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Ante el futuro

La banca en 2016, un año buscando rentabilidad

21 de Diciembre de 2016
Luis María Linde, gobernador del Banco de España

Luis María Linde, gobernador del Banco de España

La banca española ha luchado todo este año que ahora termina para mejorar su rentabilidad en un entorno de tipos de interés históricamente bajos, al tiempo que se ha preparado para un futuro incierto en el que se avecinan fusiones y la irrupción de nuevos competidores.

Las medidas de estímulo económico del BCE han jugado un papel muy importante, pero como advertía recientemente la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, los tipos de interés bajo sólo pueden ayudar a la reactivación económica si aumentan los volúmenes de crédito.

Aunque las entidades sí están concediendo nuevos créditos (sobre todo hipotecas y préstamos personales para consumo) el volumen global de la cartera o "stock" crediticio apenas ha crecido un 0,6% en lo que va de año, según los últimos datos publicados, por lo que las entidades no han mejorado sus ingresos por esta vía. Ante esta encrucijada, algunos bancos más rezagados en sus ajustes, como Santander o Popular han encontrado en los recortes de plantilla la fórmula de ganar eficiencia y rentabilidad.

Sólo estas dos entidades han puesto encima de la mesa este año planes para prescindir de 3.700 trabajadores en España, principalmente mediante prejubilaciones y bajas incentivadas. Todo ello con la esperanza de mejorar unos debilitados márgenes, seguir reduciendo costes y atraer a los inversores, que este año han dado la espalda a la banca española en bolsa.

Y es que a pesar de la mejora económica, muchas dudas siguen pesando sobre el sector financiero español, cuyos balances atesoraban aún a mitad de año 199.000 millones entre préstamos morosos y los adjudicados en pago de deudas.

El caso más llamativo ha sido el del Banco Popular, que se ha hundido más del 60% en Bolsa, acosado por las apuestas a la baja, por las dudas que generó su última macroampliación de capital y mientras ultima la creación de su propio banco malo. Sin embargo, a la entidad no le han afectado dos de los grandes "cisnes negros" o sucesos inesperados que se han producido este año.

El primero fue la victoria del "brexit" en el referéndum de finales de junio, lo que ha complicado las cosas para el Santander y el Sabadell, que obtienen algo más del 25% de sus ingresos en ese país y han empezado a notar la depreciación de la libra frente al euro, que ha llegado al 18%.

Otra de las sorpresas fue el intento de golpe de Estado a mediados de julio contra el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, lo que contribuyó al desplome de la lira turca, superior al 13 % desde el inicio del año, lo que impacta en las cuentas de BBVA, presente en el país a través del Garanti Bank.

Aunque en el caso de BBVA lo que realmente inquieta al mercado es la inesperada victoria del republicano Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos y la guerra comercial que pueda iniciar contra México, principal fuente de ingresos del banco español. A pesar de todas estas vicisitudes y con un Gobierno en funciones durante buena parte de 2016, las entidades españolas han seguido mirando al exterior, aunque sea al vecino Portugal.

Este es el caso de Bankinter, que compró el negocio luso de Barclays, o el de CaixaBank, que lanzó una OPA sobre el banco BPI, en tanto que el Santander puso el foco algo más lejos y compró la división de Citibank en Argentina.

También ha habido "deserciones", como el caso del primer accionista del Banco Sabadell, el multimillonario colombiano Jaime Gilinski, que redujo su participación cercana al 5% al vender un 2,99% por unos 212 millones.

En 2016 no se ha producido ninguna fusión entre las entidades españolas, a pesar de que el Ejecutivo y el propio Banco de España han animado al sector a seguir avanzando en el proceso de consolidación e incluso pensar en operaciones transfronterizas.

A la espera de lo que pueda venir, el Estado ha planteado la opción de que Bankia absorba a BMN y ambas entidades nacionalizadas formen un único grupo, lo que ha provocado malestar en el resto del sector, que aboga por que la segunda sea subastada si es incapaz de encontrar un socio o salir a bolsa, dos escenarios complicados que barajan otras entidades como Ibercaja y Unicaja.

 
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