facilitar aumentos en los niveles de productividad a través de estrategias y buenas prácticas más adecuadas.

Desde la perspectiva de la internacionalización, la política industrial demanda medidas basadas en inteligencia de mercados y en la inserción en redes internacionales de producción. A este respecto, las empresas industriales españolas aún tienen que mejorar su posición y aproximarse a los segmentos que proporcionan mayor valor añadido, innovación y diseño.

En cuanto a la exportación, otro aspecto crucial es la necesidad de alentar la diversificación de los productos exportados y de mercados de destino, prestando especial atención a aquellos sectores que ya están logrando un alto grado de competitividad exterior y a fomentar la presencia en las economías emergentes con mayor proyección.

No hay que olvidar tampoco, que uno de los mayores retos en este ámbito es que las numerosas empresas pequeñas y medianas que aún no operan con el exterior se incorporen al proceso de internacionalización para aumentar sus opciones de crecimiento.

La política industrial tampoco debe dejar al margen las medidas para promover la captación de inversiones extranjeras, tanto por favorecer la integración de nuestra industria en las cadenas globales de valor como por su capacidad para estimular la competencia interior.
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